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Opinión

Por Horacio Pili (*)

Pandemia y crisis educativa

05|06|22 22:39 hs.

En los 4000 millones de años que llevamos de existencia, nunca la humanidad había sufrido una pandemia como la iniciada en 2020. 


Esta afectó a toda la humanidad, al punto tal, que la comunión de palabras y conceptos, se transformaron casi, en un idioma universal, cuarentena, 1ª, 2ª, 3ª, 4ª ola, confinamiento, dosis de vacunación, muertos, contagiados, etc., etc. 

La educación no escapó como es notorio y público a este flagelo. Como un determinismo histórico el gran confinamiento mundial precipitó un problema que lentamente se venía observando, acerca de la estratificación educativa. 

 Ya en el 2015 más de 200 pedagogos y pedagogas de todo el mundo, firmaron una carta donde advertían sobre las consecuencias dramáticas que tendría para los sistemas escolares el avance de la tecnología. 

 Esta nota fue entregada a la directora general de la UNESCO de aquel momento, Dra. Irina Bokova, la cual nunca fue respondida. 

El tema de la misiva tuvo como título Apagón Pedagógico Global (APG). El escrito discurría sobre una peligrosa transición de tercera a cuarta revolución industrial, que propendía hacia una epistemología social, la cual nos encerraría en nuestros hogares. En su momento era una afirmación con pocos adeptos en el mundo, pero el Covid-19 aceleró el tiempo y sucedió lo advertido. 

 En abril del 2020, ya Boaventura de Sousa Santos, sociólogo portugués, señalaba que las transnacionales de la educación penetrarían los hogares, con una clara tendencia hacia una culturalización individual y privada, con objetivos claros de tasas de ganancias, donde lo formativo estaba en otro plano, no menos importante, direccionando culturalmente la población escolar y por añadidura a toda la población en general, a mantener sistemas políticos, económicos, culturales y sociales, donde lo estatal incline hacia el reduccionismo.

 Pero quizás lo más grave, está dado por la enorme segmentación social provocada desde lo económico, en el acceso a las tecnologías. Actualmente hay cuatro capas bien diferenciadas. Una primera capa en la que están aquellos estudiantes que poseen en sus casas computadoras, internet con acceso a plataformas, programas, apoyo de docentes particulares para todo el proceso de aprendizaje. Una segunda capa conformada por quienes aun teniendo internet, tuvieron que vivir en soledad el drama del cambio abrupto de modelos pedagógicos presenciales, a algo tan difuso que se denominó aprendizaje remoto. Una tercera capa que pudo tener acceso a alguna red social, que observaron clases por TV y en algunos casos por radio, como en la vieja usanza. Una cuarta capa, aquellos/as estudiantes quienes solo pudieron sostener el vínculo pedagógico con algún material ocasional pero impreso. 

 Esto provocó que miles de estudiantes en el mundo dejaran de estudiar, no abandonaron la escuela o la universidad, fue el sistema quien los abandonó a su suerte. 

La historia va detrás de los hechos y la realidad confirmó todo. Las 11 transnacionales tecnológicas obtuvieron ganancias cercanas a los 3.2 billones de dólares como resultado del uso masivo de sus plataformas. Este panorama alentó a estas empresas a redoblar esfuerzos para lograr sus objetivos. 

…La educación como derecho humano, lleva implícita la obligación de los estados nacionales de garantizar las condiciones para desarrollar los procesos de enseñanza-aprendizaje. Sin embargo, en la última década se fue construyendo desde el multilateralismo una narrativa que sustrae al estado de esta obligación, al presentarlo como un bien común mundial. Las nociones de sociedad educadora promueven una transferencia de las competencias de financiamiento del sector público a los ciudadanos, es decir, que la familia, los docentes y los estudiantes tuvieron que asumir como propios, los costes del Internet, acceso a equipos de conexión y adquisición de plataformas… (Luis Bonilla-Molina).- 

 Este pedagogo venezolano deja claro sobre oscuro la problemática actual, en la cual la tendencia es ir hacia un modelo de privatización educativo mundial, y el objetivo es la formación del ciudadano técnico, pero con un pensamiento crítico, cuestionador, analítico, totalmente menguado. 

La pandemia provocó: una educación basada en el consumo de plataformas digitales y aisló al niño/a de su escuela. 

El hecho de acceder desde internet rompió la política de privacidad del alumnado; en los y las docentes, provocó su precarización laboral de manera contundente, obligados a cumplir desde la conexión hogareña horarios que excedían la doble jornada laboral, y la flexibilización curricular consolidó el modelo educativo STEM (acrónimo de Science, Technology, Engineering and Mathematics), eliminando prácticamente contenidos humanísticos. Este último concepto es coincidente con la opinión del pedagogo español Sergio Fernández Riquelme, cuando critica la reforma educativa, donde la ESO (Educación Secundaria Obligatoria) española está dirigida a formar el ya mencionado ciudadano técnico, con la minimización formativa en lo filosófico e histórico.

 Cabe agregar aquí, quizás una de las más celebres frases de Paulo Freire cuando dijo: “la educación nos debe enseñar a pensar y no a obedecer” 

La virtualidad provocó otro hecho no menos grave como la pérdida de las características de la escuela, donde se comparten espacios comunes, verdadera fuente del conocimiento, para aprender a convivir, a modo de ejemplo: patio, laboratorios, campos de deportes, SUM, etc.

 En resumen, para la educación pública, el acceso a internet y a las tecnologías, debería ser público, masivo y gratuito, más una planificación educativa, de manera tal, que la coexistencia entre lo presencial y virtual sea la base de la alfabetización. 

 Está demostrado que el modelo educativo 100% virtual es un fracaso, no obstante la propaganda de las corporaciones que se jactan de su éxito, que obviamente es económico. 

Vale recordar los dichos de la hija del presidente del Banco Rio, cuando este falleció por Covid-19. Ella dijo: “Con todo el dinero disponible en su caja fuerte, no pudo conseguir algo tan básico para vivir como el aire”. Fuente de consulta: Luis Bonilla-Molina, pedagogo venezolano Sergio Fernández Riquelme, pedagogo español Boaventura de Sousa Santos, sociólogo portugués 

 (*) Docente de Formación Profesional. Diplomatura en Ciencias Políticas con Orientación en Políticas Publicas y Desarrollo Social  



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