Opinión

En el Día del Periodista

Sarmiento y su trompa de elefante

07|06|22 09:35 hs.

Por María Cristina García

Sarmiento fue un hombre indivisible. No se puede aislar nada en él. El periodista Sarmiento forma parte también del maestro Sarmiento. Solo los podemos aislar para estudiarlos. 

Tampoco es posible eludir el contexto en el que desarrolló sus acciones, esa compleja trama de acontecimientos en el fundacional siglo XIX argentino. 

Es conocido que las letras y la prensa en particular fueron el arma principal que uso el político, el intelectual, el gobernante, el educador, que fue Sarmiento. 

El maestro de San Juan, fue quizás periodista, antes que cualquier otra cosa. En el siglo XIX no existía un campo periodístico independiente y Sarmiento ejerció el oficio con pasión, hasta su muerte. Libró en él, batallas ideológicas y políticas. Se construyó a sí mismo en la prensa. 

A diferencia de otros políticos de su época, como Alsina o Mitre, él no tenía el aparato ni una experiencia política o militar que lo pusieran en la lista de los presidenciables. Ese lugar lo consiguió desde la prensa y a fuerza de escribir y escribir, de polemizar una y otra vez. 

Es necesario despojarse de la concepción que se tiene del periodismo en el presente. El periodismo en gran parte del siglo XIX, estaba dentro del sistema político: tener un diario era requisito casi indispensable para tener éxito en política. Esto no fue un fenómeno exclusivo del Rio de la Plata, se dio en la mayoría de los países occidentales. Dos funciones convivían: la prensa era una herramienta de la política, y como tal, expresión del faccionalismo político, pero también era el mayor mecanismo de transmisión de ideas y conocimientos que existía en aquella sociedad. 

Eran tiempos donde se enlazaba con naturalidad la administración del Estado, la ley, la autoridad, con el mundo de las letras y la prensa.- Los diarios según el historiador Tulio Halperin Donghi eran ¨boletines internos de las facciones¨. No es posible encontrar una prensa informativa e independiente de las pujas y de las facciones políticas. En ese campo periodístico sin autonomía, el universo de lectores era pequeño y las posibilidades de financiamiento a través del mercado eran nulas. 

Primaba la opinión sobre la información ¨mi posición en la prensa tiene el grave inconveniente de ser muy personal. Es Sarmiento lo que leen y no El Nacional, lo que me encierra en estrechísimos límites”

No se confundan avisa Sarmiento a sus lectores, no leen El Nacional, leen mi opinión. 

“He escrito algo bueno entre mucho indiferente” se sinceró acerca de su nutrida obra intelectual


Sarmiento nació en San Juan en 1811, más de un siglo después de su admirado Franklin. Dijo sobre su provincia natal: He nacido en una provincia ignorante y atrasada. A los cinco años ya leía con fluidez y en voz alta. 

¿Cómo había aprendido tan pronto?... lo devela en Recuerdos de Provincia. ...“Había un secreto entre bastidores. Mi pobre padre ignorante, pero solicito de que sus hijos no lo fuesen, aguijoneaba en casa esta sed naciente de educación, me tomaba diariamente la lección de la escuela y me hacía leer sin piedad por mis cortos años la ¨Historia critica de España de Juan Masdeu¨. No haber podido ser uno de los seis jóvenes sanjuaninos enviados a Bs.As. a estudiar al Colegio de Ciencias Morales, becados por el gobierno de Bernardino Rivadavia, representó una terrible frustración en su juventud. Sarmiento acepta la fatalidad ¨puede decirse que la fatalidad intervenía para cerrarme el paso¨. 

No ocurrió nada semejante .Su vida pública empezó y termino como periodista, desde la fundación del periódico sanjuanino El Zonda, hasta su participación en el antirroquista El Censor, última cruzada en el ocaso de su vida. 

¨He escrito algo bueno entre mucho indiferente” se sinceró Sarmiento acerca de su nutrida obra intelectual. Su pasión por escribir lo llevó a mantener las persianas de su casa cerradas, para no detenerse ante las distracciones del afuera .Cuando trabajaba en el caserón de la actual calle Sarmiento, luego de ser presidente, no quería saber que el día mutaba en noche, para no detenerse en su escritura.

¿Qué sobresale en la pluma sarmientina? Es una pluma visceral, apresurada, desafiante, contundente. Al respecto apunta Leopoldo Lugones, ¨el escritor es siempre urgente, la gala literaria, resultante de un temperamento creativo de Sarmiento, le viene al correr de la pluma. Por eso es siempre fragmentaria y comúnmente de tosco engarce. El positivismo es también su cualidad dominante, de allí, la escasez de metáforas

Sarmiento trabajó sobre múltiples temas, pero puede decirse que siempre trató de lo mismo su escritura: La propaganda de la civilización. Sus textos tuvieron siempre una función pedagógica y política, las letras fueron un medio y no su fin. Con esa escritura urgente, abrió camino a una literatura nacional, pero lo que buscaba era crear instituciones y moldear formas de vida. 

¿Por qué interesa Sarmiento, un periodista del siglo XIX, en el primer lustro del siglo XXI?


En Julio de 1839 funda El Zonda en San Juan. Tres años antes había regresado Sarmiento a su ciudad, después de vivir exiliado en Chile cinco años. Se asocia para ello con Manuel Quiroga Rosas, doctor en leyes, y consigue el permiso del gobernador Benavides, para imprimir el periódico en el taller del Estado (primera imprenta de la provincia). Allí podría desplegar Sarmiento una de sus dos pasiones. La otra pasión, la educación, la concreta inaugurando pocos días antes el Colegio de Señoritas bajo la Advocación de Santa Rosa de América. Escribió en diarios y revistas de San Juan, Buenos Aires, Burdeos, Paris, Río de Janeiro, Santiago de Chile, Valparaíso y Nueva York. En sus viajes, no fue un turista. Estudió, aprendió, discutió y trajo nuevos planes para modernizar la patria. 

Educar al soberano fue su obsesión, y libró batalla contra el analfabetismo, desde la prensa. El primer censo de 1869 que el sanjuanino encargó, mostró que sobre 1.793.923habitantes, había un millón que no sabían leer y escribir.

¿Por qué interesa Sarmiento, un periodista del siglo XIX, en el primer lustro del siglo XXI? 

Lo que nos induce a interrogar el pasado son los dilemas que acosan la actualidad. En ese pasado, lo presentimos, podemos encontrar las raíces distantes o cercanas de aquello que hoy nos desvela, aunque sean otras sus formas y sus escenarios. La actualidad siempre pone en juego mucho ayer. Y en ese ayer laten, lo intuimos, los indicios orientadores de esa férrea vigencia de lo que nos importa.

El sábado 10 de agosto de 1839 escribía Sarmiento en El Zonda: “el hombre que dice, a mi patria no le conviene que hable la prensa, dice: a mi país no le conviene saber lo que se piensa, lo que pasa en otras partes para aleccionarse, a mi país no le conviene saber las medidas que tome el gobierno, para su felicidad, a mi país no le conviene saber que hacen los tribunales con las causas que tienen pendientes, a mi país no le conviene la discusión, la publicidad. El misterio, la oscuridad, la ignorancia absoluta, el aislamiento de cada ciudadano, es lo que le conviene¨. 

Ese enlace entre pasado y presente da vida a una tradición, que no siempre se valora y a la que no pocas veces se prefiere sepultar en el alud incesante de lo presuntamente novedoso. 

Sarmiento desliza sus ideas acerca de la educación como motor de progreso y de la prensa periódica como termómetro que gradúa la civilización y el adelanto de los pueblos. Critica también el atraso cultural de San Juan e interpela a sus lectores a superar la pereza, el mal que aqueja a la sociedad: ¨¡jóvenes sanjuaninos! ¿De quién pensáis que espera la patria su dicha dentro de 20 años, sino de vosotros?¿y no os avergonzáis de llevar a sus aras ignorancia, ignorancia, ignorancia? ¿Por qué no os aplicáis , no estudiáis?” (el Zonda, 10 de agosto de 1839). 

El Zonda no llego al séptimo número. Un mes y medio conviviendo con aquella publicación fue suficiente para el gobernador Benavides. Para asfixiarlo, fijó un precio de impresión demasiado alto, que sabía, los editores no podían costear con los pocos suscriptores (39) que tenían. Finalizada su primera empresa periodística, el sanjuanino recogió los seis números de El Zonda, los encuaderno y escribió en la caratula: Faros luminosos/ el Zonda/ redactado por los señores Quiroga Rosas y D. F. Sarmiento. Murió al mes y medio haciendo su testamento. 

La polémica fue en su vida un ejercicio permanente. Según Natalio Botana ¨Sarmiento esculpió a golpes de artículos su condición de polemista¨. Los oponentes fueron cambiando a lo largo de su vida, pero nunca desaparecieron. 

En 1861, durante el enfrentamiento con el Chacho Peñaloza, sus cartas al presidente Mitre, siempre fueron acompañadas por una doble solicitud, armas para asegurar el orden y una imprenta. La batalla se ganaba en el terreno y en la mente de la gente, a la que se llegaba con la prensa. “No me deje usted sin mi trompa de elefante”, le escribió a Mitre. 

Comenzó polemizando con el rosismo y terminó también con una polémica, pero en este caso con extranjeros. La amenazante realidad de un país sin ciudadanos, nutrió su actuación periodística hasta el final de su vida. Incluso como presidente polemizó con las comunidades inmigrantes. El 18 de mayo de 1869 publicó un artículo en El Nacional, sobre la prohibición de enarbolar banderas de países extranjeros, durante los días patrios argentinos.

Diez años antes en el mismo diario había escrito ¨No hagamos del título de extranjero un privilegio, si queremos formar una nación”. Hasta el último año de su vida defendió desde El Censor, sus ideas de nacionalización de los inmigrantes. 

Es necesario recordar que en 1887 la ciudad de Buenos Aires tenía 430.000 habitantes, de los cuales 138.000 eran italianos. Su escritura no se privó de fuerza, pasión y poesía. En El Mercurio, escribía: ¨Un diario es un teatro en cuya platea todos tienen el derecho de silbar al protagonista¨. 

Ese periodismo ochocentista, marcadamente individualista, con motivaciones muy claras de militancia política al servicio de determinadas ideas, sobrevivió hasta comienzos del siglo XX. Fue en Estados Unidos donde el desarrollo de la prensa se fue haciendo más vertiginoso, entonces comenzó a surgir simultáneamente la preocupación por formar al personal de los diarios. Pulitzer estuvo entre algunos de los viejos periodistas norteamericanos que entrevieron la necesidad de una preparación académica y fundó en su periódico una de las primeras escuelas en la especialidad. 

Sus ideas dieron origen el plan de estudios de la escuela de periodismo de la Universidad de Columbia, dicho plan incluía los siguientes contenidos: Estilo (buen inglés para explicar lo necesario), Derecho, Ética, Literatura, Verdad y Exactitud, Historia, Sociología y Economía. 

Joseph Pulitzer murió olvidado en 1911, pero consiguió la inmortalidad dejando cerca de 250.000 dólares e instrucciones a la Universidad de Columbia en Nueva York, para establecer un premio que sería considerado de prestigio. El primer premio Pulitzer fue en 1917 y hoy se otorga al mejor trabajo presentado. Si no se llega a un nivel suficiente, ese año se cancela, por lo que se ha convertido en un sello de calidad irrebatible. 

En la entrega del 9 de Mayo del 2022, el jurado hizo una mención especial a los periodistas ucranianos por su ¨valor, aguante y compromiso “en la cobertura de la invasión de su país por Rusia”. 

Pero esa es otra historia... 



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