Nicolás Besimenko

Opinión

Día del Periodista

Las redes sociales revolucionaron la comunicación

07|06|22 09:41 hs.

Por Nicolás Besimenko (*)


Cuando era muy chico soñaba con ser periodista. Me gustaba seguir los resultados del fútbol y otros deportes, pero principalmente el fútbol porque estaba casi todo el día jugando. Me apasionaban las estadísticas, tenía todos los resultados, fixture y tablas en una planilla de cálculos. Creo que ahí fue el comienzo de mi carrera en el periodismo. La pasión es el ADN de cualquier ocupación, desde un jardinero hasta un médico, la pasión por lo que haces te marca el destino. 

Antes de estudiar Periodismo Deportivo en Mar del Plata, comencé a trabajar en radio. Hacía un móvil desde las diferentes canchas del fútbol local. Le empecé a tomar el gustito a la radio, un medio mágico, que me permitió crecer, adquirir conocimientos y profundizar en otras áreas del periodismo. 

Un periodista es una persona que cuenta algo. Una historia, una anécdota, una situación, un análisis de un evento, siempre hay algo para contar. Y siempre hay alguien que recibe esa narración. En el medio está el mensaje, que con el paso del tiempo ha ido mutando en sus formas de llegar a la gente. Primero el diario, le siguió la radio, después la televisión, luego internet con sus diferentes soportes. 

Hace algunos años, con la llegada de las redes sociales, cambió todo. Si bien la agenda de temas sigue siendo manejada por los medios más poderosos, muchos de los contenidos más populares son creados por los propios usuarios.

Las redes sociales llegaron para revolucionar la comunicación. Como todo fenómeno histórico, tiene su lado positivo y un costado negativo. Para el periodismo, se han transformado en un herramienta clave para comunicar al instante, y también para captar una diversidad importante de usuarios. Con tan solo un hashtag se puede llegar hasta el lugar más recóndito del planeta con acceso a internet. 

Tiene su lado positivo y un costado negativo, como sucede con todo fenómeno histórico


Del otro lado de la balanza, las fake news se han convertido en un dolor de cabezas recurrente para la labor periodística y un recurso muy efectivo para las campañas políticas, logrando resultados sorprendentes en la manipulación de la opinión pública. Asimismo, los usuarios han cobrado mayor protagonismo a través de los comentarios, algo enriquecedor para el debate de ideas, pero al mismo tiempo surgieron los “trolls”, usuarios con identidades falsas que se dedican básicamente a fomentar el odio entre las personas que comentan. 

Vivimos una época donde los celulares reemplazan la realidad. Lo podemos ver a diario, en eventos deportivos, manifestaciones públicas, recitales, con miles de personas filmando a sus ídolos, en algunos casos hasta logrando un contenido de mejor calidad que el que ofrece cualquier medio de comunicación. 

Frente a esta realidad, el periodismo tiene que ser un puente hacia la verdad, la exactitud, la rigurosidad que permita lograr la confianza del receptor. La constante desinformación que circula por las redes se plantea como un desafío que nos obliga a estar atentos y observar minuciosamente cada detalle, ejerciendo la libertad de prensa con absoluta responsabilidad. 

Hay una frase del genial Rodolfo Walsh que llevo conmigo siempre: “El periodismo es libre, o es una farsa, sin términos medios”. 

(*) Secretario de la cooperativa Indie Rock, conductor del programa “Alambrado Olímpico”. Se recibió de periodista deportivo en DeporTEA Mar del Plata, en el año 2010  



Add space 300x250x2