Iván Ceriano recibió la Ordenación Sacerdotal en Medellín

Sociales

El tresarroyense se convirtió en sacerdote en Medellín

Iván Ceriani y la experiencia de recibir la Ordenación Sacerdotal

18|06|22 20:46 hs.

Cuando era apenas un niño, Iván Ceriani tenía siempre predisposición a ayudar. En ese entonces, soñaba con ser médico o tener una profesión relacionada a la medicina. Pero un día su vida cambió. El destino pareció marcarle un camino distinto: el camino de la fe. El pasado sábado y tras 12 años de preparación, Ceriani logró consagrarse como sacerdote en Colombia, país en el cual reside desde diciembre del 2021. 


 “La Ordenación Sacerdotal es el momento en el que un candidato se convierte plenamente en sacerdote” explicó el joven tresarroyense. “Son muchos años de preparación para el sacerdocio. Yo entré al seminario en el año 2010, imaginate que fueron 12 años de preparación” reflexiona. 

 La ceremonia tuvo lugar en Medellín. “Yo viví en Argentina hasta diciembre, estuve destinado allá en el colegio Jesús Adolescente de Tres Arroyos y el 5 de diciembre, el padre general de la Congregación de los Hijos de la Sagrada Familia me llamó desde España para comunicarme que me daba un nuevo destino; ese destino era en Bogotá, en el Seminario Internacional. Vine como encargado de la formación de los futuros sacerdotes, digamos que los muchachos que están en el seminario, en la etapa de estudios de teología, están ahora bajo mi dirección... vine como padre formador de los seminaristas”.


Con el padre Alexander Diaz Guevara, director del Colegio Jesús Adolescente de Tres Arroyos en representación de la comunidad


 - ¿Cómo se deciden las misiones? 
- Los traslados en la vida religiosa se deben al voto de obediencia. Yo hice por primera vez mis votos en el 2015, profecé castidad, pobreza y obediencia y la obediencia no tiene que ver con hacer lo que se le antoje a alguien en particular, sino con las necesidades de la congregación en ese momento. Suponete que necesitan a alguien que pudiera prestar el servicio de padre formador de un seminario, los superiores en España se fijan en el perfil de las personas que tienen y eligen.

 Iván aclara que “No es una cuestión meritoria, sino que tiene que ver con una serie de aptitudes” y se muestra aún sorprendido por su elección. “Es un cargo de muchísima responsabilidad, creo que están todos locos por nombrarme -risas-, yo les agradezco a los superiores la confianza”. 


Ceriani ingresó en el año 2010 al seminario de preparación para el sacerdocio, por lo que estuvo 12 esperando el gran momento de convertirse plenamente en sacerdote


 - ¿Te sentías preparado para tal desafío? 
- La preparación es mucha, la verdad es que yo le doy gracias a Dios y a las personas que me formaron a mí porque me dieron las herramientas necesarias para recibir cualquier misión que me pongan, como fue trabajar como pastoralista en el CJA… Gocé esos tres años a full y fui inmensamente feliz en mi pueblo, en el colegio, con mi gente, como cura que también fue muy diferente volver a Tres Arroyos. Yo me fui siendo un adolescente a estudiar Filosofía a Buenos Aires y volví a Tres Arroyos 10 años después como casi cura… fue muy extraño el ensamble, costó pero fue una experiencia muy bonita. 

En medio de todo este increíble viaje, Iván se preparó constantemente. “Uno se prepara para recibir, algún día, la misión de salir otra vez de casa. Yo sabía que algún día podía llegar a pasar, pero nunca imaginé que iba a ser tan pronto y para algo tan complejo como esto, que es la formación de futuros sacerdotes”. 

 Iván va y viene en su relato. Su alegría se transmite a través del altavoz del teléfono y los recuerdos y las ideas lo invaden. En un momento, reflexiona y se repregunta “¿Si creí que estaba preparado? La verdad es que no, no me pregunté eso... nunca me pregunté si estoy preparado para ser formador de futuros sacerdotes, creo que la clave estaba en ir a buscar al que yo creo profundamente que me trajo hasta acá que es Jesús en el sagrario, buscar a Dios... si esta es tu voluntad, dame la gracia y la fuerza para poder hacerlo bien, vine en esa sintonía”. 

 Primeros meses 
A Ceriani le comunicaron su nueva misión a principios de diciembre. Enseguida debió cambiar su rumbo y acostumbrarse a otra vida, a otro trajín. “La vuelta a Colombia fue llegar a casa otra vez, con los pares con los que yo había vivido... los hermanos (aquellos que todavía no son sacerdotes) y los padres (que sí lo son) tienen un ambiente súper fraterno de muchísima alegría porque nos conocemos mucho... yo creo que ninguno esperaba el nombramiento, todos lo recibieron con alegría y me hacen sentir de la mejor manera, sobre todo los muchachos que están bajo mi formación”. 

 - ¿Y cómo transitaste estos primeros meses? 
- La verdad que quienes están bajo mi formación son excelentes muchachos y se dejan formar, que es lo importante, tanto en las correcciones que les tengo que hacer como en los concejos que les tengo que dar. Uno es como el papá de la casa, sos el que está pendiente de que vayan a la universidad, de que les vaya bien, te presentan las notas, los trabajos en la casa… Nosotros tenemos una vida de disciplina, tenemos horarios de levantada, horarios de limpieza, hacemos jardinería... se piensa y se fusiona el trabajo con el hogar, el trabajo en la casa con el trabajo académico, es un poco la filosofía del pensamiento de nuestra comunidad. 



 Quienes forman parte de ella, deben vivir con un organigrama pensado al detalle. “Se aprovecha el tiempo al máximo” explica Iván y señala: “Cada uno sabe lo que tiene que hacer y mi función es dirigir esa casa y estar disponible para todos lo que me necesiten o llamarlos o tener reuniones periódicas con ellos, preguntarles cómo están, qué es lo que necesitan, aconsejarles cambiar algunas cosas que los vaya ayudando a convertirse en mejores hombres de Dios; por eso la preparación es tan larga, porque uno tiene que ir puliéndose de muchas formas, hay muchas cosas para hacer... sabemos que la iglesia bastante vapuleada está y los cuidados que uno tiene que tener para preparar a un futuro sacerdote son muchos en cuanto a la madurez psicológica, entre otras cosas”. 

 - El último sábado tuvo lugar la ceremonia de ordenación, ¿Cómo la viviste? 
- Una locura, de Tres Arroyos vino mi mamá Gabriela con Gustavo, su esposo, mi papá del corazón... mi papá falleció hace 3 años, ellos estaban separados. También vino Jorge, un amigo mío de hace muchos años, Verónica Marchetti que fue mi profesora de Historia y amiga del trabajo, compartimos el trabajo en el colegio en Tres Arroyos, y vino el padre Alexander -que es el director del CJA- representando a la comunidad; él además fue el sacerdote que me recibió en el seminario el primer año... Alex fue el primer cura que me recibió en la comunidad, el que me acompañó y me ayudó a entrar al seminario. 

 Las palabras brotan e Iván trata de describir sus sentimientos. “Fue muy emocionante, sobre todo porque uno va recibiendo el acompañamiento de la gente de allá en el teléfono desde días antes y eso también te da muchísimas emociones porque te sentís querido y acompañado”. En este punto, el sacerdote explica que “esos tres años en Tres Arroyos fueron muy fecundos, muy fructíferos en muchas cosas; se vivieron cosas muy profundas con los chicos… recibir el amor de la gente a la distancia y sentirlos cerca fue muy emocionante. Además la gente que yo había dejado acá, que la reencontré y que estuvieron ahí presentes compartiendo ese momento, hicieron que me sienta abrazado profundamente... fue un momento de muchísima emoción”. 


Sus amigos Jorge Sangermano y Verónica Marchetti lo acompañaron en la ceremonia


 La emoción se trenza con los recuerdos. Es que el lugar de ordenación fue el mismo en donde todo empezó. “En Medellín tenemos una parroquia que se llama 'Jesús, María y José', en donde yo hice por primera vez mis votos de castidad, pobreza y obediencia en 2015. Si mi ordenación era en Colombia yo quería que fuera en ese templo porque ahí es donde yo empecé este camino de vida religiosa y ahí fue, así que fue muy emocionante” 

 El camino de la fe 
¿Cuándo nace la vocación de un cura? ¿En qué momento despierta la fe? “La vocación nace como una especie de inquietud en el corazón, no es que se te aparece Jesús a las patas de la cama y te dice 'oh, bienaventurado seas'” ejemplifica Iván. 

 “Es una inquietud que se te mete adentro del corazón; mi historia vocacional no es como la de otros que por ahí cuando eran chiquitos jugaban a ser curas; yo nunca jugué a ser cura, jamás me llamaron la atención ni me llamó la atención ser cura, yo quería ser doctor, quienes me conocen saben que toda la vida he querido hacer algo relacionado a la medicina” reconoce. 

 “La cuestión del sacerdocio se empieza a gestar en mi corazón después de la experiencia de hacer Camino, de hacer el retiro espiritual cuando iba a segundo año de Polimodal en ese entonces. Ahí se me mete esa idea de '¿cómo será que viven estos curas?'. 


Su mamá Gabriela López y su padre del corazón Gustavo Beterbide también estuvieron presentes durante la Ordenación Sacerdotal de Iván


Esa fue la primera pregunta, pero no lo preguntaba desde una mirada despectiva, sino que me intrigó, me llamó la atención saber qué era lo que tenían de especial estos que tanto bien me hacían”. Esa pregunta fue rápidamente respondida. “Yo me sentía súper bien con la comunidad del cole… esos curas a los que iba a ver los miércoles con el grupo juvenil me hacían sentir muy especial. Un día me acerqué y les pregunté al padre Alexander y al hermano Héctor cómo vivían y me invitaron a comer una pizza un viernes a la tarde… Fui, entré a la casa de los curas que era como una especie de lugar sagrado para nosotros porque todos veíamos la escalera pero nadie sabía qué había ahí, y me encontré con una casa como la de mi vieja, con el hermano Héctor tocando la guitarra, el otro amasando pizzas y el otro sacando una Coca Cola de la heladera. Enseguida tocaron unas chacareras y me mostraron que vivían como hermanos… eso me dio vuelta la cabeza totalmente”. 

 La experiencia no terminó ahí. Como la inquietud continuaba, recibió una invitación para vivir la experiencia de una asistir una semana al Seminario de Buenos Aires. 

 “Sabía que era un cambio muy grande… yo no tenía en mis planes esta vida, esta disciplina. Fui al Seminario y me recibieron como si fuera su hermano, entonces decidí intentar esto de entregarle mi vida a Dios porque me sentía muy en paz, sentía que me sentía completo. Cuando uno trata de explicar la vocación, por ahí ponerle muchas palabras es más complejo porque en realidad tiene que ver con lo que vos y las personas sienten cuando hacen eso que descubren que están hechos para hacer. Yo cuando entré al seminario sentí que me sentía completo, que acá era el lugar donde podía ser plenamente yo y podía dar todo lo que tenía para dar o sentía que tenía para dar”. 

 Un trayecto de 12 años 
Desde aquel seminario hasta la ordenación, pasaron 12 años de estudio y de experiencias. “Cuando me decidí empecé a estudiar Filosofía en la UCA, en Buenos Aires, terminé la carrera gracias a Dios muy bien y me llegó por primera vez una obediencia. Esa primera obediencia fue venir por un año a Medellín a hacer el noviciado que es un año especial, donde uno conoce la comunidad, quién fue Manyanet y qué es lo que hacen los Hijos de la Sagrada Familia, por ejemplo. Fue un desafío, porque tenía que ir a mi casa y decirle a mi vieja que si iba cada tres meses a visitarla un fin de semana o fin de semana largo, ahora iba a ir después de un año a verla... también tenía que ver con confirmar un poco la vocación, porque al principio era 'este Iván está probando a ver si quiere o no quiere ser cura' y medio que nadie daba dos pesos salvo en mi casa”. 



Esa primera experiencia en Colombia “salió 10 puntos” explicó. “Ese año se transformó en cinco, porque cuando estaba terminando ese primer año, mis superiores me dieron una nueva obediencia: me dijeron 'hermano, la congregación lo ha destinado a Bogotá para que usted estudie la Licenciatura en Teología', así que no volví a la Argentina, me inscribí en la universidad y terminé esos años. En el medio muere mi papá en un accidente, vuelvo para la Argentina por las cuestiones de papá, y regreso al toque a rendir la tesis. Enseguida me llega la obediencia, una vez que me licencié en Teología, de ir a Tres Arroyos... es muy raro, muy extraño que te toque ir a tu pueblo; me tocó ir a servir como pastoralista, como encargado de la pastoral del CJA, también con miedo... 'cómo será, es mi pueblo, me conocen...'”. 

 Esa experiencia en el colegio tresarroyense llegó a su fin en diciembre del 2021, cuando fue enviado nuevamente a Colombia.

 - Y ahora, ¿cómo sigue todo? 
- Eso no depende uno, por ahora estoy destinado como encargado del seminario que tenemos en Chía, que es una localidad de Bogotá. Ahí tenemos un seminario internacional y por ahora estoy como encargado de la formación de los futuros sacerdotes de los Hijos de la Sagrada Familia, esa es mi misión principal… también colaboro en nuestra parroquia y tenemos un colegio donde doy clases de Filosofía. 

 La charla se extiende en el tiempo. Iván explica, con detalles y aclaraciones, cada pasó que dio y que lo llevó hasta este punto. 

 Cuando llegamos al fin, Iván Ceriani aprovechó el tiempo para enviar agradecimientos. “Quiero agradecerle a mi primer lugar a mi familia, que desde que entré al seminario aprendieron a entender que el lugar vacío que yo dejaba en la mesa de los domingos lo ocupaba Dios... comprendieron que ese lugarcito vacío que uno deja cuando se va para entregarle la vida a Dios, lo ocupa Dios en casa; después a mis amigos de toda la vida, que para ellos también significó paciencia, fuerza y muchísimo ánimo y contención, y a la comunidad de Tres Arroyos, especialmente a la comunidad del CJA que durante tres años hicieron que me sienta verdaderamente bendecido con la misión que me tocó, donde descubrí en todos los chicos que forman parte de ese colegio y en sus familias, ese llamado de Dios que me invita a entregarle mi vida... quiero ser un cura bueno, un cura que reza, un cura que trabaja con los chicos, un cura que le sirve a los demás, un cura para ellos, para mi pueblo, para mi gente, para la iglesia”.   



Add space 300x250x2