Juan José y Ruth llevan más de 40 años caminando la vida juntos (Marianela Hut)

Sociales

Día del Padre: Entrevista a Juan José Etcheto

El mayor deseo cumplido

19|06|22 09:00 hs.

El barrio de la Escuela 24 vio crecer a Juan José Etcheto, que siempre muy sociable se pasaba horas y horas jugando con los vecinos y amigos. Su padre Reynaldo falleció cuando él apenas tenía 8 años, por lo que su madre Carmen fue quien llevó la familia al hombro trabajando de costurera. “Ella hizo un esfuerzo realmente grandísimo para poder darme educación y valores”, contó Juan José mostrando un enorme agradecimiento en la mirada. 


 La infancia la describió como muy buena y muy feliz, con un entorno que lo contenía y lo empujaba a ser cada día mejor persona. Una infancia sin carencias, con todas las posibilidades de realizar las cosas que permitía el día a día. 

 Luego llegó el momento del secundario en el ex Colegio Nacional, donde más amistades se formaron y donde también el futuro profesional y laboral comenzaba a ser una preocupación. Terminó como perito mercantil y aunque tuvo la posibilidad de irse a estudiar ingeniería civil, Juan José decidió quedarse en Tres Arroyos para no dejar sola a su madre, su familia. 


Junto a sus hijos Gonzalo, Martina y Victoria


 Ya egresado, se inició en el mundo laboral, desempeñándose primero en una bodega que había en la ciudad de De Francesco Hnos. y Cía., y luego en el Banco Comercial durante casi treinta años. 

 En ese período, con unos tempranos 19 años, se conocieron con Ruth Kisbye, quien luego de unos meses de amistad se convertiría en su amada compañera de vida. “Estuvimos 6 años de novios hasta que nos casamos a los 25. Ella también con una familia tresarroyense, unas excelentes personas. Una relación muy linda con toda la familia, que fue lo que después nos permitió poder fortalecer lo que es nuestra familia hoy también”, expresó. 



 El primer sol 
Juan José siempre fue una persona de proyectar su vida hacia adelante e ir pensando en determinadas etapas para cumplir sus deseos. En esto, ya casados y con ganas de tener otro vínculo, con Ruth, “que es todo”, expresó con mucha emoción, empiezan a buscar tener su primer hijo. 

 Aquí comenzaría un camino en sus vidas donde la frustración sería constante, pero el amor y el deseo de formar una familia superó cualquier obstáculo que se les fuera presentando.

Pasando por infinidad de tratamientos y agotando todas las posibilidades de poder ser padres biológicos, siguieron el camino buscando una alternativa en la adopción. “Ahí empezó un largo recorrido que la verdad fue duro. Es muy difícil el sistema argentino para las familias que quieren adoptar, a pesar de que después cambió. Gracias a Dios nosotros tuvimos la suerte de que nuestros trabajos nos permitían darnos los tiempos necesarios para viajar a determinados lugares”, destacó Juan José. 



Así, en este camino duro y complejo, ambos siguieron codo a codo buscando cumplir el mayor deseo. Viajaron por Buenos Aires, Córdoba, Tucumán, San Luis, Jujuy, recorriendo medio país en busca de un pequeño. “En algún momento de esa etapa se crea el Juzgado de Menores en Tres Arroyos y nosotros fuimos unos de los primeros en inscribirnos”, recordó. 

“El sistema de adopción es muy perverso y más allá de las etapas personales que hay que pasar de los exámenes médicos, psicológicos, sociales, ambientales, es una traba atrás de otra. Tenés que estar muy preparado y fortalecido mentalmente y decidido a querer hacerlo”, aseguró.

 En el ’94, casi diez años después de intentar y atravesando todas las dificultades posibles, finalmente llegó Gonzalo un 19 de junio, que por aquel año casualmente también había sido el Día del Padre.



“Viendo todas estas trabas, como que sentíamos que ya estábamos hechos. Había llegado el esperado hijo. Fue una alegría enorme y una sorpresa para muchos porque fuimos bastante reservados durante el proceso”, señaló Juan José. 

 El cariño lo pudo con todo. “Como pareja hay que estar muy fortalecido porque muchas veces ese tipo de procesos desgasta el vínculo. Nosotros estuvimos alrededor de seis años lidiando con una frustración constante”.

Pero todo lo que vivieron valió la pena. “La llegada de Gonzalo fue fantástica para todos y empezamos a desarrollar nuestro rol de padres, incluso un poco más grandes de lo normal porque ya teníamos 35. Esa etapa fue muy linda, pudimos comprar nuestra casa, nos mudamos, fue todo un desarrollo y un aprendizaje fantástico”, contó. 



 Luego llegó el jardín para Gonzalo, la primaria, “viéndonos con padres más jóvenes con otra visión de la paternidad. Siempre fuimos tratando de ir siguiendo todo lo que nosotros recibimos como hijos, de empezar a enseñarles los valores y a partir de ahí fortalecerse”. 

 En esa transmisión de valores, “fundamentalmente buscamos inculcar el respeto hacia los demás. El sacrificio, la responsabilidad, la educación, que eso es parte de lo que uno les da y creo que el bien principal que le podemos dejar a nuestros hijos”. 

 Y el sol sigue saliendo 
Unos años más tarde, con Gonzalo ya en la escuela primaria, Ruth se propuso nuevamente el desafío de ir por otro hijo más, y por supuesto que Juan José aceptó y se acompañaron incondicionalmente en la nueva búsqueda. “No fue fácil tomar la decisión, obviamente que fue muy conversada, sabiendo a lo que nos ateníamos. La voluntad de ella fue muy férrea y persistente como para poder llegar a lograr lo que se logró después”. 



Así, luego de realizar todos los trámites nuevamente, estudios, inscripciones y viaje, llegaron a Posadas en la provincia de Misiones a buscar a su pequeña, Martina. “Estuvimos 20 días hasta que superamos la guardia provisoria inicial y que la jueza nos autorizó poder volver a Tres Arroyos. Después volvimos a los 6 meses para hacer la guardia definitiva”. 

Este proceso no terminó acá, ya que tres años más tarde apareció Victoria, una hermana biológica de Martina. “La jueza ante la aparición de este caso nos llamó para ver si no queríamos adoptar otra hermanita. Obviamente que enseguida dijimos que sí y viajamos a buscarla”, aseguró y recordó que “fue una fecha complicada porque era cerca del 20 de diciembre, que comenzaba la feria judicial en Misiones. Pero como fuimos con Martina y la jueza de menores vio su estado y todos los antecedentes, nos permitieron que pudiéramos volver antes de ese período. Ahí se completó el ciclo”. 



 Acompañar 
A medida que los pequeños fueron creciendo, algo fundamental en su crianza fue “en primer lugar mantenerlos informados para que sepan que son adoptivos, que es lo que te aconsejan siempre. Luego seguir inculcando los valores que creemos que corresponden. Para eso creo que es importante el acompañamiento de la familia en las diferentes edades y los diferentes proyectos de cada uno”, sostuvo. 

Gonzalo actualmente tiene 27 años y trabaja en una fábrica de aberturas, desarrollando la empresa familiar. Martina, de 20, está estudiando el profesorado de inglés en la cuidad y también trabaja en los negocios familiares. Y Victoria, la más pequeña, ya tiene 17 años y está por terminar el secundario con idea de irse a estudiar Biología, aunque también cuenta con una veta artística muy importante. “Creo que hemos tenido, más allá de todo lo que uno pudo brindarles, mucha suerte con nuestros hijos. Son unos soles”, afirmó con gran emoción. 



Una enseñanza 
Aunque uno planifique y crea tener conocimiento sobre ciertas cuestiones, “la realidad es que más allá de ser esperado, ser padre te cambia todo. Te cambia la visión, los objetivos, las vivencias. Uno empieza a hacer todo pensando en los hijos, en tratar de dejarles las posibilidades de un estudio y un trabajo, una educación correcta y que a la larga puedan entender la vida como la entendemos nosotros. Que lo que recibimos de nuestros padres también se pueda seguir transmitiendo, mucho respeto por los demás, mucha integración familiar”, opinó Juan José. 

 De esta manera, son una familia muy unida. “Tratamos de que todo lo que sea posible de compartir lo hagamos, desde los viajes de chiquititos hasta incluso ahora que son grandes tratamos dentro de lo posible salir de vacaciones todos juntos. También reunirnos a comer algo, compartir vivencias, de seguir escuchándolos, de seguir aprendiendo de ellos, más allá de lo que uno les pueda enseñar, porque también aprendemos mucho de ellos”. 





 En ese sentido, Juan José expresó que “te enseñan fundamentalmente a ver que ha modificado un poco la vida desde el pensamiento, desde la mayor inclusión de todas las personas en todos los aspectos. Por otras edades y demás era algo muy arraigado, que no se hablaba. Pasaba lo mismo con la adopción, son temas tabúes y hoy la inclusión en todos los aspectos de las personas, de la diversidad de género, han pasado a tener una parte importante. En ese caso, sobre todo las chicas lo tienen muy desarrollado y nos van diciendo, fundamentando y explicando”. 

 Estas visiones de los hijos y lo que enseñan a los padres “creo que nos permiten ver un nuevo mundo, que hoy tenemos”. 





Así, este 19 de junio, nuevamente Juan José compartirá el Día del Padre junto con el cumpleaños de su primer hijo Gonzalo, el que el dio el título que con gran honor lleva puesto. “Vamos a estar haciendo un festejo doble. Poder estar compartiendo con tus hijos es el mejor regalo que podés tener. Esos momentos son especiales fundamentalmente por ellos, que siempre están a nuestro lado”.  






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