Opinión

Por Claudia Andrea Palmas

Carta de lectores: el silencio del dolor

27|12|22 22:27 hs.


Señora directora: 
Quiero manifestar mi orgullo como copetonense nativa, radicada hace muchos años en Tres Arroyos, al vivenciar en el día hoy la segunda marcha que se realizó en Copetonas como pedido público de justicia por la tragedia ocurrida el 27 de noviembre de este año en la ruta de Oriente a Copetonas, en la que fallecieron cuatro jóvenes de la localidad.

Más allá de mi cercanía afectiva con dos de las víctimas por ser familiar, el impacto del dolor generalizado de todo un pueblo resulta indescriptible de expresar, al sentir que nuestro extenso vocabulario resulta escaso porque no existe una palabra que pueda expresar tan profundo dolor. Se fueron hijos, nietos, compañeros de colegio, hermanos, primos, compañeros de fútbol compañeros de folklore, porque en una localidad tan pequeña todos los vínculos se entrelazan.

Destaco que durante toda la marcha sólo se escuchaba el sonido de los pasos, el llanto, es admirable que en una circunstancia límite como esta, ni la violencia, ni la agresión se asomaron, al contrario, se percibía el silencio del dolor.

 Las palabras del delegado del pueblo instaron a no bajar los brazos, a acompañar a las familias de las víctimas, a no atacar al sistema judicial, ni al poder ejecutivo, ni a la policía, sino que este sea el comienzo de un camino muy largo pero que apunte a la reforma de las leyes por siniestros viales que son muy leves con las penas. Que el pedido de justicia se base en eso, cárcel para los culpables de muertes en las rutas, que un asesino al volante como en este caso pague por lo que hizo. Por Jere, Iván, Ezequiel y Javi y por tantos otros pibes que pueden estar en riesgo. Que nunca más ocurra esto.

Dicen que los niños siempre dicen la verdad, expresan lo que sienten sin tapujos ni máscaras. Hoy a la tarde, la plaza del pueblo no convocó para jugar, el llanto desconsolado de jóvenes entre 7 y 13 años fue el protagonista porque extrañan a sus hermanos o primos que ya no ven, no pueden compartir momentos, con todo un futuro por delante que se truncó por un inconsciente que terminó con cuatro vidas.

 Esta tragedia transformó la vida de muchas personas, principalmente la de las familias directas de estos jóvenes. Esa noche de fiesta, de festejo del sábado 26 de noviembre, de diversión, tuvo un después, trágico que provocó un vacío, ausencias y dolor. Hasta que no nos toca de cerca, pareciera que como el dolor es de otros, sólo se trata de una noticia policial más. Estas familias no toleran que esto le vuelva a pasar a alguien más. Esas madres deben tener la vida dividida en un antes y después de esa mañana trágica. Fecha que las marca, más que su fecha de nacimiento.

Gracias a todos los que acompañaron, les digo que sigamos juntos en este reclamo pacífico, apelando al criterio justo, confiando en que la Justicia no va a pasar por alto a este pequeño pueblo del sur de la provincia de Buenos Aires, que puede parecer invisible para algunos pero que ante el dolor está de pie de una manera ejemplificadora.

Por esos niños y jóvenes, adultos y ancianos que hoy marcharon, que no sientan defraudada su confianza en la Justicia. No están solos, que el silencio del dolor les de fuerzas para seguir adelante.

 




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