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Sociales

Francisco Restuccia

La mejor movida de su vida

07|10|18 01:43 hs.

Por Juan Berretta


El ajedrez lo hizo de nuevo. Así como fue clave para que Francisco en la preadolescencia ganara confianza y moldeara su personalidad para salir a la vida, también resultó fundamental para que a los 40 se insertara en Tres Arroyos luego de tomar la decisión de cambiar el conurbano bonaerense por la paz agreste de Balneario Orense. 

“La verdad que a mí no me costó nada adaptarme y en eso tuvo mucho que ver el ajedrez. En Cambio a Laura, mi mujer, no le fue tan sencillo y le llevó más tiempo insertarse”, cuenta. 

“Mi papá me solucionó muchas cosas cuando a los 13 años me llevó por primera vez al Círculo de Ajedrez de San Antonio de Padua”, agrega sentado en la sede del Centro Regional de Enseñanza, Capacitación y Entrenamiento de Ajedrez de Tres Arroyos (CRECE), uno de sus lugares en el mundo. 

La familia 
Francisco Antonio Restuccia nació hace 48 años en Morón, en el seno de una familia aficionada al ajedrez. Los recuerdos de su infancia, que la transcurrió en Castelar, tienen la marca indeleble del juego de trebejos y escaques. “Siempre, en un determinado momento de las reuniones familiares de los domingos aparecía el tablero y había que ponerse a jugar. Mis viejos, mis tíos, mis primos… A todos les gustaba, así que aprendí mirando. Y a mí también me gusto de entrada”, explica. 

Pero de todos los integrantes de la familia, Francisco fue el único que tenía interés de participar de un torneo. Y tanto insistió que un día el padre lo llevó. 

“Con 13 años fui a jugar y a los que estaban ahí les pareció que tenía un juego interesante para ser tan chico, entonces me empezaron a explicar un poco más, me integraron, me mimaron, yo me sentía muy cómo en ese ambiente, a pesar de que era gente de 35 años para arriba. Y nunca más dejé”, dice. 


Restuccia en la sede del CRECE junto a su mejor amigo, el tablero de ajedrez


Restu cuenta que era tímido, retraído, inseguro y que de la mano del ajedrez todo empezó a fluir. “A partir de jugar comencé a resolver cosas de mi personalidad y a templar el carácter. Yo soy un tipo que cuando me propongo algo tengo la fuerza mental y anímica para darle para adelante hasta lograrlo”, analiza. 

“Yo creo que el ajedrez me ha ayudado mucho en la vida, después de jugarlo mucho te das cuenta que te forma en ciertas cosas, como en la capacidad para concentrarte, para razonar, en la fortaleza para encontrar soluciones. En esos aspectos es formativo”, completa. 

Balneario Orense 
En diciembre de 2010, Francisco y Laura se despidieron de Hurlingham y se instalaron en Balneario Orense. Fue concretar un proyecto que hacía años venían amasando. Los dos son empleados públicos y después de mucho remar consiguieron el pase para una dependencia ubicada en Tres Arroyos. “Para nosotros fue conseguir el pasaje a la libertad, a otro tipo de vida”, sintetiza el ajedrecista. 

A la costa tresarroyense llegaron luego de hurgar en el mapa y recorrer otras playas bonaerenses. “Yo iba de vacaciones a Coronillas, un balneario del norte uruguayo que no va nadie, que es muy agreste. Y la verdad es que elegía ese destino porque no sabía que en la Argentina había lugares de ese tipo”, cuenta. Después de varias excursiones para explorar nuevos destinos conocieron Balneario Orense. Y fue como un amor a primera vista. La pareja entendió que era “el lugar”. 

Empezaron entonces el operativo traslado que les terminó demandando un año, más que nada por la cuestión laboral. Cuando todo estaba más o menos encaminado, Francisco llamó al CRECE para realizar el pase de club a club, algo necesario como en el fútbol. “Hice el primer contacto con Martín Tumini, que es un poco el alma de todo esto (por el CRECE)”, cuenta. 

Después ya se presentó personalmente y en la primera visita comenzó su rápida integración. “Como entrás en un ámbito en el que todos están porque les gusta lo mismo, no hay que romper ningún hielo. Fue todo muy fácil para mí, así que en ese sentido siempre voy a estar agradecido del ajedrez”, indica. 

En ese proceso de adaptación y de integración fue fundamental la relación por el aquel entonces adolescente Matías Viera. “A los pocos días de estar acá me vinieron a buscar sus padres porque les habían dicho que podría ser su profesor”, recuerda. Fue el impulso que le faltaba para meterse de lleno en el CRECE y generar más vínculos para sentirse uno más en su nuevo territorio. 


Francisco en la playa de Balneario Orense jugando una partida contra su amigo Antonio Orsini (ex campeón de La Plata), “que viene seguido para desintoxicarse de la ciudad”


Calidad de vida 
Francisco y Laura desandan de lunes a viernes los 83 kilómetros que separan Balneario Orense de Tres Arroyos. Puede sonar pesado, pero ellos lo tienen asumido como un pequeño costo a pagar todos los días que no les cambia la ecuación. “Yo en Buenos Aires tenía 20 minutos de auto hasta el trabajo, y otros 20 tardaba para estacionar. Acá me demanda lo mismo, pero de ruta, y estaciono en la puerta. No hay comparación, allá hemos viajado de las peores formas posibles”, explica el contador recibido en la Universidad de Morón. 

Además, el hecho de venir todos los días a la ciudad funciona como un buen contrapeso con la tranquilidad y soledad del balneario. “No nos costó para nada adaptarnos a vivir ahí. En la cuadra que estamos somos los únicos que residimos en forma permanente, pero esa soledad la descomprimimos viniendo a diario a Tres Arroyos. Además, Laura y yo somos especiales para eso, no nos pesa la soledad”, asegura. 

“Es una linda prueba también para la pareja, porque cuando estamos allá estamos solos, es muy distinto que vivir en la ciudad”, agrega. 

Es más, con el paso del tiempo, el balneario potenció su hechizo en la pareja. “La verdad que ya nos cuesta salir, hay una frase que escuché que describe lo que nos pasa con Laura: ‘hay lugares que te abrazan y no te sacás el abrazo así nomás’. Eso es lo que no pasa”, asegura. Tan cómodos están en la localidad playera que los viajes a Buenos Aires se hicieron cada vez más esporádicos. “La familia nos hace notar que vamos poco…”, dice con una sonrisa Restu. 

El ajedrecista, con contundencia, afirma que no añora nada de su vida citadina. “Al principio extrañaba ir a la cancha a ver a Vélez. Pero después me acostumbré. Y con Laura siempre lo hablamos y coincidimos: ‘de acá no nos vamos nunca más’, decimos”. 

Instalarse en el balneario también le dio otra muy grata sorpresa: recuperó el rol de vecino. “No llegamos a 50 los que vivimos en la localidad, entonces uno puede dar manos importantes con gestos muy simples, algo que en las ciudades se ha perdido”, cuenta. “Como que la escuela tenga una impresora, o ayudar a una chiquita que le va mal en el colegio… Acá el rol del vecino está vigente y sabés que siempre podés ir a buscar ayuda y que te van a dar una mano. Eso ha sido algo muy lindo que descubrimos al instalarnos a un lugar tan chico”, completa. 

El rival a vencer 
La mudanza a estos pagos le trajo otro beneficio impensado para Francisco, y que está directamente relacionado con el ajedrez. Por un lado descubrió el CRECE y “el lindo grupo de gente que lo conforma”, por otro, dejó de ser un jugador más, del montón, para convertirse en el mejor de la región, y el rival siempre a vencer. 

“Acá he tenido la fortuna de encontrarme con que no había jugadores más fuertes o los que hay, en los campeonatos los pude superar”, cuenta Restu que sobre unas 40 partidas que disputó por torneos locales apenas perdió dos (con Martín Tumini y con Matías Viera).

“Lo que me ha complacido es que cuando hay un torneo mucha gente viene a ver si me puede ganar. Eso es algo que allá no me pasaba. Y eso ha funcionado como un incentivo, porque me gusta que así ocurra, y porque voy a tratar de no darles el gusto”, cuenta entre risas. 

Su nivel, además, motivó a que en cinco oportunidades el Círculo de Periodistas Deportivos de Tres Arroyos le otorgara el Círculo de Bronce en la fiesta que se realiza cada fin de año. “Eso es una linda satisfacción también, y para mí en su momento fue toda una grata sorpresa, porque allá en Buenos Aires no se entregan este tipo de reconocimientos”, dice. 

Al gran desempeño como jugador, Francisco le agregó su buena predisposición y voluntad para darle el empujón que le faltaba al CRECE para consolidarse. “El grupo creo que necesitaba alguien que insistiera con algunas cuestiones que estaban en borrador, por ejemplo, lograr la personería jurídica. Y así fuimos avanzando, y hoy el CRECE tiene un nombre ganado en el ambiente del ajedrez”, asegura orgulloso. 

La charla llega al final porque Restu tiene que empezar una partida por internet. Como siempre, intentará realizar sus mejores movimientos. Aunque no hay dudas, la mudanza a Balneario Orense fue su movida maestra.