La Ciudad

Tiene 88 años

Roque Arena: el constructor que cuenta su vida

20|01|19 20:49 hs.

 Tiene 88 años. Desde muy chico, fue peón de campo. Cuando era joven, decidió desempeñarse por su cuenta como albañil. En un libro, comparte relatos sobre tiempos difíciles, alegrías y desafíos. Brindó su testimonio a La Voz del Pueblo  


“Yo, Roque. Estucados de mi vida. Relatos con enduído”. Tal es el nombre del libro en el que Roque Ángel Arena cuenta su historia. El 4 de diciembre cumplió 88 años. 

Es tresarroyense y nació en una casa ubicada enfrente del matadero; “está todavía. Siempre la iba a ver, ahora hace un año que no voy”, señala Roque en una visita que realizó a la redacción de La Voz del Pueblo. 

Sus padres eran Manuel Arena, de Mesina, Italia; y su madre Rosa D’Anunssio, hija de italianos. Tuvo tres hermanos, Concepción Blanca Nieves, la mayor; Juan Antonio e Irma Domínguez, menores que Roque. Además otros dos hermanos que nacieron después que Concepción Blanca Nieves, fallecieron a poco de nacer. Cuenta que su abuelo italiano José María D’Annunsio, tuvo ocho mujeres y tres varones con Antonia Di Croce. “Nunca quiso mandar a sus hijas mujeres al colegio, decía que tenían que trabajar”, indica. 

Concurrió poco a la escuela. Su padre lo envió a los 10 años a que aprendiera con una maestra en la chacra de Julio Onetto, lo que hizo durante un tiempo, primero con Eva Tessone y luego con Alicia Diez.

Su niñez y adolescencia fue corta. Es que a los once años comenzó a ser peón de campo”, explica. Tenía esa edad cuando falleció su padre y tres meses después se fue con su tío Nicolás, hermano de su madre, a trabajar al campo. El ofreció llevarlo para aliviar a la familia, vestirlo, enseñarle a trabajar y pagarle un sueldo. 

“Yo, Roque. Estucados de mi vida. Relatos con enduído”. Tal es el nombre del libro en el que Roque Ángel Arena cuenta su historia. El 4 de diciembre cumplió 88 años. 


Roque recuerda que “nunca me pagó nada. Me maltrataba”. Dos años después, de noche se subió al caballo y se fue hasta el rincón del campo, luego siguió a pie hasta la chacra de Julio y Paulina Onetto, llamada Caride. El dueño del lugar lo hizo pasar y él llorando le contó lo que pasaba. Su tío lo fue a buscarlo en sulky tres días después, pero Julio con firmeza se negó y le dio así protección a Roque. 

Se desempeñó luego en otros establecimientos rurales. Uno de ellos “Tierra Gaucha”, que estaba a cargo de un arrendatario de César Carman, quien entre 1957 y 1983 presidió el Automóvil Club Argentino. Roque trabajó allí entre febrero de 1946 y febrero de 1947, durante un año. 

Con solo 17 años, había juntado 300 pesos de aquellos tiempos y pudo comprar dos lotes en Rocha 954, de 12 metros de frente por 25 de fondo, lugar donde luego construyó. Los pagó en total 210 pesos, pudo escriturar y compró ropa con lo que le sobraba. Por entonces, se fue a trabajar con Ramón Massa. 

Fue peón rural hasta los 19 años y “hacía de todo”. Por ejemplo, cosía bolsas en el campo de Ignacio y Emilio Roché, así como viajó a Balcarce para la cosecha de papa. Se presentó para realizar el servicio militar voluntario y en 1950 fue destinado a Las Lajas, provincia de Neuquén, pero tres meses más tarde lo dieron de baja por tener madre viuda (Rosa, su mamá, falleció nueve años después). 

Con solo 17 años, había juntado 300 pesos de aquellos tiempos y pudo comprar dos lotes en Rocha 954, de 12 metros de frente por 25 de fondo, lugar donde luego construyó.


Al regresar, consiguió un empleo en la empresa yesera de Camilo Folguera. “Me largué por cuenta mía como albañil a los 23 años”, relata. 

Tiene muy presente el consejo que le dio Angel Rodrigo. En este sentido, dice que “me llevaba todos los domingos a la quinta. Le fui a hacer un galpón donde preparaba las coronas fúnebres. Me entusiasmó con la idea de largarme solo y lo hice. Empecé y no paré más”. 

Las dos primeras personas que trabajaron a su cargo fueron Juan Galli y Antonio Grignoli. Hicieron una casa en el establecimiento de Martínez Vacca, en el límite entre Tres Arroyos y Gonzales Chaves; posteriormente, Julio Amondaray le pidió desarmar la estancia “Tres Reyes” y construir dos piezas, cocina y baño. Luego comenzó a dedicarse más plenamente a los galpones. 

La familia
“Me impactó a primera vista”, afirma Roque cuando habla de Hermosina Cayetana Francisca Vespa. Era enfermera, once años mayor que él, viuda de Bellingeri y con una hija de 13 años. 

La conoció cuando hacía unos arreglos en el Hospital e insistió “hasta conquistarla”. Logró que sus padres lo aceptaran y se casaron el 6 de enero de 1956. Tuvieron un hijo, Roque Iván, quien nació el 20 de agosto de 1958 y actualmente posee un Vivero en Tres Arroyos; las nuevas generaciones llegaron con dos nietos y cuatro bisnietos. 

Estuvieron veinte años juntos. Hermosina padeció cáncer y falleció el 20 de noviembre de 1976. A los 53 años de edad, 

Roque se radicó en Comodoro Rivadavia. Conoció a una mujer chilena, Mirta Laine Mayorga, con quien contrajo matrimonio en enero de 1989, e hizo la fiesta en Coyhaique, en el país trasandino. 

Ella vive en Puerto Aysén y ya no tiene muchas ganas de viajar; en estos días Roque se encuentra en Tres Arroyos, pero parte del año está con ella en Chile y también suele ir a Comodoro Rivadavia. 

Las obras 
Durante la entrevista, comenta que “me afilié al partido radical cuando tenía 23 años”. Le dieron trabajo en la sede del partido. Enumera que “hice el salón de baile, el fogón, la imprenta, el frente y el portón del comité”. Asimismo, indica que en 1963 Ricardo Rudi, ministro de Obras Públicas de la provincia, lo mandó a llamar para una reunión en La Plata. “La propuesta era que fuera conductor de obra del Barrio Atepam”, puntualiza Roque en su libro. 

Le respondió que no se sentía capaz, pero Rudi subrayó que necesitaba una persona de confianza, que lo consideraba preparado para la tarea y le otorgó la responsabilidad. Firmó un contrato con el Instituto de la Vivienda. Describe que “era una construcción de prefabricado, con ladrillos, ideado por los ingenieros Carne y Loguzzo”. 

Hace referencia a algunas situaciones conflictivas que surgieron en el consorcio y discrepancias, pero tuvo un firme respaldo de Rudi para que continuara como director de obra. 

Las actividades en el Comité de la UCR y la construcción del Barrio Atepam fueron dos los desafíos grandes que afrontó como albañil. 

Su formación escolar era muy escasa y por esta razón, resultó muy importante que “Potila” Foulkes, un empleado del Banco Comercial, le enseñara a hacer las cuentas. 

En el sur 
El motivo de la partida a Comodoro Rivadavia en 1983, obedeció a que Roque ganó una licitación para la demolición de la Aduana vieja, donde había que construir un salón nuevo. 

Luego de casarse por segunda vez en el vecino país, realizó trabajos para -siempre en el rubro de la construcción- la empresa Pesca Chile Friosur y Contenza. Posteriormente, se dedicó a hacer fogones parrilleros y chimeneas hogar. 

El oficio de albañil lo desarrolló hasta los 82 años. Si se tiene cuenta que comenzó como peón en un campo a los 11, no cesó en sus actividades laborales durante más de 70 años. Una de sus grandes alegrías, en la etapa más reciente de su vida, fue viajar en 2013 a Mesina, Sicilia, la tierra de su padre. Conocer un lugar vinculado a sus orígenes le generó mucha satisfacción. En el libro, comparte vivencias duras sobre todo de parte de su familia, pero también experiencias inolvidables en lugares y con personas que quedaron grabados en su memoria por siempre. 

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Diseño editorial y corrección
Roque Arena no realizó una gran cantidad de ejemplares del libro “Yo, Roque. Estucados de mi vida. Relatos con enduido”. Más que nada, tuvo por finalidad entregarlo a sus familiares, allegados y seres queridos.

El diseño editorial fue realizado por Mariana Brodd, mientras que la corrección ortográfica y gramatical estuvo a cargo de Ana Lisa Rybner. Zona de los archivos adjuntos