Sociales

Crisis en Venezuela

Con el miedo como mochila

27|01|19 10:40 hs.

Leo es un joven más en la arena de Villa Gesell, lo distingue un poco su profesión, ya que es fotógrafo de playa. Algo que en su Venezuela natal lo era pero en fotoperiodismo. Tiene 24 años y se le nota su hablar pausado y tremendamente respetuoso. Pero algo en su mirada denota la desconfianza, el no sentirse seguro a pesar de que cuando LA VOZ DEL PUEBLO lo entrevistó le dijo que sólo figuraría el nombre. 


Es porque Leo no la pasó bien en su país y pese a que hace cuatro meses que reside en Argentina, todavía el miedo se refleja en sus ojos. Pero con el conocido respeto que tienen los caribeños, se presta a la charla. Tiene una mirada franca y refleja que a nuestro país vino cargado de ilusiones, algo que en su Venezuela no pudo concretar. 

Lo primero que se nos ocurre, luego de preguntarle por su nacionalidad, es saber si esta realidad que se muestra en los medios de información es tan así a lo que él asegura que "es mucho peor de lo que se cuenta y ves. Allá una de las cosas que priman hoy por hoy es la violencia. Yo en Buenos Aires –donde reside- he presenciado alguna discusión en un metro (subte) o el bus pero no pasa más de esto. En mi país la mayoría de las discusiones terminan a las trompadas, es como que la gente está más que sacada y ni hablar cuando cae el sol…", dice contando su experiencia.

Estar detenido 
Su profesión en su país era la de fotoperiodista. "Con esto lo que quería reflejar era que en las marchas que se manifestaban contra Maduro no había violencia. Pero en una de ellas apareció la seguridad y tuvimos que correr porque nos golpeaban. Uno de mis compañeros cayó al piso y yo lo ayudé a levantarse pero cuando me quise reincorporar ya los policías me habían puesto 'los ganchos'. Todavía se puede ver en un vídeo la tapa del objetivo de mi cámara rodando en el piso mientras me detienen. Estuve preso durante tres días, junto a otros colegas, en una celda de 4x4 con presos comunes. Una experiencia muy fea ya que nosotros nada teníamos que ver con el resto de los que estaban detenidos. Por suerte, yo no perdí mi cámara ni me sacaron la memoria pero a un compañero mío se la rompieron", cuenta y se nota que no la pasó para nada bien. 

Esto de sentir que lo llevan detenido se dio también en nuestro país "porque un día venía caminando y una mujer policía de la Departamental de Quilmes me conminó para que fuera testigo de un procedimiento. Yo como todavía no tengo el DNI le decía que hacía poco tiempo que estaba acá y que sólo tenía mi cédula venezolana, que ella me había quitado. Fue muy fuerte la situación pues ella me decía que yo debía ser testigo sí o sí, que no me podía negar pero como me retenía mi único documento pasé un momento muy feo recordando lo de mi país. Por suerte me serené y todo cambió, de todas manera fue mi única situación conflictiva en Argentina", recuerda.  


Emigrar, para muchos, es la única y dolorosa salida


Irse de Venezuela 
La partida desde su país fue tremendamente dura y Leo la describe con mucha tristeza porque "el ver que mis padres apoyaban sus manos en el autobús cuando partí hacia Brasil es algo que no voy a olvidar. Ellos quedaron allá y mi objetivo sería poder traerlos para Argentina, para esto trabajo duro aquí. Yo pensaba quedarme en Brasil pero el idioma fue uno de los condicionantes. Cuando llegué a Buenos Aires hice de todo, hasta trabajé catorce horas diarias en un lavadero de autos. Ahí sentí bastante la discriminación porque un compañero que trabajaba conmigo siempre me decía 'por qué no te volvés a tu país'. Yo simplemente quería trabajar y nada más, pero fueron pocas las experiencias desagradables por las que pasé". 

Para poder salir de Venezuela debió hacer muchos sacrificios, fundamentalmente en cuanto a la comida. Esto para poder ahorrar a tal extremo que sólo almorzaba una manzana y cenaba arroz con huevo o combinado con otra cosa. 

Su dieta hizo que en la actualidad, si bien está mejor desde lo económico, no pueda "como mis otros dos compañeros (también venezolanos), hacer una buena comida –dice sonriendo-. Ellos están acostumbrados a este país y cuando cenan o almuerzan lo hacen como un argentino algo que yo todavía no puedo porque mi estómago no lo tolera". 

Contactos en Argentina 
En nuestro país los inmigrantes venezolanos asilados no pueden recurrir a su embajada, pero como Leo cuenta hay diferentes páginas en Internet, Facebook e Instagram que les permiten tener asesoría en cuanto a la forma y papeles que deben hacer para sacar su documento nacional de identidad. También tienen bolsa de trabajo o a través de las redes les informan qué lugar o empresa solicita un empleado; así como las aerolíneas con los precios más bajos en los vuelos para volver a visitar a sus familiares o amigos en Venezuela. 

Busca estar en contacto con sus connacionales, mientras termina de establecerse en nuestro país. A pesar de su buena educación y su predisposición al diálogo, hay una constante que es el miedo. Varias veces tratamos de lograr reunirnos con sus otros compañeros en Villa Gesell, infructuosamente; seguro el miedo y la desconfianza sumado a la preocupación porque "mi familia todavía está allá", los persigue a todos lados. 

Quizás este tiempo en las playas de la mencionada ciudad, adonde llegó por un contrato de una empresa de fotografía de playa, haga que de a poco se sientan, tanto Leo como sus dos compañeros –una mujer y un hombre-, más confiados y seguros que acá "no pasa nada". 

Igualmente es joven y las experiencias que vivió en su país, salir sin su familia, residir en Buenos Aires lejos de sus afectos lo hacen sentir solo. Explica, en este sentido, que “muchos de mis amigos están en Perú”. Esa soledad que deben sentir muchos venezolanos que, como este joven, pueden contar su experiencia de vida, pero el miedo los acompaña a todos lados.