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La Ciudad

Una extensa historia comercial

El adiós a Los Porteños

14|04|19 02:01 hs.


Hace pocos días, en silencio, cerró el tradicional comercio de diarios y revistas Los Porteños, cuyo local estaba ubicado en Colón 575. Es la culminación de una trayectoria extensa y de mucho esfuerzo, que atravesó distintas etapas de Tres Arroyos. 

Juan Davantés llegó a la ciudad a fines de la década del ’20 y fundó con su amigo Luis Mancuso, la agencia distribuidora de diarios y revistas Los Porteños. Así nació la sociedad Mancuso y Davantés, que con el tiempo fue reconocida por su trabajo. 

Desde muy chico, Davantés había sido canillita. El emprendimiento prosperó de muy buena manera. Los testimonios que quedaron de entonces, fieles postales de época, dan cuenta de un gran movimiento en la estación del ferrocarril cuando las publicaciones llegaban en tren. Un verdadero acontecimiento, para acceder a un diario de la capital federal u otro material de lectura. 

Con el paso del tiempo, resultó más sencillo comprar los ejemplares de los matutinos provenientes de Buenos Aires u otras grandes ciudades. Muchos vecinos detenían su marcha en Colón, a metros de la intersección con Pedro N. Carrera, para observar las ediciones ubicadas sobre mesas y amplios exhibidores. También libros de distintos géneros y colecciones, que se incorporaron a la diversidad de productos editoriales ofrecidos a los tresarroyenses. 

Un lugar de referencia, en el centro de la ciudad, que desarrolló una actividad intensa. Lo mismo sucedió en las instalaciones ubicadas en calle Chacabuco, en similar altura, donde la agencia realizaba las tareas de distribución. 

La relación con este diario siempre fue cercana y afable. La Voz del Pueblo, desde muy temprano, tuvo su espacio destacado en el comercio, uno de los puntos de venta que fortaleció el vínculo cotidiano con los vecinos. 

Nuevas generaciones hicieron sus aportes, con dedicación y cariño. Fueron protagonistas, como es el caso de la familia Losada, hijos y nietos de José Mancuso, quien fue el alma del negocio durante muchos años. 

 Llegó el momento de la despedida. La nostalgia seguramente es inevitable en tales circunstancias. Pero quedará para sus propietarios y allegados, la satisfacción por todo lo hecho. Que es mucho y bueno.    

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