La Ciudad

Solidaridad

Viviendo en un comedor

01|07|19 08:08 hs.

Una joven pareja de padres de dos niñas muy pequeñas necesitan ayuda para salir adelante. Hace meses que viven dentro de un comedor barrial solidario, duermen en el piso, no han logrado conseguir trabajo, y la única ayuda social que reciben es la asistencia que una familia les provee sumado a un plan comunitario que comenzaron a recibir desde hace poco tiempo, con el que pueden comprar los pañales y poco más. 


Jesús Hernández tiene 24 años de edad y es oficial albañil, su pareja y madre de sus hijos es más joven aún. María Eugenia Ponce tiene 22 años, y juntos llegaron desde San Juan en busca de un mejor porvenir. Son padres de dos niñas, una de un año y medio y la restante, de cuatro meses.

Desde comienzos de año viven en un espacio que una familia de trabajadores les hizo en su casa, donde además funciona el comedor de las payasolidarias, sobre calle Jujuy 1042. 

Una para ocho
“Somos ocho viviendo en una casa, no tenemos más recursos para brindarles”, afirma Cristina en alusión al techo provisorio, la calefacción y la comida. “No tienen muebles, no tienen nada. Pedimos ayuda para ver si le podemos conseguir algo, para que puedan alquilar algo y un trabajo”, expresó en declaraciones a LA VOZ DEL PUEBLO.

Por medio de este diario, la joven apela a conseguir ayuda de dónde sea. “Que la Municipalidad o quien corresponda se haga cargo de la situación, o que recibamos algún recurso para poder ayudarlos”, dijo Cristina que además impulsa en su propiedad –junto a una amiga- el funcionamiento de un comedor barrial donde diariamente asiste una numerosa cantidad de niños. 

“Tenemos 50 chicos en el comedor, más la familia que es un gasto de todos los días porque las nenas usan pañales, leche de 0 a 3 años, más lo que requieren dos criaturas, y más aún, estando sin trabajo”, indicó para describir el cuadro que deben enfrentar a diario, sin más recursos que los que solidariamente la gente les acerca para el comedor.  

Una alternativa 
De todas maneras contó que con su esposo están dispuestos a generarles un espacio fijo. “Tenemos un patio de 50 metros donde ahora con mi marido estamos edificando dos piezas arriba y una abajo, para que ellos puedan quedarse. De hecho les ofrecimos un lugar y les estamos construyendo una pieza para que se queden a vivir”, confió. 

Igualmente dijo que para ello necesitarían ayuda como “materiales”, mientras Jesús pone la mano de obra, al ser albañil. Remarca Cristina que sólo con la voluntad no les alcanza para poder ayudar a la joven familia. “No nos alcanza con lo que trabajamos para mantener 50 chicos, y además a una familia. No me molesta que se queden en mi domicilio pero necesitaríamos ayuda para poder ofrecerles”, sostuvo mientras explicó que al joven sanjuanino se le complica conseguir trabajo en su rubro “porque no lo conocen”. 

Cristina Ruiz y Daría Belén logran sostener con ayuda de vecinos, por redes sociales, un comedor al que concurren diariamente 50 niños, en calle Jujuy 1042



La llegada 
La también payasolidaria contó cómo fue que conocieron a la familia procedente de San Juan. “El anteaño pasado llegaron cuando la nena mayor tenía dos meses, y ella pidió en los ‘vendo’ de las redes sociales ayuda por ropa, y un colchón de una cuna para su bebé”. 

Fue entonces que contactaron a la joven madre desde el comedor solidario, ocasión en que le dijeron que vaya a buscar ropa para la beba, y también donde le ofrecieron ingresarla al comedor, con alimentación porque estaba amamantando. “La ayuda empezó a surgir así. Durante un año ella fue al comedor y cuando se vienen de San Juan -luego de 7 meses- nos enteramos que estaba embarazada”, esperando a la que resultaría ser su segunda hija. 

Cuando María Eugenia estaba de ocho meses, corrían las celebraciones de fin de año. “Vivían en un ranchito de chapa con piso de tierra donde ahora está el Movimiento Evita en Aníbal Ponce 550”, contó Cristina quien también señaló que la precaria vivienda se llovía y tenía una instalación precaria de luz eléctrica. 

“Eran condiciones inhumanas y con el temporal del 1 de enero se les agujereó todo el techo, hacía un frío bárbaro y estaba por tener familia. Con mi marido decidimos darles un lugar en el comedor hasta que pudieran arreglar su situación. En ese momento estaban sin trabajo y la situación era complicaba con un bebé recién nacido y enfermedades. Se fueron a vivir al comedor, y siguen ahí”, describió. 

Duro contexto 
Con este duro contexto que no han podido modificar para mejor, decidieron pedir ayuda haciendo visible su situación. “Visto y considerando que no conseguimos un lugar para ellos porque los alquileres estaban arriba de cinco mil pesos, se piden requisitos que no podemos cumplir, están sin trabajo, fuimos a pedir ayuda a la Municipalidad donde nos mandaron a Desarrollo Social. Hablamos con Marcelo León que les dio un plan de 4000 pesos mensuales que lo cobran desde hace dos meses, que se da sólo por un período de tiempo”, contó. Y añadió que ese dinero en vez de usarlo en un alquiler –al que no pueden acceder y que tampoco podrían pagar porque no les alcanzaría para cubrirlo- decidieron comprar “pañales para las dos nenas, leche, y alguna cosita que necesitan”. 

En este contexto de necesidad para resolver –aunque sea en parte- el problema de la familia de Jesús y María Eugenia, el comedor de las payasolidarias sigue funcionando de lunes a viernes de 17.30 a 21; y los sábados 13 a 17. 

Allí Cristina Ruíz y Belén Daria logran sostener con ayuda de vecinos un sistema que permite brindar el servicio de alimentación a quienes más lo necesitan en el barrio de calle Jujuy 1042. “La gente nos ayuda desde el grupo de Facebook (Payasolidarias ts as), y con eventos como el que ayer se hizo con la concentración de motos en el Parque Municipal Angel Cabañas.