Opinión

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La buena noticia es que una vez más se puede decidir en democracia

04|08|19 10:10 hs.

Por Esteban Ernesto Marranghello

No por repetida, no por el compromiso que representa, no porque muchas veces nos preguntemos hasta dónde el voto nos produzca resoluciones esperadas, pocas veces logradas y muchas veces sólo una herramienta de “opción” y no de “solución”, cuando llegamos a sentirlo o al menos percibirlo, cada vez que se produce un cambio de gobierno y su accionar proyecta más decepción sumada a la anterior gestión, sin los logros esperados y necesitados. 

En muchas oportunidades los argentinos nos preguntamos con resignación, no exenta de pesimismo justificado, qué cambia votar, en la vida real y cotidiana de la sociedad, si lo obtenido casi siempre termina careciendo de los resultados esperados por medidas que sustenten decisiones que respondan a las auténticas necesidades y los justos reclamos, que normalmente se quedan esperando, la movilización de recursos materiales y humanos, industrializando los primeros y aprovechando la creatividad de los segundos, convocando a los que la posean y no a los “amigos o los parientes”, usuales parásitos del erario nacional. 

Federalizar en valor agregado a las producciones en su autóctona geografía, unificando prioridades, si fuera necesario, con atención subvencionada, acordes a su importancia económica y social, que proyecten un objetivo humano de distribución estratégica, con premios y castigos a los resultados que impliquen respeto a las normas y obligaciones que se impongan, con los límites que correspondan, útiles a cada sector en beneficio del conjunto. 

Alguna vez en este país deberán aplicarse correctivos a las acciones personales y de grupo que atenten contra la armonía de la sociedad. Todo esto en un combo de acciones con armónico accionar, pero siempre, si las cosas fueran de otra manera y la Argentina también. 

Campaña 
Cada juego tiene sus reglas y fundamentalmente la política, que presenta un escenario muy intrincado, en el que muchas veces los participantes fabrican un laberinto en el que resulta complicado transitar, buscando una salida difícil de hallar debido a sus propias contradicciones de conducta. 

En esto los argentinos somos especialistas, por lo que nunca nos otorgarían, “si existiese”, el premio “nobel” a la coherencia. 

En este “fárrago” de “idas y venidas”, de “lealtades y traiciones” se presenta otra ronda electoral en la que la ciudadanía se ve inmersa y debe involucrarse, por la lógica de la etapa comunitaria del tiempo político, con diferente intensidad e ingresando en la discusión, con aceptación y críticas por igual. 

Las ideas y las estrategias se enfrentan con firmeza y discusión sin ceder posiciones. 

Hay dureza, ironía, mentiras y verdades, pretendiendo con el uso de la libertad de opinión democrática, imponer sus criterios, sus planes, sus propuestas y sus candidatos. 

Aplausos y críticas por igual con expresiones que le otorgan particular colorido al proceso electoral, con discusiones entrecruzadas, como las “serpentinas” en un “corso” carnavalesco. 

El “corso”, la campaña, y las “serpentinas”, las respectivas acciones partidarias. 

Hay argentinos que critican estos acontecimientos de la actividad política, como rechazando las diferencias de opinión, hasta como un gesto de mala educación. Obvio error, sin opinión no hay política, sin política no hay democracia.  

Diferencias 
Las diferencias no están solo en la política sino en todas las manifestaciones de la vida argentina. El deporte, la cultura, la religión, el arte, en el campo, la ciudad, el trabajo, las universidades y los sindicatos, sin escapar las propias familias. 

Cualquier escenario es válido: un laboratorio o el hipódromo, una iglesia o una fiesta, un estadio de fútbol o el Teatro Colón, y así, etc., etc., 

Los argentinos discutimos todo, no me pregunten porque, no soy psicólogo, solamente periodista y he comprobado esta situación “de no acuerdos” en lugares muy dispares. 

Lo mismo en una cancha de bochas de un boliche de barrio que una exposición pictórica. Diferentes contenidos, distintos interlocutores, pero la discusión siempre está. 

En otras oportunidades se plantean que escapan livianamente a la racionalidad, con opinólogos de “flojos” argumentos como discutir: “si el viaje a la Luna fue o no un fraude” o “si el Papa Francisco es o no peronista”. 

Los argentinos somos así, yo no lo inventé y ustedes, señoras y señores lectores, tampoco. 

No hay manera normal para medir si más buenos o más malos. Definir la conducta de los argentinos en sus diferencias es un tema “para discutir”. 

La taba está en el aire 
Políticamente analizando, el país está “polarizado” en dos frentes claramente definidos y contundentemente decididos en dos propuestas mayoritarias. 

Entre los esgrimidos argumentos, el “miedo” es una de las sensaciones que sobrevuelan como argumento solapado, para el convencimiento a los votantes. 

Parecería que la realidad del país muestra una paridad que esgrime la polarización, desde los sectores en pugna. 

Los que tienen “miedo” que vuelva Cristina con su impronta política, a lo que se agrega un temor generalizado de los que tienen “miedo” que se quede Macri, para completar el fracaso de un país rumbo al abismo. 

Nadie debe aterrarse en demasía y sólo conservar el necesario raciocinio, que supere el clima electoral. 

Las discusiones en cuanto a propuestas son irreversibles y no está mal, porque la decisión será personal de cada uno. La política es así: en el presente, lo fue en el pasado y lo reiterará en el futuro.

La política no es la “edulcorada” imagen de una reunión social, se trata de la exigencia de aceptar la realidad instalada y definir, la sociedad, en su conjunto, el futuro que aspira, con la óptica de cada cual y la resultante final de ese conjunto. 

La herramienta es el voto y éste tiene un único decididor, el ciudadano y la ciudadana que lo emite, que en definitiva, solo y ante su conciencia, lo deposita en la urna. Esta mostrará en el escrutinio la voluntad de los argentinos que debe ser naturalmente aceptada. 

Siendo lo más importante para destacar, por sobre el resultado electoral, como positivo, una vez más, poder decidir en Democracia.