Opinión

Psicología

Ese amor único

25|08|19 12:25 hs.

Por Claudia Torres (*)


Las emociones nos acompañan desde el comienzo de nuestra especie, podríamos decir que son ancestrales. El amor es una emoción convertida en sentimiento, muchas veces es irracional, ilógico, impensado… seguramente les ha pasado el ver una pareja y preguntarse cómo ese hombre se enamoró de esa mujer o viceversa… simplemente no fue una unión pensada… pero si sentida. 

Sentir amor por alguien implica una serie de emociones intensas, una construcción que deberíamos llevar adelante con bases en el respeto, la confianza, el compañerismo, la pasión, entre otras cosas. 

¿Pero qué pasa con ese otro amor que muchas veces dejamos de lado? De ese amor por nosotros mismos, de esa variante de esta pasión interior… el amor propio. 

De una manera simple, podríamos definirlo como el respeto hacia uno mismo, la manera en que nos valoramos. Solemos escuchar que seremos queridos por los demás, siempre y cuando, previamente seamos nosotros quienes nos queramos. Por este motivo, la autoestima es el elemento esencial de esta versión del amor. 

Depende de lo que pensamos de nosotros mismos (autoconcepto) y se refleja en lo que nos exigimos, por ejemplo, ponernos mentas inalcanzables y después reprocharnos por no haberlas cumplido, lo que revela la responsabilidad que tenemos ante nosotros mismos. 

Podemos decir, entonces, que la importancia del amor propio reside en la propia formación de la personalidad, además de nuestra competencia social, ya que influye sobre cómo nos sentimos, cómo pensamos, cómo conocemos y cómo nos valoramos 

Entre los factores que pueden perjudicar la capacidad para apreciar lo que somos y a la vez valorarlo, podemos observar que uno de los más importantes es el haber crecido en medio de un entorno familiar en donde el amor propio de sus miembros, también era escaso. Los padres con una pobre idea de sí mismos, generalmente transmiten la misma creencia a sus hijos. 

La falta de amor propio en la crianza se manifiesta como maltrato, distancia emocional y/o física, crítica excesiva, descalificación o indiferencia. No hay reconocimiento del valor personal del niño. Sin darse cuenta, el pequeño aprende que sus sentimientos y necesidades no tienen mayor importancia para los seres que sí son los más importantes para él. 

Tengamos en cuenta que esta situación podría hacer que se desencadenen una serie de acontecimientos asociados. Quien tiene poco amor propio está más expuesto a los abusos fuera del hogar: no sabe cómo defenderse y no está seguro de que tenga el derecho a hacerlo. También suele tener un nivel menos adecuado de desempeño en sus labores. 

En la vida adulta, muchos siguen cultivando hábitos para sobrellevar su falta de amor propio. Son una especie distractores o escudos emocionales. Costumbres que buscan reafirmar su idea de que poco valen. Así levantan una muralla de defensa contra su propia vulnerabilidad. 

Entre estos hábitos podemos destacar la descalificación que nos realizamos, cuando hablamos mal de nosotros mismos, es estar atrapados en esas críticas del pasado y que ahora utilizamos para no olvidar que no tenemos derecho a mirarnos de otra manera. Somos más de todo aquello que nos dijeron, tenemos que empezar a aceptarnos y ver más allá de la mirada de los otros. 

También podría suceder que ante las dificultades, respondemos a las mismas sintiendo lástima de nosotros mismos. Nos victimizamos, nos podemos ver como un niño impotente que debe resignarse a las situaciones negativas, sin poder hacer nada al respecto. Sin tener en cuenta que contamos con recursos para enfrentar diferentes situaciones. Que lo importante no es lo malo que ocurre, sino cómo lo recibimos y qué curso le damos. 

Quien tiene poco amor propio tiende a ver la vida en términos de modelos ideales. Le cuesta proponerse objetivos modestos y valorar los logros obtenidos. Siempre está pensando que debe alcanzar más y que lo conseguido, tal vez no es importante. Es una trampa inconsciente para quedar siempre en deuda con uno mismo. 

El amor propio es algo que normalmente es visto de un modo muy distorsionado, ya que la mayoría de las personas piensa en él como si fuese el resultado de llegar a ciertos objetivos que supuestamente todos compartimos: ser popular, tener un cierto poder adquisitivo, tener capacidad para resultar atractivo, etc. 

Si no tenemos amor propio, nada de lo que hagamos será suficiente ni valorable. Nuestros éxitos no valdrán nada en comparación con los logros de los demás. El amor propio puede ser tan importante que nos llevará a cambiar radicalmente nuestros objetivos a corto, medio y largo plazo. Por eso es necesario detenerse a escucharlo y regular bien las emociones que lo median a la hora de proporcionarnos una mirada con la cual nos juzgamos a nosotros mismos. 

El amor propio es un ingrediente muy importante para gozar de bienestar psicológico. Se haga lo que se haga, si no le damos valor, no tendrá ningún significado ni contribuirá a que nos sintamos bien con quienes somos. 

Los demás solo aman y respetan a los que se aman a sí mismos. 

Paulo Coelho, novelista y dramaturgo brasileño. 

(*) Lic. Claudia Eugenia Torres 
M.P. 40256 
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