La Ciudad

Los Valerio

Le corre pintura por las venas

21|09|19 20:06 hs.

Por culpa de los hermanos Alfredo y Néstor, el apellido Valerio es sinónimo de pintura. Sin embargo, en la charla pactada por celebrarse hoy el Día del Pintor, Alfredo confiesa que de chico nunca había tenido atracción por el pincel. “Yo soy mecánico, estudié de noche y me recibí. Pero me incliné por la pintura por lo económico, me rendía más”, cuenta sentado en su oficina ubicada al fondo de salón de ventas de la pinturería Mundo Color.


“Y cuando a empecé a pintar no me gustaba, después le fui tomando el gustito y a la pintura la llevo adentro son muchos años”, agrega Alfredo, que hoy tiene 54 años y agarró el pincel por primera vez a los 13. 

La relación entre Alfredo y la pintura comenzó luego de que se terminara su experiencia como cadete de una farmacia. La necesidad de tener que trabajar hizo que se comunicara con un pintor que pedía ayudante a través de un aviso en el diario. Así empezó y no paró más. 

“Trabajé con ese pintor dos años, después me fui con Roberto Belén -una excelente persona-, y ya a los 20 años empecé los fines de semana por cuenta mía. Así me fui armando una clientela y a los 23 años me largué solo, y ahí vino mi hermano a trabajar conmigo, que hoy también es mi socio en la pinturería”, recuerda. 

Los hermanos llegaron a tener 45 empleados y se especializaban en pintura industrial. “Pintábamos los Easy, los Vea, los bancos Francés, Nación, la maltería Quilmes, Molinos Tres Arroyos. Hasta que en 2006 surgió la posibilidad de comprar la pinturería”, cuenta. 

Los hermanos no lo dudaron, habían armado un circo demasiado grande y cada vez tenían más complicaciones. “Yo digo que cambió todo después del año 2000. Hasta ahí era un país donde la gente quería trabajar, salir adelante, pero después entró en un caos general, y falta de educación y vocación de trabajo. Y arrancó el negocio del juicio. Entonces contratabas 10 personas para hacer un trabajo, y a los tres meses cuando se terminaba el contrato, con cinco tenías problemas. Así que terminabas perdiendo la ganancia de ese trabajo”, asegura. 

La decisión fue comprar la pinturería y achicar la estructura. Néstor siguió pintando, pero con un equipo reducido. A 13 años de aquel cambio, Alfredo cuenta que “extraño la libertad de andar por todos lados. Ahora me paso todo el día adentro de una oficina. La libertad del pintor y el hecho de cambiar de lugar muy seguido, es impagable”, dice.


Alfredo y Coco detrás del mostrador del local de la calle 9 de julio al 500


“El rubro está bien”
A la hora de analizar la actualidad del rubro, Alfredo indica: “La actividad de la pintura está bien. Parece extraño decirlo, pero es así. Está bien porque se ha construido mucho en Tres Arroyos en los últimos diez años y venimos agarrando una cola de un montón de obras grandes, muy grandes. Yo hace 15 años que ya no estoy en la parte de aplicador, de pintor, y cuando yo trabajaba una obra grande, una casa grande, eran más o menos 130/140 metros cuadrados. Hoy si das una vuelta por Dunamar la mayoría de las casas tienen 400 metros cubiertos”. 

Y agrega: “La última década ha sido muy buena para la construcción, y atrás viene el pintor. A eso se le suma que el pintor no sólo pinta casas nuevas, sino que repinta. Entonces los pintores con más años, ya con una trayectoria, es muy raro que estén sin trabajo”. 

Pero no todo es color de rosa para los pintores, porque si bien la mayoría tiene trabajo, son muchos los que sufren por dificultad de conseguir colaboradores. “Yo conozco cuatro o cinco pintores que trabajan con nuestra pinturería, que necesitarían cinco o seis empleados más y no los consiguen. Uno de los problemas más comunes es que si te sale un trabajo en un campo no quieren ir si no hay señal de celular”, explica.

Respecto al impacto que ha tenido en los precios y en la dinámica de la pintura la devaluación y la crisis económica profundizada luego de las PASO, Valerio cuenta: “Tuvimos aumento, pero al lado de otras cosas la pintura fue la que menos aumentó. Creo que las fábricas estaban con un dólar alto, y como las ventas eran un poco más bajas, hubo algunas empresas que no aumentaron lo que subieron las cosas en otros rubros. Mientras que en otros productos se hablaba de un 25 / 30% de aumento, la pintura no llegó al 20%”. 

Alfredo no se volvió loco con lo ocurrido, explica que “estas situaciones ya las hemos vivido varias veces. La forma de afrontar estos problemas, en el caso nuestro, es teniendo un buen stock, que es lo que te defiende. Y después tener un buen trato con los clientes y darle buen servicio”.

En el cierre, Valerio les manda un saludo a sus empleados, a sus clientes y a sus proveedores. Todas piezas fundamentales para que a él le siga corriendo pinturas por las venas muchos años más.