La Ciudad

Recitales y entrevistas

Las visitas de Cacho Castaña a Tres Arroyos

16|10|19 01:53 hs.


Cacho Castaña visitó Tres Arroyos en más de una oportunidad para presentar sus canciones, con un acompañamiento afectuoso y un reconocimiento del público de distintas edades. 

Tuvo a su cargo el cierre de la 35ª Fiesta Provincial del Trigo, el domingo 7 de marzo de 2004, y la crónica de La Voz del Pueblo sobre su actuación llevó como título: “Cacho Castaña: voz y estampa de buen cantor”. 

En la descripción del último recital de la Fiesta, se indicó que “desde el primer momento, este popular cantante, que sabe de escenarios, conquistó a la platea estableciendo una comunión con la gente, lo que hizo mucho más familiar el espectáculo”. 

En forma previa, subieron al escenario mayor artistas locales y cantó también Mónica Posse. 

En una conferencia de prensa, antes de su actuación en la Fiesta, consideró –entre otras apreciaciones- que “la música es una sola y de repente la única diferencia es que puede estar bien o mal tocada”. 

Fue consultado sobre la manera en que veía a los argentinos en aquel momento, hace más de quince años: “Hay gente que está animada, gente que no, hay gente con esperanza y otra que no, es una fiebre de cosas. Estamos en un momento muy especial, ojalá las cosas le vayan bien al presidente (por Néstor Kirchner) y a todos los que manejan nuestro destino”. 

Mano a mano 
Este diario lo entrevistó en distintas ocasiones. Del archivo, compartimos parte de una nota realizada en mayo de 1982, cuando brindó un recital en Tres Arroyos. 

Por entonces, dijo que “tengo un estilo en cuanto a la música ligera, es la de “Quieren matar al ladrón” o “Cara de tramposo”, que se convirtiera en una tendencia musical que logré imponer. Los que surgieron detrás dicen ‘es el estilo de Castaña’. El mío es dispar. Soy nativo de Géminis, somos medio locos. Un día me gusta el folclore, el tango y otro día lo melódico. Considero poder hacerlos auténticamente. Vivo haciendo lo que me gusta, es uno de los placeres más grandes”. 

Reflexionó además que “lo importante de estos años es, además del sacrificio inquebrantable, la constancia en los objetivos” y admitió que, en ocasiones, debió superar “dolores, sufrimientos y altibajos”. 

Habló del éxito y lo consideró “muy difícil. Tampoco lo llega a determinar el público. Estudié doce años música. Estudié otros cinco en el Conservatorio de Música. Al terminar concurrí a las compañías discográficas y allí me di cuenta que no sabía lo esencial: vender discos. Entendí casi todo. La música la tuve que guardar. Mezclé muchas cosas. Hice un cóctel con un poco de música, un poco de olor a plata, salsa y tuco para que el público l comprara. Más tarde buscás que el producto sea más higiénico e imponer toda tu capacidad”. 

En este sentido, hizo referencia a “la otra parte irónica de la historieta. Si hacés buena obra con cuarenta violines, cincuenta músicos, el mejor arreglador, utilizás la metáfora y todo el diccionario, de pronto la gente que siempre siguió sus composiciones te tilda de loco y los otros, la minoría elitista dice: ‘Este se está haciendo el filósofo conmigo’ y tampoco te lo creen. Ellos no te compran los discos. Los jóvenes son quienes lo hacen”. 

Observó que “es fácil recordar cuando los Bee Gees surgieron a la fama junto a Travolta. Ellos eran la música, pero en nuestro país hubo un cantante llamado Daniel Magal y su ‘Cara de gitana’ que batió records asombrosamente. Hay público para todo”.    

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