Opinión

Psicología

¿Somos cómplices los dos?

03|11|19 20:08 hs.

Por Claudia Torres


Y de repente, las miradas se cruzan, se siente en el ambiente algo distinto, como que no es importante usar palabras para decir lo que me pasa… aquello que me gustaría expresar parece que ella lo sabe con sólo mirarme… 

¿Cuántas veces pasé por situaciones así? ¿En cuántas oportunidades pude percibir esto con alguna persona en especial? 

Ser cómplices o sentir ese estado de complicidad con otros, en cierta medida, nos proporciona un vínculo o lazo muy especial con esas personas. 

La primera definición de cómplice en el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española es que manifiesta o siente solidaridad o camaradería. Un gesto cómplice. Otro significado de cómplice en el diccionario es participante o asociado en crimen o culpa imputable a dos o más personas. Cómplice es también la persona que, sin ser autora de un delito o una falta, coopera a su ejecución con actos anteriores o simultáneos.

Pero no vamos a hablar sobre la complicidad en un delito, sino de aquella que se entrelaza con los afectos, ya sea entre padres e hijos, entre hermanos, amigos o parejas.

La complicidad entre dos se da cuando no hay secretos en las miradas, en los gestos o en los abrazos. Son esas personas, que aunque les digamos que todo está bien, con sólo mirarnos o escucharnos, saben que no lo está. No son adivinos pero nos comprenden más allá de las apariencias. 

Este tipo de información se transmite normalmente, de forma inconsciente. Seguramente habrás podido comprobar cómo alguien afirma algo y la expresión de su cara dice totalmente lo contrario. Se trata del poder del lenguaje no verbal, que aunque se puede llegar a manipular, lo normal es que nos cueste más modificarlo que las palabras y esto es algo que sucede en todas las relaciones por igual. 

La comunicación no verbal en las relaciones es muy importante, porque en ocasiones hasta la mínima gesticulación o el simple hecho de no hablar también es una forma de comunicar o expresar algo. Todo esto forma parte de nuestra personalidad y nuestra forma de actuar. 

Entre dos personas cómplices se crea una atmósfera que se convierte en una suerte de vínculo emocional que llega a enlaza las emociones y los sentimientos.

La complicidad es parte esencial de una amistad; se trata de la unión entre dos sujetos que implica un profundo conocimiento del otro, de sus necesidades, de sus gustos, de sus puntos débiles y de sus fortalezas. Ser cómplice de alguien, dentro del contexto de las relaciones interpersonales, significa estar juntos física y mentalmente, entenderse y completarse mutuamente. 

También podemos observar que en una pareja esto es de suma importancia. Son cómplices quienes se involucran en una relación de afinidad y confianza mutua, donde los vínculos y el sentimiento por el otro son la base sobre la cual se cimienta esa relación amorosa. 

Construir una relación de pareja con una fuerte dosis de complicidad requiere del convencimiento pleno de que esa persona es con quien deseas estar y sobre todo, la confianza, el respeto y la atención diarios formarán parte de esa unión. 

Una de las relaciones donde se hace más evidente el significado de la complicidad, es aquella que se crea entre hermanos. Con ellos aprendemos por primera vez lo que significa tener celos, pelearnos hasta perder el aliento y descubrir el significado de esta palabra. Pero como todas las relaciones intensas, no están exentas de conflicto. El tiempo a veces crea barreras cada vez más difíciles de superar, nos centramos en nuestra propia vida y en ocasiones nos distanciamos. Pero el ser cómplices de diversas aventuras quedará siempre como aprendizaje. 

La complicidad madre-hijo o padre-hijo es la raíz por la cual se nutre la Inteligencia Emocional que le hará ver al niño desde bien temprano, que las emociones tienen poder, que la conexión con la mirada tiene un lenguaje propio, que las sonrisas relajan y que estar cerca nuestro es gratificante para ellos. 

La complicidad que podemos crear con nuestros hijos, no tiene horarios ni se programa en una agenda, simplemente, se da, cuando logramos prestar atención en el momento oportuno. 

Necesitamos tiempo de calidad con nuestros hijos para crear y afianzar ese vínculo especial donde podemos conectar con ellos, donde entender sus necesidades, donde ellos nos vean como la persona que los puede contener y en quien pueden confiar. Cuando logramos darles el espacio y el lugar necesario para que ellos expresen todo aquello que creen necesario contar. 

Lograr ser cómplices de otros y con otros nos nutre en nuestras relaciones interpersonales de una manera única, intentemos crear ese vínculo y disfrutemos al reconocerlo 


Lic. Claudia Eugenia Torres 
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