La Ciudad

A nueve meses de un asalto violento en Reta

Pese a todo, con el alma llena

08|12|19 13:41 hs.

Por Alejandro Vis 


Este verano, la panadería Costa del Sol en Reta va a permanecer cerrada. El violento asalto que sufrieron sus propietarios, en la noche del 11 de febrero pasado, selló el destino del comercio. Es un hecho que marcó -y no podía ser de otra manera- a las víctimas: Sebastián Laborde, su esposa Edurne Bastida, quien estaba embarazada, la hija de ambos Jana Zoe, y Teresa Gasparoli, madre de Sebastián. 

Las persianas de la panadería se bajaron de manera definitiva el viernes 15 de febrero. Colocaron sobre ellas un cartel, con la lista de lugares donde vecinos y turistas podían seguir adquiriendo los productos Costa del Sol, así como los alfajores Delicias de mi Abuelo que también ellos producen. Al pie, expresaron un mensaje de agradecimiento por todo el apoyo recibido. 



Hace poco más de siete meses, la familia se amplió con el nacimiento de Sofía Nerea. Una luz enorme en un tiempo que no es sencillo. La realidad impuso la necesidad de hacer diversos cambios, en la actividad comercial y en la vida familiar. 

Aunque las persianas estén bajas y el local en venta, la producción no se interrumpió. Claro que será una temporada distinta, sin un contacto cotidiano y directo con los clientes. Sebastián y su esposa Edurne, junto a la beba Sofía Nerea, brindaron su testimonio en La Voz del Pueblo, reflexionaron sobre lo sucedido y describieron la manera en que transitan la nueva etapa.

Lo que se pierde 
Sebastián explica que “en ese momento, cuatro días después del asalto, se bajaron las persianas hasta después tomar la decisión final. La producción está en marcha, lo que no seguimos es la parte diaria de panadería. La fábrica de alfajores continuó y de aquellos productos que no son del día a día como pan negro, pan dulce, especialidades dulces y saladas. No hacemos pan y facturas, por ejemplo”. 

El verano pasado, también dejaron de vivir en Reta. “Hasta terminar la temporada viajamos a hacer toda la producción que podíamos y regresábamos a Tres Arroyos a descansar”, recuerda. 

Observa que “así fue como lo pudimos encarar, no hay mucho lugar para buscar algo racional, es una cuestión tan interna. Con la inseguridad se pierde la confianza y la tranquilidad. En esos cuatro días que seguimos abiertos, teníamos que llamar a que lleven un patrullero a las tres de la mañana para poder abrir la puerta, porque en el verano estás 18 horas trabajando; llegaba la tardecita o noche y se hacía muy difícil”. 



Aunque los allegados, amigos y personas cercanas les decían que los delincuentes no van a volver, surgían las imágenes del asalto. “Tenés una angustia o vacío que se fue acrecentando en la medida en que salimos de ese estado de shock. Cuando cayó la ficha. El viernes 15 al mediodía decidimos cerrar”, puntualiza. 

Un cierre abrupto, luego de una rutina de diez años para Sebastián, que se extiende a prácticamente 25 años desde el inicio del desarrollo comercial de su familia en Reta. “Cambió mucho para nosotros”, señala y se concentra en el caso de su madre: “Es un poco la más afectada emocionalmente. A la edad de ella, las cosas se ven de otra manera y pegan de otra forma”. 

El camino
En la temporada pasada, durante los comienzos, la visita sorpresiva de un equipo periodístico de Telenoche llevó a la panadería Costa del Sol y a los alfajores Delicias de mi Abuelo a tener una difusión nacional. Al igual que otros atractivos de Reta y Claromecó, incluidos en el informe realizado para el noticiero de Canal 13. 

Sebastián relata que “ese trabajo de Telenoche fue casi de casualidad. Andaban dando vueltas periodistas, se armó rápidamente, fue muy lindo y nos llenó de orgullo. Uno no está acostumbrado a prender la tele en un medio tan masivo y verse”. 

Marca la diferencia con lo que ocurrió dos meses más tarde, con delincuentes adentro de la propiedad y nuevamente la repercusión en los medios de comunicación, pero a raíz de la inseguridad. “Es raro, arrancamos así y terminamos con otra exposición, también salimos en todos lados pero las placas eran diferentes”, indica. 


Sebastián y Edurne, con la más pequeña de la familia, en La Voz del Pueblo


Hace referencia a su esposa y las dos nenas. “Con una familia por detrás, uno tiene que tirar del carro. Digo siempre tirar y no empujar que no es lo mismo”, subraya. De inmediato, reitera que “estamos tirando del carro, no tenemos que perder de vista cual es el camino, el rumbo y el objetivo. Tratamos de ser lo más pensantes posibles y continuar desde otro lugar con el emprendimiento. Es barajar y dar de vuelta”. 

Con convicción, manifiesta que las situaciones hay que enfrentarlas. “Y no preguntarse porqué sino para qué -agrega-. A lo mejor uno empieza a replantear un poco los objetivos, se comienzan a desandar caminos que por ahí terminan generando otros equilibrios, que también estábamos buscando”. 

En este sentido, comenta que “el trabajo de temporada es extremadamente intenso y muy estacional, después la actividad en Reta disminuye de manera muy notoria. Se genera un desbalance al manejar la continuidad laboral, quizás ahora podamos encontrar ese equilibrio”. 

La frase 
Sebastián es el eslabón actual de una tradición familiar. Es que sus abuelos maternos Ernesto Gasparoli y Ana Luisa Martín; y luego sus padres Osvaldo Laborde y Teresa Gasparoli; fueron propietarios de panadería La Rosa. Posteriormente, abrieron El Buen Gusto y en la década del ‘90 surgió Costa del Sol, el emprendimiento turístico de temporada en Reta (Ver recuadro). 



Estudió y se recibió de contador público en la Universidad Nacional de La Plata, ciudad de donde es su esposa. A ella no la conoció en la capital provincial, sino en Tandil. Cuenta que “la marca Delicias de mi Abuelo, que empecé a desarrollar yo años atrás, la plasmé en Tandil. Cuando falleció mi papá en 2009, el negocio de Reta quedaba sin continuidad, ahí se tomó la decisión, no tenía mucho que perder y me mudé”. 

En aquel tiempo no existía la ruta hasta Reta. “Llegué en pleno mayo, se experimenta la soledad. Me pude adaptar, encaré las primeras temporadas, al poquito tiempo llegó mi esposa y armamos nuestro núcleo duro”, relata. 

Edurne trabajaba en una panadería en Tandil y tenía pensado retornar a La Plata. “No quería saber más nada de panadería”, expresa con una sonrisa. Sin embargo, junto a Sebastián, siguió en el rubro; “cuando llegué por primera vez a Reta, que fue un 11 de enero, era como estar en casa -destaca-. Yo manejaba el tema de ventas, es algo que me gusta. Igual aprendí un montón, más que nada sobre alfajores”. 

Define con precisión como organizaban las tareas en Costa del Sol. “La cara visible era yo, las manos mágicas en la fábrica Sebastián. Y mi suegra hacía las relaciones públicas”, enumera. 

El traslado de la fábrica de Delicias de mi Abuelo de Tandil a Reta requirió de un proceso y un período de organización. Sebastián afirma que “invertimos durante varios años para armar todo el espacio de panificación, cambiando el horno y luego el resto de las máquinas. Aumentamos muchísimo la capacidad de producción en un momento clave, cuando Reta empezó a expandirse y la ruta trajo mucho más crecimiento, después de algunos años incorporamos la marca Delicias conjuntamente con Costa. Teníamos dos frentes de ataque con alfajores, pero todo salía de la misma producción”.



Venían con “una inercia de trabajo importante. Sabíamos que abríamos la panadería e íbamos a tener mucha demanda. Encaramos distintas líneas de crédito para incorporar nuevas tecnologías. Las máquinas tienen un nivel de operatividad muy sencillo, las podían manejar incluso chicos sin experiencia laboral en el rubro. Sí es necesario cuidar los detalles, hace a la diferencia al momento de presentar el producto”. 

Admite Sebastián que las inversiones y créditos solicitados “hoy nos pasan por arriba. Pero ya nos vamos a acomodar, obviamente”. 

Surge la sonrisa espontánea de su esposa. “Hace como tres temporadas mi suegra pegó un cartel, que quedó en una heladera. Decía ‘Ya nos vamos a acomodar’. Es la frase de mi suegra”, confiesa.

Atendieron y prepararon el pan y todos los demás productos con amor. “Siempre fuimos muy inquietos -destaca Edurne-. Cada temporada queríamos darle algo nuevo a la gente, una bolsa, una etiqueta, recibirlos con una remera nueva, un gorrito que diga Costa del Sol. Por ahí cosas sencillas en lo que le estás ofreciendo a la gente, pero que tienen un valor; a nosotros nos hacía felices”. 

Sienten que, por estar razón, “la gente te respeta y muestra afecto”. Cuando pusieron el cartel de venta del local, “muchos en vez de preguntar cuánto cuesta, nos enviaban mensajes diciendo ‘los vamos a extrañar’. A todos les respondimos que seguiremos estando presentes, desde otro lugar”, reitera. 

Contenido emocional 
Las circunstancias se modificaron. Sebastián explica que “este año me puse un poco más al hombro la actividad, casi obligado por la organización que es diferente y con la beba tan chiquita. Es difícil para ella, después de tantos años de estar con actividad”. Edurne asiente: “Es la primera vez que estoy sin salir a trabajar, me falta algo; más allá de que mis dos hijas demandan mucho, no es lo mismo. Hace más de veinte años que siempre estuve con la atención al público, me falta una parte”. 

Están fabricando la línea de alfajores Delicias de mi Abuelo y el resto de los productos son Costa del Sol. “Dos marcas que tienen un contenido emocional para mi familia, mis hermanos y mi madre”, sostiene Sebastián. 

Teresa, la mamá, “se mantiene activa. Le gusta y le damos el espacio para que trabaje, siempre limitándola para que no exagere y se esfuerce demasiado, cuidándola”. 



Tienen presencia, por supuesto, en Reta con sus productos, en Tres Arroyos, Tandil y “tocamos parte del mercado en La Plata”. Buscan abrir nuevos canales de venta, una tarea que requiere de tiempo y paciencia. Sebastián analiza aspectos tales como “el packaging, las habilitaciones del Ministerio de Salud, las cuestiones bromatológicas. Son factores a tener en cuenta para poder hacer un emprendimiento serio y ser competitivos en cualquier góndola o mercado”. 

La experiencia es novedosa. “Siempre hay un poco de incertidumbre, pero lo que estamos haciendo lo que sabemos hacer. Estamos convencidos. Mucha gente confía en nosotros y te llena el alma”, exclama agradecido.

Las pequeñas Jana Zoe y Sofía Nerea son el motor de ambos. “Cualquier persona que haya experimentado ser padre o madre entiende de qué se trata, uno no puede claudicar porque nos necesitan”, coinciden. 

En el cierre de la entrevista, Sebastián habla de lo más importante: “Tengo la felicidad de llegar a mi casa y que mis hijas, junto a mi esposa, me reciban con una sonrisa. Es algo intangible, pero valiosísimo. Por ellas, no soy de la idea de que hay que dejar todo. Uno tiene que estar bien para poder derramar hacia la familia las cosas que son necesarias”.      

         --------------------------------------

Una historia comercial que abarca a tres generaciones

Panadería La Rosa, El Buen Gusto y en Reta, Panadería Costa del Sol forman parte de la historia comercial de la familia, un legado que desde los abuelos maternos llegó hasta Sebastián. La idea de hacer temporada en Reta “fue impulsada por mis abuelos, en compañía de mis padres. En esa época yo me encontraba estudiando, al igual que mis hermanos (Adrián Osvaldo y Mariana Andrea). Veníamos luego de terminar de rendir los exámenes”. 



Sebastián estaba radicado en La Plata, donde estudió contador público. “Conseguí trabajo en Buenos Aires, empecé a viajar y me retrasé. Pero el objetivo de tener el título llegó”, recuerda. 

Trabajó en la profesión, antes de dedicarse a la actividad comercial de manera plena. Le otorga relevancia a que “gran parte de lo que estudié me sirve para poder aplicarlo en un enfoque que va más allá de un comercio en sí, de tener una venta mayorista o minorista. Siempre lo he considerado como una posibilidad empresarial de darle un vuelo más importante, como lo veníamos logrando con Costa del Sol, hasta que decidimos cerrar”. 

Aunque durante algunos años tomó otros rumbos, “siempre quedó en la genética la facilidad para poder desarrollar este hermoso oficio, que tiene mucho de esfuerzo, como otras actividades también. Cuando los productos llegan a la gente y te dicen ‘que bueno que está, que bueno lo que hacés’, reconforta muchísimo”.