Opinión

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Año nuevo... ¿vida nueva?

29|12|19 17:43 hs.

Por Pablo Fuente


Como decía mi abuelo, “año nuevo, vida nueva…”. Lo escuchaba, me quedaba pensando en sus palabras para aplicar su vieja frase, y reflexionaba sobre qué parte de mi vida debía cambiar para que las esperanzas renovadas surtieran efecto. En otro sentido -o en el mismo-, también desde ese pensamiento pero extensivo a nuestra sociedad local y en general del país, seguramente levantábamos las copas por una “nueva vida” esperanzadora de paz y éxito nacional, abundancia de salud, trabajo, mayor felicidad y bienestar general. 

Casi con el año que se avecina, nuevamente muchos argentinos tienen esperanzas en la nueva conducción del Estado, ya que el mandato anterior tuvo buenas y malas. Y sabido es que en Argentina las buenas son buenas para pocos y las malas son eso, malas o muy malas para muchos. 

Al cabo de dar los primeros pasos de gobierno, antes de los brindis por las Fiestas las esperanzas de algunos ya entraron en caída. Como el argumento siempre es el mismo, “el dinero que no alcanza”, con toda la sarta de “fundamentos” que lo justifica, desde las nuevas autoridades ejecutivas y legislativas comenzó lo que se ha dado en llamar “el impuestazo”. ¿Y por dónde? Por el que trabaja desde cualquier sitio y sobre todo por el que más riqueza produce. 

Tres Arroyos, con un Parque Industrial que es ejemplo nacional y en paulatina expansión, con mayores ofertas educativas terciarias para formar profesionales locales, y con una industria y comercio que sigue los vaivenes nacionales, depende fundamentalmente “del campo”. Quien niegue esta realidad sólo tendrá una somera mirada sin ver que muchos de los recursos que generan el movimiento económico de la ciudad -en la mayoría de sus rubros comerciales- provienen del agro. El campo es esa “industria silenciosa” que genera fuentes de trabajo en muchas otras actividades, directa o indirectamente tales como agronomías, semillas y agroquímicos, contratistas rurales, maquinarias y repuestos, transportes de cargas y logística, automotores, acopios y cooperativas, industrias, comercio en general, turismo, incluido también el rubro de la construcción -sea en la ciudad como en nuestras villas balnearias-. Muchos de los recursos que genera el productor los consume directamente en su propia ciudad sin necesidad de verlos retornar como fondos de coparticipación o reintegro del Estado a los municipios. 

El campo es esa “industria silenciosa” que genera fuentes de trabajo en muchas otras actividades, directa o indirectamente


La experiencia nos demuestra que la aplicación de políticas de retenciones excesivas a las exportaciones de granos llevará, a la reducción de la producción granaría, impactando directamente sobre los rubros antes nombrados. No es fácil proyectar, invertir y producir sobre ciertas pautas al inicio del ciclo y que en menos de un semestre -al tiempo de cosecha- cambian “las reglas de juego” para peor. La proyección de utilidades hecha al principio ya no será igual al final, ya no existe, por ende casi todas las actividades locales señaladas sentirán el impacto cual remezones comerciales. 

En un “Estado elefante” que no se achica nunca sino que siempre demanda más, la sociedad necesita del ejemplo de la clase política como para visualizar que ellos también pueden dar señales de “sacrificio” y solidaridad con los que menos tienen. 

Es mi modo de parecer que “sin campo no hay paraíso”. Ojalá que este nuevo gobierno tome medidas para generar fuentes de trabajo para los que no lo tienen; que todos seamos generadores de riqueza y bienestar y que la cultura del trabajo -ausente en muchos desde hace varias generaciones- no sea una utopía, pues el trabajo dignifica a la persona; y que de una vez por todas el Estado deje de ser el depredador de quienes producen y trabajan en este país para sostener a los que se mantienen en su “zona de confort”. 

Tres Arroyos, tierra de producción agropecuaria, aún ante el progreso tecnológico y las industrias en desarrollo, en todas sus arcas y actividades comerciales dependen del campo. No seamos necios u obtusos, históricamente somos agro dependientes. Por eso, por encima de cualquier política, tengo la esperanza que nuestra patria chica no pierda los recursos que nos provee la Madre Tierra. 

Que el “año nuevo…” sea como decía mi abuelo. 


Pablo Fuente

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