Claro, Reta y Orense

Asociación Plaza Torre Tanque

Los niños aprenden lo que ven

22|01|20 10:02 hs.

El barrio en el que se ubica es de casas bajas y calles de tierra. La mayoría no cuenta con indicación de número y tampoco tienen luminaria. Hace seis años, a partir del Plan Federal de viviendas, se concentraron en esa zona cantidad de familias numerosas, la mayoría con nenes chiquitos. Ayelén Erreguerena y su padre se instalaron allí también y recuerda verlos a todos en las veredas, sin tener un espacio donde jugar, a donde ir. A partir de esa problemática que era solo una de todas las que tenían –y aún tienen- es que decidieron hacer algo por ellos y comenzaron a ofrecer fútbol y merienda en el baldío de enfrente que ahora es la placita del barrio, construida en su totalidad por ellos. “A oscuras, con un terreno completamente desnivelado, así arrancamos”. Y ese arrancar fue el puntapié para un sinfín de actividades porque “fue algo muy importante para ellos, compartir un actividad, un momento. Y ahí vimos la oportunidad de sembrar valores”. 


Ese baldío en el que comenzaron a ofrecer la leche de la tarde hoy es “la placita del barrio”. Tiene algunos juegos despintados y muchos de ellos a diario deben ser soldados, un trabajo constante, por el que se mueve mucha gente. Los chicos merecen su espacio verde donde recrearse porque el juego debe ser la principal actividad del niño. Los relacionados a la actividad física y más al aire libre. Un espacio verde con luces para la noche, sin charcos, con caminos donde puedan andar en rollers, en bici o caminando. Que no exista el miedo porque los vehículos pasan a alta velocidad. Que sea segura, de los vecinos, de todos. Y por ello Carlos Avila se comprometió públicamente a comenzar las refacciones de este espacio en el mes de marzo, “nos genera mucha expectativa”, expresa Ayelén porque las plazas de cualquier punto cuentan con un inmenso valor social, conforman un espacio de reunión, de generación de lazos entre seres. 


Fotos: Carolina Mulder


En ese sembrar valores es que se basa la asociación. Construir para el futuro, abrir espacios de contención para distintas situaciones por las que pasan a diario las familias del barrio. “Los chicos están dispuestos a observar todo, son esponjas. Los que venían de seis años a aprender deporte hoy tienen doce y son los que acompañan a los de seis”. Ayelén asegura que la repetición, permite naturalizar los buenos hábitos. Lo mismo pasó con la puesta en marcha de la plaza, en la que todos colaboraron hasta haciendo los pozos. Entonces dice, “eso hace que cuiden, porque lo hicieron con sus propias manos o lo hicieron los padres, y eso los enorgullece”. 

Además de ese espacio al aire libre tan significativo, tienen una sede que actualmente es una casa donada por el padre de Ayelen ubicada en 28bis entre 35 y 37 a media cuadra de la plaza; la acondicionaron, pintaron y acomodaron. Todo el vecindario colaboró, fue un trabajo en grupo en el que se puso en marcha por ejemplo la biblioteca a cargo de Florencia Estevanez, “los libros están acomodados por los chicos, todos querían ayudar”. Allí, además de poder retirar los libros que quieren y necesiten, brindan apoyo escolar “hemos visto las chicas de quinto enseñando a los de segundo. Eso te llena el alma, es increíble”. Y nuevamente la línea por la que decidieron ir: un trabajo colaborativo constante que replique buenas acciones. “Arrancamos con la duda de si serviría, vimos el resultado y nos afirmamos a ello”. 


Fotos: Carolina Mulder


Todo es realizado a pulmón y muchas veces no alcanza pero el apoyo de la gente es fascinante. “Donan, hacemos rifas, tenemos socios” y eso se suma a la producción en algunos de los talleres, que luego pueden vender para recaudar más dinero. Este año debieron pasar de una merienda semanal a cinco porque la situación se complicó mucho y acá nuevamente la solidaridad se queda con el mejor papel, con el más importante. “Hay una panadería que desde el inicio nos da facturas, cremonas, bizcochos. Y esa panadería es Brisas del Mar que nos da una mano importantísima y todo a conciencia”.

A raíz de la convocatoria con la que contó el espacio es que la sede de la Asociación Plaza Torre Tanque quedó chica; cuando son muchos las actividades trascurren al aire libre pero en invierno es difícil porque el frio apremia. “Nos pone felices que no entremos porque quiere decir que esto funciona, que fluye, que sirve. Pero a la vez nos agarra el apuro y nos preguntamos cómo hacer”. 

Otro de los objetivos es incentivar, invitar a la apertura de un panorama “pensar en que pueden hacer otra cosa, pueden ser maestros de educación física, iniciales, superior. Pueden construir cosas en madera si eso los hace felices, pueden aprender oficios.” Pueden. Y claro que sí.


Fotos: Carolina Mulder



Talleres y actividades
Para lograr esos objetivos propuestos debieron crear actividades que invitaran a participar. Que los hiciera volar con la imaginación, aprendiendo pero sobre todo divirtiéndose; brindarle a toda la familia la información, las herramientas y los recursos para poder lograr cosas que posiblemente, no imaginaban. 

Uno de esos talleres es el de poesía y realidad dictado por Virginia Escudero. En él se trabaja por medio de la literatura la apertura de la persona y la canalización de las situaciones. Con una sonrisa en su rostro Ayelén subraya que los nenes ya “tienen su primera producción de cuentos, su librito impreso”, una satisfacción enorme porque es algo creado por ellos, plasmado en el papel.

Por otro lado, cuentan con un galpón para que los chicos aprendan oficio. “Cartelería, tallada y pintada” apostando a que la persona trabaje y descubra lo que le gusta. En este espacio crean juguetes en madera que son ofrecidos por ejemplo, en el Vivero Claromecó (11 entre 26 y 28); ese dinero recaudado es utilizado para solventar otras actividades que se hacen desde la asociación. 


Fotos: Carolina Mulder


Una iniciativa del año que pasó fue crear una huerta comunitaria ubicada en calle 30 entre 37 y 39. Ayelén explica que el gran problema con el que cuentan es que no les están conectando el agua. Subraya que hace muchísimo tiempo que vienen pidiéndola y no la consiguen. De todas maneras decidieron ponerla en acción porque se acercan personas con ganas, algunos ni siquiera del barrio. “Nos acercaron plantines de tomates. Nos dedicamos, los plantamos y los estamos cuidando a pulmón”, los ayudó el tiempo porque en Claromecó llovió bastante pero es una situación insostenible por lo que continúan solicitando el servicio, de manera constante. A partir de ese empuje muchas familias comenzaron a hacer sus huertas en las casas y eso los incentiva porque “están creando algo, ven que pueden”. 

Ese ámbito tiene un objetivo adicional que es crear conciencia también de qué se hace con la basura, cómo achicar; toman lugar los ecoladrillos creados con todo lo que es plástico y paquetes que consumimos a diario y se pueden reutilizar. “Vamos a construir algo con eso, para que no queden en la casa sin uso”. 

Los ciclos de charlas también son un típico de la placita del barrio. Se plantea diferentes temáticas sociales en las cuales es necesario avanzar “este año hablamos mucho de la violencia, en general y hacia la mujer”. Ayelén asegura que en algunos casos, cuando falta el plato de comida, cuando no hay dignidad por falta de trabajo, los problemas aumentan y es necesario focalizarlos para resolverlos. “Hemos erradicado inconvenientes graves gracias a la participación, la contención, el estar es muy importante. Prestar atención, que no sean uno más”.