Enrique Sdrech se indignaba: “¿Homicidio en riña? ¿Cinco contra uno? ¡Por favor!”

Opinión

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Villa Gesell

26|01|20 11:52 hs.

Por Juan Francisco Risso


Los cronistas policiales hacen agua en uno o dos temas. El homicidio en riña, por ejemplo.

Aún recuerdo a Enrique Sdrech, de TN, cuando hace años se indignaba: “¿Homicidio en riña? ¿Cinco contra uno? ¡Por favor!” 

Eternamente tienden a reemplazar el Código Penal por el llamado sentido común. Que lleva, por ejemplo, a entender que la tierra es plana. 

En mis tiempos -les habla un veterano- las peleas eran mano a mano. Entonces el código penal, más viejo que yo, indica que hablamos de “riña” …cuando son más de dos. Así de simple. 

Al investigarse una riña, la primera tarea es establecer quién o quienes causaron la muerte, y a esos se les aplica la pena que corresponda por ese homicidio. Pero si no constare quién o quienes la causaron “se tendrá por autores a todos los que ejercieron violencia sobre la persona” lesionada o muerta. Ejercer violencia, esa es la cuestión. Por cierto, cuando se redactó el Código ni se soñaba que cualquier persona cercana al hecho pudiese filmarlo. Porque, establecido el mecanismo, después viene la parte probatoria, bastante ardua en estos casos: quién ejerció violencia y quién no. Pero hoy día, la filmación, poder detener la imagen, el cuadro a cuadro, todo eso permitiría una evaluación absoluta de las circunstancias ¡si se pudiesen filmar todos los delitos cometidos! Las cámaras de seguridad van por ese camino. 

Al no poderse establecer quién causó la muerte, son “autores” justos y pecadores. Quien concibió la norma es el primero en saberlo. Y entonces la pena es atenuada: de dos a seis años. Nada, diría alguien que jamás estuvo en un calabozo. Pero poco comparado con otras penas. Homicidio simple, de 8 a 25 por ejemplo. No dudo que los rugbiers de Villa Gesell -sus defensores- querrán llevar las cosas al terreno de la riña ¿Problema? Las filmaciones. Y demás medios probatorios, obviamente. Imagino que una pericia que analice los golpes recibidos por la víctima podrá determinar el momento y la razón de la muerte con razonable certeza. Espero que no sean peritos de gendarmería. Y que no opine Carrió.

Y querrán llevar la cuestión a la riña, decía, porque la idea expuesta por el fiscal hace erizar los pelos: alevosía y concurso premeditado de dos o más personas. Dos agravantes que determinan perpetua. Veinte años, en la práctica. Por eso el padre del muchacho que no estaba allí pasó dos noches sin dormir. 

La futurología es una de mis ambiciones. No para saber qué va a pasar exactamente; sólo para saber qué podría pasar. Ejemplo: me pareció escuchar que algunas personas intentaron acercarse a parar la riña, y que algún -o algunos- rugbiers se lo impidieron (como si fuese una pelea honorable, que no lo era). 

Bien, aquellas personas que tomaron parte o prestaron auxilio para que el hecho se cometiera son partícipes necesarios, con la misma pena. Cómo podría tomarse aquello de que unos quisieran detener las cosas y otros se lo impidieran, no lo sé… pero bien podría ser. Y en esto no sólo juega la filmación sino el testimonio de quien quiso acercarse y alguien -alguien que podría reconocer- se lo impidió. Hay quien considera que todos los rugbiers son partícipes necesarios. El fiscal, por ejemplo. Y olfateo una atmósfera ejemplificadora, por así llamarla. La he percibido en algún caso en que me tocó participar, y -tratándose de un juicio público- hice proyectar impactantes fotografías del homicidio. Que todos sepamos qué sucedió. Eso quería. Y el fiscal, que alegó –magníficamente- antes que yo, hizo alusión a las imágenes: “Ustedes vieron dónde tenía el tiro”, y lo siguió explicando, redondeando la alevosía. Léase perpetua. Porque sin agravante, los familiares de la víctima se habrían cruzado al homicida en la calle a los cuatro años, pongamos. Las imágenes de Villa Gesell, en cambio, son conocidas por todos.

Yo no recuerdo que nadie sufriera consecuencias graves en aquellas peleas mano a mano de antaño. A veces creo que saber defenderse, para un varón, empezaba allí. Mi última pelea tuvo lugar a los 18 años. Pero todavía extraño aquello de ponerse de pie, sacudirse la ropa y que un compañero te devuelva los libros. 


Juan Francisco Risso