La tapa de El Gráfico de 1983

Opinión

Desde el Archivo

“Historia de un trágico destino”

02|02|20 15:02 hs.

La revista El Gráfico, en su edición del 8 de noviembre de 1983, le destinó ocho páginas a un hecho ocurrido dentro de una cancha de rugby, durante un partido, que generó la muerte de un jugador y la condena de otro a nueve años de prisión por homicidio simple. 


Ocurrió en Paraná, el 9 de abril de 1983. El local Rowing Club, perdía 24-7 con el Club de Rugby Ateneo Inmaculada (CRAI); Luis Alberto Colliard, jugador de Rowing, le pegó una patada en la cabeza a Cayetano Luis Masi, de CRAI; en el transcurso del encuentro. Masi falleció 19 días más tarde en el Sanatorio Garay de Santa Fe. Colliard fue condenado a nueve años y El Gráfico lo entrevistó por entonces en la cárcel de Paraná. 

La nota central tiene como título “Historia de un trágico destino” y tuvo como autores a Natalio Gorin, enviado especial, y Ernesto Patrono, corresponsal en Santa Fe. Las fotos fueron de José Manuel Cáceres y se incluyeron ilustraciones de Rodolfo Pazos. 

Transcribimos parcialmente el artículo, que presenta las diversas posturas y puntos de vista sobre un caso que conmovió al mundo del deporte. 



Cayetano Luis Masi, santafesino, de 25 años (“estaba de novio, pensaba casarse hacia fines de año”, dicen sus amigos). Ingeniero agrónomo, profesión que iba a ejercer en el INTA. Murió el jueves 28 de abril de 1983 en el Sanatorio Garay de Santa Fe, luego de permanecer 19 días en estado vegetativo. El sábado 9 de abril había viajado con sus compañeros del CRAI a jugar un partido amistoso contra un equipo de Paraná Rowing Club. En esa cancha, ubicada en la avenida Antonio Crespo sin número, en la salida oeste de la ciudad, la misma que conduce al túnel subfluvial Hernandarias, cayó víctima de un golpe en la región occipital izquierda. Faltaban apenas unos segundos para que finalizara el encuentro, disputado ante algo más de cien personas en una tarde del otoño paranaense, 16 grados de temperatura, cielo pintado con algunas nubes.

Luis Alberto Colliard, entrerriano, 28 años. Su mujer se llama María Teresa Galo, Tienen una hija, Jessica, que nació el 8 de abril de 1983 en el Hospital Materno Infantil Santa Rosa, de Paraná. Colliard es obrero de la construcción, especializado en soldaduras de techos. Era hocker y el jugador más veterano de ese equipo “del Rowling” (como dicen en Paraná) que esa tarde enfrentó “al de Inmaculada” (como dicen en Santa Fe). Entró a la cancha reemplazando a Pierotti cuando faltaban diez minutos para el silbato final. Colliard está ahora en la Unidad Penal Uno de Paraná, cumpliendo la condena de nueve años que le aplicó la Cámara Primera del Crimen de Entre Ríos, como responsable de la muerte de Cayetano Luis Masi.

A esta altura del relato es imprescindible hacerle varios reproches al destino:

1) El padre de la víctima, Cayetano Masi, médico, le había sugerido a su hijo que dejara el rugby, luego de que este sufriera, hace dos años, una conmoción cerebral en una acción de juego. Se había recuperado totalmente, su mismo padre le señaló que no quedaban secuelas y que estaba apto para la práctica del rugby, pero no obstante ello le aconsejaba el abandono.

2) La hija de Colliard nació el día antes del partido. Colliard fue a la cancha casi de apuro, con la idea de jugar un rato y juntarse con sus compañeros y rivales en el tercer tiempo, esa clásica costumbre del rugby que sirve para confraternizar y crear amistades.

3) “Quince días antes jugamos en Santa Fe el primer partido. Así lo habían convenido con el entrenador de ellos, Carlos Alberto Braga. Los dos equipos se estaban preparando para sus respectivos torneos locales. Esa tarde ganamos 13-10 y Colliard fue expulsado por pegarle un golpe de puño a un jugador nuestro, Magliamesi. El árbitro, para no consignarlo en planilla, le pidió a Braga que lo reemplazara. Si hubiera obrado como indica el reglamento, Colliard habría sido suspendido, lo que automáticamente lo inhabilitaba para jugar la revancha” (Testimonio de Julio Tejerina, 36 años, abogado, casado, dos hijos, entrenador de Inmaculada).

4) “Cayetano había regresado un mes antes de Europa. Gracias a una beca viajó para perfeccionar sus conocimientos en la fábrica de tractores que Fiat tiene en Módena, Italia. Volvió sin su mejor condición atlética y jugó porque faltó un titular. Cuando faltaban diez minutos, y porque lo veía cansado, decidí reemplazarlo. Le ordené al pibe Gastaldi que entrara en calor. Pasaron unos minutos y Gastaldi me dijo que no valía la pena ingresar por tan poco tiempo” (Julio Tejerina).

Retrato de Masi 
“Masi era un muchacho normal, buen tipo, con un gran corazón. Se hacía querer por todos, pese a que no hablaba mucho. No era pendenciero ni camorrero. Era un enloquecido por el rugby. Entrenaba y jugaba con todo. En un momento de su vida fue a estudiar a Esperanza, una ciudad cercana a Santa Fe, y para no perder estado entrenaba solo” (Julio Sánchez, compañero de Inmaculada). 

Cayetano Masi


Retrato de Colliard
“Era el más veterano del equipo, el único sobreviviente de los que empezaron el rugby en Rowing, hace doce años. Por su condición humilde tuvo que hacer grandes sacrificios para jugar. Esto hay que resaltarlo, es importante. Se llevaba muy bien con todos nosotros, que somos mayoritariamente estudiantes. Colliard nos hizo ver muchas cosas de la vida que se transformaron en enseñanzas. Era líder del grupo” (Daniel Carbonell, compañero de Rowing). 



El segundo fatal
El Gráfico incluye los testimonios de José María Riestra, jugador de Inmaculada (“no pudo tirarle a la pelota, le apuntó a la cabeza”); Adolfo Ceri, de Rowing (“no salió ni tomó puntería para pegarle a Masi, como dicen algunos”); y Felipe Broches, recordman argentino de bala y disco en 1965, jugador de rugby, que estaba como espectador (“El problema entre Masi y Colliard se produjo a dos metros de mi posición, pero la montonera me tapó. Los de Inmaculada corrieron al lugar en forma instantánea, lo que indica la gravedad del hecho”). 

La defensa
El abogado defensor fue Silvano Santander. En el artículo, se sintetiza su postura: 

-“Si la intención de Colliard hubiera sido la de matar a Masi, debió existir un motivo, cosa que no surge de esta causa. En ese caso le habría dado muerte en otro lugar, en otras circunstancias y no a la vista de todo el mundo”. 

-“Si Masi se tiró en el centro de la montonera, entre los pies de todos, se supone que fue a buscar la pelota que estaba en el suelo, y que Colliard tenía la misma intención”. 

-“Si Masi se cayó podemos suponer también que cae a raíz de la trompada que momentos antes le aplicara Rabufetti en la nuca. Sobre esto, Nerio Rojas, en su libro ‘Medicina legal’, dice, ‘Sucede a veces que la víctima de una herida muy grave no queda inmovilizada enseguida y puede efectuar ciertos actos”.

-“Si Masi habló después del golpe de Colliard, como lo indican muchos testigos (‘Me mató loco, me mató’), no hay que descartar un agravamiento posterior por lo siguiente: a) se lo levantó sin tomar las elementales precauciones; b) lo trasladaron primero al Hospital San Martín, donde no fue atendido porque no funcionaba la sala de terapia intensiva, y luego a la Clínica Modelo, en una camioneta sin los debidos recaudos y por un camino irregular a la saluda del club, a los saltos. Calculo un trayecto de 20 cuadras”.

-“Existen grandes dudas en todo el juicio para determinar responsabilidades en la muerte de Masi: a) si en efecto fue la patada de Colliard. b) si por el contrario incide la trompada de Rabufetti. c) conmociones cerebrales anteriores. d) tratamiento inadecuado, levantamiento incorrecto de la víctima y peor traslado. e) la propia imprudencia de Masi, quien hizo oídos sordos al consejo de su padre, que es médico, para que abandonara el rugby”. Santander también consideró que en la causa “tanto la autoridad policial como el juez no han actuado en forma imparcial”. 

El fiscal
Se desempeñó como fiscal Horacio Hugo Osti, quien se desempeñaba en la Cámara Primera del Crimen de Paraná.

El Gráfico enumera sus argumentos: 
-“Usé las pruebas para comprobar la existencia material del hecho. El parte policial que inició la causa, los informes médicos, la autopsia y los testimonios de los testigos”. 

-“Deseché que en el fallecimiento tuviera algún grado de importancia el golpe de Rabuletti. Lo mismo con respecto al mal traslado y conmociones anteriores. El golpe de Rabuletti fue en la mejilla de Masi, en cambio el golpe de muerte coincide con una pequeña herida externa provocada por el puntazo de Colliard. Eso está demostrado en la autopsia”.

-“Un estudiante de sexto año de medicina, Christian Rolando Taleb, presente en la cancha, testimonió que el herido fue tratado considerablemente bien en cuanto al traslado”. 

-“Colliard afirma que introdujo el pie cuando Masi se tiraba ilícitamente. A mí me importa lo que sostienen Ricardo Francisco Bogado, ex compañero de Colliard y árbitro del partido, Carlos Antonio Braga, entrenador de Rowing, y un total de ocho testigos más. Todos son coincidentes en cuanto a la alevosía”. 

-“Intenté demostrar la intención del golpe y la representación del poder ofensivo de esa pierna. Colliard sabe perfectamente que un golpe así es dañino”. 

-“Para demostrar que este no es un delito deportivo me apoyé en varios autores. Carlos Broudeur, en su libro “La delincuencia en el deporte” afirma: “La circunstancia de que el delito no se haya contemplado en el Código Penal no implica que puedan eludirse la inobservancia de los reglamentos en tanto exista dolo…”.

-“Este caso no es cuestión deportiva. Por eso deseché el homicidio culposo y el homicidio preterintencional. Es un caso patente de homicidio simple, que marca penas de entre 8 y 25 años de prisión. Aquí no se probó el ánimo de matar, ni interesa. Lo que importa es la acción. Y la acción de Colliard, la que él quería, es una patada en la nuca con una potencia que él no desconoce”. 

Dos opiniones 
Francisco Antonio Perette, quien era un abogado prestigioso en Paraná y había presidido la Asociación del Fútbol Argentino, consideró que “el fallo constituye una tremenda equivocación” y argumentó: “En cualquiera de los supuestos siempre se trata de una falta deportiva y debe ser juzgada por los organismos respectivos”. 

En tanto, Hugo Mackern, quien tenía una trayectoria de 50 años como comentarista, abogado de profesión, sostuvo que “el homicidio simple requiere una acción intencional, la ‘intención de matar’, que en el caso parece dudoso que haya existido e imposible de ser probado”. 

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Colliard, en 2017
Ernesto Cherquis Bialo volvió a dialogar con Luis Alberto Colliard y publicó su testimonio en Infobae, en junio de 2017. 


Luis Alberto Colliard en 2017


En el mencionado artículo explicó que Colliard “estuvo tres años con los demás reclusos. Luego pasó a un régimen de Cárcel Modelo por otro año y medio con salidas de día para poder trabajar y obligación de regresar a dormir a su celda cada noche. En total cumplió la mitad de la condena, que fueron cuatro años y medio”. 

Al respecto, señaló que “en Paraná se apreció mucho la gestión del ex Puma, Alfredo Soares Gache, ante quien era el Gobernador de la Provincia de Entre Ríos, Sergio Montiel –radical- para que la reducción pudiera realizarse”. Colliard dijo que “estaba abrazado y saqué una patada estúpida de la que me arrepentí y no me alcanzará la vida para decirlo una y mil veces. Fue una acción de juego que pude haber evitado, pero que la hice sin la menor intención de lesionar a Masi; se lo dije a los jueces, pero no me creyeron”. El título de la nota es “El tremendo caso del rugbier condenado a prisión por la muerte de un rival”. 

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La entrevista en la cárcel
“Me hubiera gustado salir en El Gráfico como deportista, por un hecho deportivo, no por esto…”. Las palabras fueron pronunciadas por Luis Alberto Colliard en la cárcel de Paraná, en la entrevista que le realizó el periodista Ernesto Cherquis Bialo. Las fotografías tienen como autor a José Manuel Cáceres. 



Se definió como “un trabajador, un obrero soldador. Y siempre se hace más difícil para gente como nosotros entrar a practicar este tipo de deporte. Yo lo vi jugar una vez y me dije: este es mi deporte, tengo que aprenderlo”. 

También observó que “el rugby, con respecto al trabajo, me daba dolores de cabeza porque siempre me lesionaban. Hay que tener en cuenta que un patrón lo aguanta a uno si se lesiona una vez, pero no permanentemente. Es decir, el rugby me dificultaba la posibilidad de consolidarme en un trabajo, porque me echaban…”. 

Y agregó, ante una pregunta de Cherquis Bialo: “Sí, cambiaba el trabajo o dejaba el rugby, pero yo sentía que en el rugby estaba mi vida. Me dio amigos, compañerismo, me dio la satisfacción de ser un caballero, de pelearme dentro de la cancha y a los minutos sentirme amigo nuevamente. Es difícil explicarlo, no tengo en estos momentos las palabras justas”. 



En el diálogo con el periodista, aseguró que “yo a Masi no lo veo en ningún momento. Yo creo que se tiró cuando traté de taconear la pelota. Uno cuando saca una pelota lo hace con fuerza”. Reiteró que “yo no lo veo a Masi, para que voy a decir que lo veo si no es así”. 

Su propio técnico declaró que la patada fue intencional. “No sé, no sé como Braga, que estaba ubicado a 75 metros en forma oblicua y a la par del piso, haya podido ver lo que dice haber visto”, consideró Colliard. 

Sobre el testimonio del referí, que dio una declaración en similar sentido, dijo que “creo que se asustó y declaró impresionado”. Entre muchas otras apreciaciones de una extensa nota, planteó que “es muy difícil convencer a una Corte porque ni siquiera escuchaban a mi defensor en el debate ante la Cámara”. 

Expresó un mensaje hacia la gente del rugby: “Quiero pedir disculpas a todos por haber metido al rugby que es tan limpio y hermoso, en este drama”. 

Cherquis Bialo escribe, en el último párrafo de la nota: Nos pusimos de pie. Sentí la necesidad de darle un abrazo. Juntos hicimos una exhortación a Dios. Cuando salí a la calle y me llené de libertad, pensé, este hombrecito retacón, impulsivo, emocional, inculto, agresivo, peleador, fue a jugar un partido de rugby aquel 9 de abril. En ningún momento me sentí frente a un homicida. 


-Agradecemos la generosidad de Sergio y Miguel Alarcón. La revista El Gráfico, de la que se obtuvo la nota, pertenece a la colección que es de su propiedad