Julia Czubaj adoptó Claromecó para vivir, y Amapola se cría en un lugar para soñar

Claro, Reta y Orense

Julia Czubaj

El teatro haciendo a la unión

06|02|20 17:15 hs.

A los dieciocho años, Julia Czubaj se fue a estudiar corrección literaria a la Capital Federal y decidió anotarse en un teatro porque fue lo que “siempre quise”, explica. Pero vivían en Hurlingham y era difícil concretarlo debido a la distancia, a pesar de que sus padres siempre “nos dejaron volar, hacer lo que nos gustara realmente”. 


Luego de un año de profundo aprendizaje, pasó al Club de Teatro de Nora Cárpena y Guillermo Bredeston, allí realizo un taller con Carlos Yarán y “fue mi mentor, es un genio en comedia del arte, una persona completa con una voz alucinante”; con él conoció a García Lorca desde otra perspectiva y hoy es el autor que más le gusta, “hay que entender su poesía, su pasión”. 

Julia seguía perfeccionándose con ídolos del teatro como Daniel Casablanca y Ana María Campoy, forjando una carrera sin techo. Ella sostiene que el artista necesita herramientas y el estudio con diferentes personajes y cursos que te dan esos instrumentos para crecer en lo que uno ama. 


“Veníamos de chicos, un día mi viejo dijo que compraba esta casa y yo siempre amé estar acá”. Lo que ella no sabía era que al final, sería su hogar junto a su marido y su hija, Amapola. (Caro Mulder)


Mientras desarrollaba su vida en Buenos Aires, se acercaba a Claromecó todos los años para pasar las vacaciones junto a su familia. “Veníamos de chicos, un día mi viejo dijo que compraba esta casa y yo siempre amé estar acá”. Lo que ella no sabía era que al final, sería su hogar junto a su marido y su hija, Amapola. 

Siempre le gustó viajar y mientras eso sucedía daba clases en los diferentes lugares en los que estaba, generalmente de iniciación. 

En Villa La Angostura conoció a su marido Marcos, actual chef de Samoa; empezaron a venir hace diez años y comenzaron junto a los hermanos a arreglar la casa. Se quedaban por el verano y después al estilo nómade, trabajaban por diferentes lugares: Brasil, Ushuaia, Misiones, pero siempre volviendo “al bunker”, como le llama la pareja a su rinconcito claromequense, y ella siempre brindando sus conocimientos de teatro en diferentes entornos. 


Julia Czubaj adoptó Claromecó para vivir y hacer de su vuelo un modo de vida, y Amapola se cría en un lugar para soñar (Caro Mulder)


Desde que nació la hija de ambos decidieron que se radicaban formalmente en Dunamar; en ese momento presentó un proyecto para dar clases en la Dirección de Cultura y “les gustó mi CV y el proyecto, y ya vamos por el tercer año” en el que se ha logrado la unión de los grupos de teatro en Claromecó, “eso es súper lindo” define.

La unificación de los artistas es muy importante, a la vez que se interrelación con la pintura, la fotografía, la escultura y hasta telas. Julia, es hija de artistas: su madre canta, sus tías, sus hermanos y su abuelo tocan instrumentos; su padre es escritor y “tremendo músico”, lo lleva en las venas y sabe que el amor por ello es algo innato y “lo que más me gusta hacer”.


Julia en una de las tantas interpretaciones en el Quelaromecó (Caro Mulder)


Acción teatral
Comenzó su proyecto con tres grupos de teatro: infantiles, adolescentes y adultos. Julia sostiene que el arte en general transforma, te hace soñar y jugar, dejar de lado la estructura “es volver a ser niño”, disfrutar siendo personajes totalmente distintos a lo que es uno. 



Logra desmitificar tabúes, sacar de adentro sentimientos, “a muchos les ayuda psicológicamente y está buenísimo” trabajando el sentimiento que viene innato con la persona. Ayuda a relacionarse, conocerse con el otro de una manera diferente y “eso es muy especial en un pueblo”. 

El 2019 fue un año quiebre en el que decidió dirigir ciclos teatrales, uno de Alejandro Casona y otro de Edgar Allan Poe. Ambos con éxitos rotundos y muy diferentes entre sí. Un desafío para ella porque terror-suspenso no había hecho nunca y “fue buenísimo”, sostiene. 

Todos fueron desarrollados en el Espacio de Arte Quelaromecó, ubicado en calle 28 entre 9 y 11, lugar que le brinda su apoyo, así como Carlos Avila y Julián Lamberti, “somos un equipo, es fantástico y son a las tres partes que consultamos cuando queremos hacer algo, para abarcar las tres áreas”, define. 

Para Julia es importante que el actor sea completo y entrene la voz y el físico para brindar un espectáculo completo, y por ello cuando se sumaron diferentes personas para esos ciclos propuestos, los invitó al taller para que pudieran nutrirse y “se armó un elenco divino”, dice sonriente. 


Todas las fotos que acompañan la nota son de Caro Mulder


Actualmente está presentando y actuando en la obra Pensionados todos los lunes en el Quelaromecó Espacio de Arte, un texto que le presentó su compañero Elías y que no dudó en aceptar. “Siempre hacemos devolución con el público y nos felicitan por hacer algo distinto”, mientras que sostiene que ese feedback que se genera los hace mejorar cosas que ellos pueden no percibir, es muy interesante”. 

Este año 
Para todo el espacio cultural se viene un año interesante, fuerte y de mucho trabajo. Relacionado al cumpleaños número cien de Claromecó, Julia planteó dos proyectos ideados por Elías, de los cuales todavía no quiere hablar del todo pero adelanta que son muy importantes para todos los residentes y vecinos de la zona, para los actores que trabajan con ella pero para los que no también, ya que será algo de todos, que “le dará una identidad turísticamente hablando y algo muy importante desde lo cultural”.

En el 2020 dará un taller de expresión corporal orientado a la danza, “porque amo bailar y tengo técnica”; asimismo ya está averiguando por seminarios para perfeccionarse, porque “considero que en el teatro falta todavía eso, el bailar, cantar, actuar y si es posible, tocar un instrumento” 

Además de ello, conformará una compañía. “Es necesario para tomarlo en serio y porque queremos ir a festivales, para eso necesitamos luces, sonidos y debemos hacerlo mediante esa organización”. Julia se siente madura artísticamente, con un año de crecimiento profundo donde su cabeza se elevó aún más creativamente, a la vez que se rodeó y rodea de personas que tienen las mismas ganas. 

Ese apoyo del entorno también lo ocupa su marido Marcos, quien “me ayuda, me presenta artistas”, se complementan mutuamente porque ella, desde la creación también lo impulsa a crear diferentes platos y combinaciones en la comida.