Silvina posa con orgullo en cada foto que retrata su paso por la Antártida

La Ciudad

Silvina Righetti cuenta su experiencia en la Antártida

Incomparable

23|02|20 09:18 hs.

Por Fernando Catalano


Una tresarroyense vivió una experiencia que consideró “incomparable” al invernar por más de un año en el continente blanco. Trabaja en el Servicio Meteorológico Nacional, como investigadora, y se licenció en Ciencias de la Atmósfera, una carrera que cada vez gana mayor notoriedad, cuando el clima en cualquier parte del mundo es noticia. Y eso es muy a menudo. “Poder ir fue algo increíble, sin comparación con nada”, aseguró. 

Silvina Righetti habló con LA VOZ DEL PUEBLO, y además de contar que es jefe de Trabajos Prácticos del Departamento de Ciencias de la Atmósfera y los Océanos, de la Universidad de Buenos Aires, contó detalles de sus dos experiencias en la Antártida, un lugar al que asegura que no dudaría en poder regresar. 

De licencia por estos días, después de concluir su segundo viaje hacia las bases argentinas en la Antártida, compartió algo de tiempo y material fotográfico registrado en ambas experiencias, con este diario. 

“En 2018 estuve haciendo mi primera invernada en la Antártida para un proyecto del SMN que es del área de Geomagnetismo. De lo que me encargué fue de hacer durante todo el año mediciones del campo magnético de la Tierra, en la base Orcadas”, contó Silvina. 


La base Orcadas, a 2712 kilómetros de Tres Arroyos


En particular se trató de un trabajo técnico de medición y mantenimiento de todo el equipo instrumental que está funcionando en el observatorio magnético de Orcadas que está activo desde el año 1904, en la base más antigua de la Antártida. “Y que es argentina”, resaltó con orgullo. Justamente ayer se celebró el Día de la Antártida Argentina al cumplirse 116 años de presencia ininterrumpida de nuestro país en el continente blanco desde el izamiento de la bandera nacional en la isla Laurie del archipiélago Orcadas del Sur un 22 de febrero de 1904. 

“Es una sensación indescriptible, única. No conozco a nadie que haya ido a la Antártida y que no quiera volver”


Una vez hechos los trabajos para mensurar parámetros meteorológicos como de campo magnético, compartió esa información –para su análisis- con los geofísicos que trabajan en el SMN. Su trabajo fue estrictamente técnico. Pero necesario para alcanzar a cumplir su sueño. Dentro del espectro de posibilidades que le ofrece su formación, podía emprender el viaje a la Antártida, aportando sus conocimientos para ese tipo de tareas. Y fue lo que hizo. 

“En el SMN me dedico a investigar pero no el área de geomagnetismo. Esto fue algo distinto a lo que venía haciendo. Busqué cómo podía hacer para poder cumplir mi sueño y encontré que esta veta era una posibilidad, y a partir de eso empecé a colaborar con el área y este año fui de vuelta con geomagnetismo pero -como compañía de verano- a hacer otras cosas”, explicó. 

Su primera incursión comenzó el 18 de diciembre de 2017, y volvió a Buenos Aires el 30 de enero de 2019. Para la segunda fueron aproximadamente unos tres meses que concluyeron recientemente. 

Deshielo 
Recién llegada al país, y tras conocerse días atrás publicaciones periodísticas planteando la preocupación de investigadores por cómo ha crecido la temperatura en el continente más austral del mundo, se manifestó al respecto. 

Contó que le sorprendieron las imágenes de deshielo. “Lo que yo vi, porque este año recorrí otras bases, es que al volver a Orcadas se nota un cambio increíble en el retroceso de los glaciares. Y se ve mucho el derretimiento de los hielos”, sostuvo. 

Aclaró que con Orcadas es la única de las bases argentinas de las que tiene referencia por su primera invernada. Igualmente dijo que entre sus colegas y compañeros de trabajo en la Antártida, han manifestado su “estupor y alerta”. 


La licenciada tresarroyense Silvina Righetti pertenece al Departamento de Investigación y Desarrollo del Servicio Meteorológico Nacional


Expresó Silvina en este sentido que “hay que cuidar el entorno porque se está derritiendo el hielo, y si se derrite el hielo de la Antártida aumenta el nivel del mar y es todo un desequilibrio climático que puede afectar a toda la humanidad. Es un alerta muy importante y no hay que hacer oídos sordos”, afirmó. 

“Generamos herramientas para que el pronosticador pueda tener una mejor idea de lo que va a venir en el futuro”


En cuanto a los 20 grados de temperatura que supuestamente fueron registrados, indicó que se trataría de un dato que “no estaría chequeado, ni confirmado por la Organización Meteorológica Mundial”. 

De todas maneras advirtió que los 18, 2ºC en base Esperanza, sí fueron homologados. “La de 20º es una medición que no fue tomada por una estación convencional sino por una estación automática, y estas estaciones a veces no tienen las mediciones homologadas, y no son tan certeras como sí la de una estación dotada de personal científico”, diferenció. 

Igualmente consideró que 18ºC de temperatura “es una barbaridad. Estábamos navegando, habíamos salido de base Esperanza y la verdad que uno sentía una temperatura agradable, pero 18º es una barbaridad”, insistió. 

Sobre el trabajo de medición y mantenimiento realizado en las bases argentinas Esperanza, Marambio, Carlini, Petrel y Orcadas, contó que debió hacerlo a diario con un magnetómetro móvil y un teodolito. Entre los recursos con los que contó dispuso del observatorio magnético que pertenece al SMN, donde además tuvo a mano otro tipo de instrumental. 

“Esas mediciones se hicieron todo el año, los 365 días. A las 7 y a las 16. Fue mi trabajo diario. Y además tenía que chequear que ese instrumental funcionara, que no se cortara. También cambiar los generadores; porque la forma de iluminar -o de tener electricidad en una base en la Antártida- es mediante generadores entonces como no pueden estar funcionando todo el tiempo, se hacían cambios. Y esto podía generar algún problema en los elementos que miden en forma continua, y tenía que estar atrás de eso continuamente”, precisó Silvina. 

“Lo mejor es el lugar”
No dudó en asegurar que “lo mejor es el lugar”, cuando se la consultó con qué se queda de toda su experiencia. Y agregó que “tiene una imponencia tal que uno se siente muy chiquito. Es increíble estar también donde tan poca gente ha estado, donde quizá sos el primer ser humano en transitar. Esas cosas te flashean un poco. Sentís que estás solo en el medio de la nada”, dijo al describir sus sensaciones sobre aquella experiencia.


Especies que sólo una buena mirada y una cámara pueden captar en uno de los puntos más australes del mundo


Incluso ilustró ese último dato con un ejemplo al sostener que “Orcadas es una isla en el medio de la nada. En invierno el mar se congela alrededor así que no hay acceso a la base, no tiene aeropuerto. Por lo tanto no es que puede entrar un avión cuando quiere. Una vez que llega el invierno estás aislado en el medio de la nada”, sostuvo.

“Sentirte en medio de la naturaleza pura es una sensación indescriptible, única y que sinceramente con toda la gente que hablé, quiere volver. No conozco a nadie que haya ido a la Antártida y que no quiera volver”, afirmó. 

Ocupar el día
Un día en la Antártida, una vez terminadas las responsabilidades, tiene ciertas similitudes con la vida continental de estas latitudes. “En Orcadas teníamos una casa grande bastante cómoda. Contábamos con señal de wifi, teníamos Direct TV, miramos tele, películas, hay una biblioteca grande, una mesa de pool, ping pong, tomamos mate, uno se llevó muchas amistades. Es algo muy importante”, dijo al relatar cómo se atraviesa la cotidianeidad pero aislados en el punto más extremo y habitado del mundo.

“Estar confinado en medio de la nada hace que la gente saque lo mejor y lo peor de sí. Obviamente me quedo con la parte buena y los amigos que coseché en esa experiencia que fue única”, comentó Silvina que como el resto acortó las distancias escuchando radio y utilizando las redes sociales, sobre todo el WhatsApp. 

Investiga 
Pero la experiencia profesional que transita Silvina no se acota a sus viajes a la Antártida. No es menos importante el hecho de que pertenezca al Departamento de Investigación y Desarrollo del Servicio Meteorológico Nacional. Allí realiza un importante aporte para el trabajo de los pronosticadores.

“Trabajo generando herramientas para mejorar la tarea de los pronosticadores. Lo último en lo que he estado trabajando es en la forma de arreglar los problemas que tienen el pronóstico de la temperatura máxima y mínima en determinadas ciudades. Uno para hacer un pronóstico utiliza un modelo numérico, una herramienta matemática que simula la meteorología mediante ecuaciones que conocen cómo es el estado físico de la atmósfera. Simula lo que va a suceder a partir de datos que yo le doy de la actualidad para ver qué va a suceder en un par de días”, puntualizó. 



Señaló que ese trabajo nace como consecuencia de modelos numéricos que tienen algunas fallas en determinados lugares debido a que “por ejemplo ven mal la topografía. Si una ciudad -en el modelo numérico- figura que está a 100 metros, y en realidad está a nivel del mar, esa diferencia de 100 metros va a generar un error en el pronóstico de la temperatura”. 

Antes de hacer su viaje de verano a la Antártida se encontraba trabajando en ese tema. “Para mejorar necesitamos tener datos de ingreso para que el modelo funcione bien, por un lado. Porque cuantos más datos yo tengo de cómo es el estado actual de la atmósfera mejor va a ser un pronóstico y además lo que particularmente estaba trabajando es en generar un programa matemático -en la computadora- para buscar una solución lo mejor posible y el modo de corregir ese error en el pronóstico de la temperatura”, remarcó. 

Para terminar de explicar su tarea de investigación dijo que “nosotros generando ese tipo de herramientas hacemos que el pronosticador, que es la persona que está encargada de decir cómo va a estar el tiempo mañana y pasado, pueda tener una mejor idea de lo que va a venir en el futuro. Generamos productos para mejorar el pronóstico que pueda hacer un pronosticador de turno”, concluyó.

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“Mis viejos me bancaron durante toda la carrera” 
Egresada de la ex Escuela de Educación Media Nº 1 -actual EES Nº 1- Silvina está muy agradecida con sus padres al haberle permitido poder estudiar una carrera que considera “hermosa”, sin haber tenido la necesidad de trabajar en paralelo.


Silvina egresó de la ex Media 1 (EES Nº 1) con la promoción del año 2000. “Estamos cumpliendo 20 años”, avisa


“Estaba medio desorientada en el Secundario. Siempre fui de las exactas y naturales, me gustaron las matemáticas y la física, pero no sabía bien qué quería hacer. La verdad es que encontré -mirando la Guía del Estudiante- la carrera y como tenía una veta conectada más a la agrometeorología me gustó, vi las materias y ahí la conocí”, apuntó para referenciar cómo llegó de manera inesperada a estudiar una disciplina que pudo abrazar con fuerza y compromiso. De hecho contó que Ciencias de la Atmósfera no es una carrera muy conocida. 

“Recién ahora con el tema de los meteorólogos en la tele -que tienen un poco más de fama- se está conociendo un poco más. La verdad que cuando empecé a estudiar éramos muy pocos. Y no era conocida. Pero es hermosa, no es sencilla, requiere mucho estudio, mucha dedicación. Yo la pude hacer porque tuve a mis viejos (Arturo y Silvia) que me bancaron durante toda la carrera y tuve la buena fortuna de no tener que trabajar para estudiar, eso no es algo que le ocurre a todo el mundo. Es algo que siempre le voy a agradecer a ellos porque es muy difícil, sino hubiera tardado mucho tiempo más si trabajaba”, confió la licenciada de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA, donde además da clases.