Roberto Cassina

Opinión

Escribe Hugo Costanzo

Roberto Cassina, ¿un pintor olvidado?

15|03|20 18:38 hs.

Por Hugo Costanzo (*)


Viene a mi memoria la imagen de un cuadro exhibido en un remate domiciliario. La gente se interesaba por comprar el marco. La obra no la veían. Más allá de su calidad, el pintor, seguramente, puso en la realización sus mejores conocimientos y experiencia. 

Nadie lo aprecia, como si no estuviera. 

¿Será este el futuro de los artistas que no cotizan en el mercado comercial? Mercado “manejado” por especialistas que hacen su negocio. Se puede comprobar, casi diariamente, en las galerías y exposiciones en distintos ámbitos culturales locales y nacionales. 

Tal vez esta no es la mejor introducción para hablar de un pintor de Tres Arroyos. Pero también sus obras fueron olvidadas. 


“Flores”, uno de sus óleos sobre cartón prensado


Don Roberto Eduardo Cassina
Su temática fue, fundamentalmente, las flores: rosas, tulipanes, anémonas, dalias y otras plasmadas en sus telas. Pintó, casi siempre con óleo. Diseñó sus composiciones centrando el tema del cuadro en el espacio disponible, contrastes cromáticos y tonales le daban una apariencia de realismo. Algunos paisajes de su ciudad y alrededores llegan en menor cantidad también a su producción.

La obra de Cassina se podría catalogar dentro del “Impresionismo”. Falta el manejo de la luz y el “puntillisno” (la pincelada corta y nerviosa), algunas de las características fundamentales de los artistas que trabajaron en este movimiento de fines del siglo XIX. 

Inicia su formación a los doce años con el artista José Lanfranchi que lo lleva por los caminos del dibujo y el color. Lanfranchi se instaló en la ciudad en la década del ‘20. Fundó la primera Escuela de Bellas Artes de Tres Arroyos, instalada frente a la Plaza España. 

Cassina ingresa junto a otros cuarenta alumnos. Los profesores fueron: Carla Lanfranchi (hermana del fundador) y José Antonio del Río (artista dorreguense) luego se incorpora el artista Luis D’Adamo. Lanfranchi invitaba a sus alumnos a trabajar junto a él. Así es que Cassina participa en la decoraciones murales de la Iglesia de Nuestra Señora del Carmen, el Teatro Español, el Plaza Hotel, en algunas bóvedas del cementerio y en casas particulares.

Roberto Cassina recuerda a su maestro con estas palabras: “Era un hombre bondadoso, de muy buen carácter y accesible, pero sobre todo muy humano y generoso. Tenía fama como muy buen decorador. Se lo apreciaba mucho y por ello tenía muchos amigos. Su academía era punto de concentración de muchos artistas: músicos, escritores y poetas, que venían a visitarlo”. 

Roberto estudió con Lanfranchi hasta la muerte de éste en 1931. Continúa su aprendizaje en el Centro Cultural José Ingenieros dirigido por Del Río. 

Decía con respecto a la temática de sus obras: “Me especialicé en esos motivos y ello me dio muchas satisfacciones, pues aparte que resulta muy difícil pintar flores, es también muy apasionante. De otro modo me hubiera acobardado”. 

Obtiene en 1945 el primer premio en el Salón de la Municipalidad de Tres Arroyos. 

En 1948 inicia su etapa de docente fundando su propia academia, ubicada en la calle Colón, casi Maipú. 

Sus obras se conocen regionalmente y esto hace aumentar su prestigio. Presenta sus cuadros en: Tandil, Bahía Blanca, Mar del Plata, Buenos Aires (en el Teatro Nacional Cervantes y el diario Clarín), entre otros lugares. 

El desaparecido diario La Hora publicaba en sus páginas al cubrir la información de una de sus numerosas exposiciones, casi siempre en la Biblioteca Sarmiento: “Pintor y dibujante, ha logrado un puesto singular en el arte provincial. Su influencia en nuestro medio, su entusiasmo, sus repetidas realizaciones tienen un mérito indudable” 

El profesor José “Pepe” Rodrigo, recordaba a Cassina con estas autorizadas palabras: “En su momento tuvo un gran apogeo por el hecho de trabajar y mostrar sus obras. El hacía un tipo de pintura accesible al público y Cassina se convirtió en una persona muy popular que trabajó con gusto, ganas y seriedad, aunque llegó un momento en el cual pasó al olvido”. 


Collage de cuatro de sus cuadros: “El arroyo”, “La estación”, “El puente” y “Ranchos en la loma”; óleos que retratan el paisaje de Tres Arroyos


Quinquela Martín le otorga “La Orden del Tornillo”. Este premio era para artistas, personajes y personalidades destacadas de Argentina y el mundo entero, simbolizaba el tornillo que les faltaba a los homenajeados. Era el honor que recibían los cultores de la verdad, el bien y la belleza. En el mismo acto recibieron también su “tornillo” José Carrera y Antonio Orfanó. Recuerdo que llevaban con mucho orgullo un pequeño tornillo en las solapas de sus sacos. 

Fue aceptado en el Salón Nacional en 1948 y 1949 y en el Salón Nacional del Grabado en 1952 además de distintos certámenes provinciales y nacionales. Fue además director de Cultura de la Municipalidad de Tres Arroyos. 

En el velatorio de Roberto Cassina, éramos, si la memoria no me falla, tres o cuatro personas, entre ellos la señora Hylda C. de Podlesker y Hernán Cortés Clérici, uno de sus alumnos. Fue el 5 de mayo de 1986.

Tal vez el futuro de quienes cultivan el arte sea el olvido. Por supuesto esto no es justo. Más allá de la trayectoria, premios, exposiciones y demás que jalonan la vida de un creador. Hace pocos meses se realizó un homenaje a Antonio Orfanó organizado por el Museo de Bellas Artes de Tres Arroyos (Mubata), aún quedan muchos más para homenajear. Es importante que las nuevas generaciones conozcan la vida y la obra de quienes precedieron en el camino artístico. Es un acto de justicia. 

(*) Publicista y artista plástico.