Organizar una rutina y actividades con los chicos es muy importante en días de aislamiento

Opinión

Psicología

Quédate en casa

22|03|20 11:07 hs.

Por Claudia Torres

En épocas de pandemia… y no, no es el guion de una película, ni una serie de suspenso o terror, ni una novela donde luchamos entre los enfermos y los sanos. 

Es la realidad, la nuestra, la que nos toca vivir a todos. 

Dicho de esta manera quizás provoque cierta incertidumbre, eleva los niveles de ansiedad y a veces, aunque no quisiéramos…nos da miedo, como casi todo lo desconocido para nosotros. 

Hemos hablado en alguna oportunidad de los miedos y la función adaptativa que poseen, siempre y cuando ese miedo no sea desmedido. 

Ahora bien, intentemos que la ansiedad no nos sobrepase y comencemos a clarificar algunos puntos. 

¿Qué es una pandemia? 
Pandemia es la propagación a nivel internacional de una nueva enfermedad donde la mayoría aún no tienen inmunidad contra ella. 

La pandemia es una emergencia de salud pública. Se caracteriza por causar muchos casos graves que, aunque puedan representar un porcentaje pequeño de la población, indican una vulnerabilidad constante y sin solución. 

Quizás, una pandemia como esta, nos podría dar la sensación de estar a merced de otros, de fuerzas incontrolables. Esto podría producir angustia y fuertes sentimientos de vulnerabilidad. 

Y las preguntas comienzan a invadirnos, los pensamientos negativos se pueden empezar a gestar y apoderarse de nuestras mentes ¿y ahora? ¿Hasta cuándo? ¿Y si me contagio?, si tengo que estar encerrado un tiempo, por precaución, ¿Cómo llevo el alimento a mi hogar? ¿Qué va a pasar con mi trabajo?. Seguramente cada uno tendrá muchas otras preguntas que se hacen a diario y que los pueden llegar a angustiar. 

Los efectos psicológicos del aislamiento pueden provocar en nosotros, aumento de la ansiedad o depresión, aburrimiento, irritabilidad, enojo, desanimo, tristeza, mala calidad del sueño, entre otros. Comenzamos a ver y sentir de otra manera y a actuar en consecuencia. 

El ser humano es un ser social, vivimos interactuando diariamente unos con otros. Desde los principios de la humanidad, cuando no ha sabido cómo reaccionar ante algo, cuando se ha sentido desbordado por algo, como en el momento actual, ha buscado respuestas observando, imitando a los demás. 

En ocasiones esto sería lo correcto, pero en otros solemos imitar lo equivocado. Si observo que gran parte de la sociedad sale a comprar un producto determinado, podría llegar a pensar que es lo adecuado y hacer lo mismo. 

La avalancha de compras de papel higiénico, en Europa principalmente, que tanto nos intriga a muchos en esta crisis, parece un ejemplo de ello: la viralización de las imágenes de estanterías vacías entendida como señal de que se trata de la forma correcta de actuar.

“Estamos haciendo un bien a los otros y a nosotros mismos. Aunque sea difícil de entender y quizás de llevar a cabo, quedándonos en casa estamos salvando vidas”


Otras reacciones a la sensación de pérdida de control son las de ira extrema contra la gente que incumple la norma, el único elemento que parece estar en control en ese momento. Es lo que estamos viviendo hoy cuando, encerrados en nuestras casas, vemos gente por las calles.

¿Qué puedo llegar a sentir en este periodo de aislamiento? 
Tengamos en cuenta que una de las consecuencias de estar aislado es la generación de estrés, nerviosismo y ansiedad, sentir un miedo irracional a contagiarnos. Cuando una situación de epidemia o pandemia se alarga, la mente humana tiende a desarrollar miedos irracionales. 

No importa que dispongamos de una información fiable. No tiene relevancia que nos adviertan de las medidas de seguridad, lavado de manos, distancia de más de un metro… 

Poco a poco desarrollamos más miedos, hasta que estos son cada vez más infundados. 

En un contexto donde se reduce la interacción social, cuando solo reina el silencio en las calles y se nos obliga al confinamiento en el hogar, es evidente que no tarde en aparecer el demonio del aburrimiento. Podemos combatirlo de muchas formas, lo sabemos. Pero el no poder seguir con nuestro estilo de vida puede comenzar a ser frustrante. 

Quizás comencemos a sentir la falta de bienes básicos y aparezca en nosotros la conducta de pánico. Uno de esos efectos son las compras compulsivas. 

Sin embargo, en esta ocasión tenemos que tener presente que no se trata de salvarme solo… si consigo comprar 80 jabones y 20 botellas de alcohol para desinfectarme y no dejo algo para los demás, el efecto de contagio se dará de igual manera, ya que el resto no podría tomar las medidas de prevención, el virus seguirá circulando. Solidaridad y empatía, una de las claves en este problema. 

El pensamiento negativo, podría llegar a convertirse en el peor enemigo en estos momentos. Ese que anticipa lo peor, ese que nos dice que vamos a perder el trabajo, que ya nada va a ser igual, que acabaremos infectados, que alguien querido fallecerá, que la economía se vendrá abajo. 

Evitemos derivar en este tipo de ideas. Lejos de ayudar, complican nuestra realidad y dejan ver lo peor de nosotros mismos. Cuidemos por tanto de nuestra salud, sigamos las medidas de prevención, pero además de todo ello, atendamos la salud psicológica tomando algunas medidas, como por ejemplo: 

Tal vez una de las más relevantes sería evitar la sobreinformación, que puede provocar mucha ansiedad. Para lograr cuidarnos, tratemos de no estar conectados a las redes sociales o con la televisión encendida todo el día, escuchando noticias sobre el coronavirus. Podemos elegir también en esto, consumir información soló en un momento del día. 

Tener un afrontamiento positivo, centrarnos cognitivamente no en el hecho de estar aislados, sino que gracias a esto, estamos haciendo un bien a los otros y a nosotros mismos. Aunque sea difícil de entender y quizás de llevar a cabo, quedándonos en casa estamos salvando vidas. 

Utilizar este período de tiempo para estar unidos a nuestros seres queridos. 

Mantenernos activos, busquemos actividades manuales, realizar actividad física que podemos llevar a cabo en nuestros hogares.

No dejemos todo al azar, planear una rutina diaria puede ser de gran ayuda. Para todos es fundamental seguir una rutina y horarios. Si hay niños en la casa es de gran utilidad organizarnos y por ejemplo, a la mañana realizar la tarea, que quizás las docentes enviaron por diferentes medios, luego comer, mirar la tele o jugar con tecnología, realizar alguna actividad en familia, etc. 

Mantenernos activos, operativos, con objetivos vitales, sean del tipo que sean, resulta así imprescindible. Es aconsejable, así, continuar, en la medida de lo posible, con nuestro trabajo, con nuestras aficiones. Ejercicio en casa, video llamadas con amigos/as, tocar instrumentos, pintar, desarrollar proyectos audiovisuales, aprovechar para arreglar cosas en el hogar u observar y escribir la evolución de toda esta crisis pueden ser buenas ideas. 

Ayudarnos, crear las redes de contención necesarias para este momento, tener presente que de ser así, sin dudas, esto nos fortalecerá y nos será más sencillo superar cualquier inconveniente o dificultades que puede aparecer durante este período.. 

Seguramente luego de haber pasado por esta experiencia, queden marcas, huellas. 

Solemos hablar de huellas psicológicas en los eventos traumáticos, pero el sentido de las mismas no tendría por qué ser siempre negativo. 

Nuestras vidas han cambiado, por unos días por lo menos. Siempre vamos acelerados, siempre con prisas, con dificultades para atendernos y más aún para atender a otros. 

Quizás sea el momento de parar, de profundizar en nosotros mismos, de elaborar nuestra intimidad, de realizar una introspección, una mirada hacia adentro y tal vez compartirla con las personas que consideremos importantes en nuestras vidas. El autoconocimiento es una pieza clave en nuestra salud mental. Es momento para las conversaciones profundas, el soporte emocional mutuo con las personas con las que estemos pasando esta etapa pero también para profundizar en relaciones existentes o nuevas. 

Quizás, después de todo…ya no seremos los mismos. 


(*) M.P.: 40256 
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