Carta de Lectores

Historias locales

El día después

25|03|20 08:55 hs.

Mi madre tiene 81 años y le toca atravesar esta cuarentena sola, como a muchos. Con mis hermanas vamos poquito a verla para así cuidarla mejor, aunque nos comunicamos con ella todo el tiempo. 


¿La verdad? Me encanta ver su actitud positiva y su serenidad. Y su capacidad para ponerse en acción. Por ejemplo, ahora hace jalea de membrillos. Delicia. 

Ayer, comentando sobre estas vicisitudes que nos toca vivir me relató una historia de su vida que me dejó pensando mucho.

Año 1945 
Tenía ella 7 años y estaba en el patio de su casa andando en triciclo. Viene al caso decir que era una suma de varias casas de familias de hermanos -hijos de italianos- que compartían la vida cotidiana: comidas y momentos varios del día. Habían organizado una cooperativa para enfrentar mejor los momentos difíciles. Se estaba desarrollando la 2da Guerra Mundial. 

Ese día -8 de mayo de 1945- entró su papá y anunció emocionado: “¡Se terminó la GUERRA!!” 

Tan fuerte fue la emoción, que a pesar de ser tan chiquita tiene grabado en su memoria ese momento histórico y todo lo que ese anuncio significaba. 

Como la pandemia hoy, todo lo que entonces se vivía era mundial, de alcance global. También afectaba a todos. Por supuesto a algunos directamente, y a otros más lejos, pero había un sentirse parte de una humanidad sufriente. Y como una red se acompañaban: una red emocional y espiritual que une a los hombres de buena voluntad que aspiran al bien común. 

Ese pequeño relato, esa fotografía de un recuerdo vívido, me llevó a pensar en EL DÍA DESPUÉS. En dar sentido a este aislamiento social que hoy nos toca vivir a todos, en creer que si todos nos involucramos, todos estaremos mejor. 

Me ayudó. Para poder pensar que habrá un día después y que dejará huellas de enseñanza a jóvenes generaciones. Pequeñas historias esperanzadoras de la cuarentena. 

P.D. 
Esa familia italiana en la Argentina en la que mi madre nació es parte de otra mayor, que quedó en su patria de origen y después pasó a Francia. Familias divididas por el hambre y partidas por las guerras. Generaciones que sufrieron viendo a sus hermanos y a sus hijos partir. Para quizá nunca más volver a verse. 

El mes próximo ella, a sus 81 años, iba a cruzar el mar para encontrarse con esa otra mitad. Con su nieto mayor tenía la ilusión de abrazarlos y compartir tantas cosas que quedaron truncas. Ojalá sea posible esta nueva parte de la historia. 

La autora es una vecina de Tres Arroyos