El Campo

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Cómo vive el campo en tiempos de coronavirus

28|03|20 17:48 hs.

La pandemia del coronavirus puso en jaque a la salud pública argentina y del mundo. Lo que creíamos inalcanzable, finalmente llegó. Poco a poco creció el número de contagios y hoy se multiplican día a día. Parece un flagelo incontrolable, o en realidad, hasta el momento parece tener un único remedio, el aislamiento. La consigna es clara: Quedate en casa. Cuidate y cuidanos. “Nos cuidamos entre todos”, es el lema que recorre el país de punta a punta. Pero, ¿qué pasa con aquellos que no pueden parar? Que aún aunque quisieran, la esencialidad de sus actividades no le permitiría hacerlo. 


No existe caso más emblemático que el agropecuario. Aquello que resumimos con esa simple pero abarcativa definición, “el campo”. 

El campo no puede parar. De él depende la producción alimenticia del país. Su tarea es abastecernos y, ante una situación como la que vivimos actualmente, los necesitamos activos. 

Tranquera recogió los testimonios de distintos productores de la provincia de Buenos Aires, quienes contaron cómo es trabajar y en algunos casos vivir en el campo en tiempos de coronavirus.

Cuestiones vinculadas con el abastecimiento de insumos y elementos necesarios para la producción, otras vinculadas a la interrupción de la cadena de pagos y esencialmente las relacionadas con el cuidado de la salud de las familias que viven en el campo, parecen ser las preocupaciones centrales de estos hombres y mujeres que, a pesar de todo, siguen pensando que forman parte de un sector de la sociedad que, sencillamente, no puede parar. 

Así lo resumió, sensiblemente, Tiziana Prada, presidenta de la Asociación Argentina de Braford, con cabaña de esta raza en la provincia de Corrientes pero afincada también en Bunge, partido de Benito Juárez en la provincia de Buenos Aires, en campos de su esposo Jhonny Gutiérrez. 

“Nos encontramos en una tormenta y todos estamos en el mismo barco. Tenemos que estar más unidos que nunca y al campo le toca no parar. Le toca seguir produciendo, tanto al campo como quienes trabajan con el campo. Nosotros somos los responsables de producir el alimento para todos los argentinos”, dijo Tiziana a www.tranquera.com.ar consultada acerca de sus vivencias en tiempos de coronarivurs. 

No obstante, y a pesar de ese irrenunciable compromiso, todo debe hacerse bajo cuidados especiales, aplicando la totalidad de los protocolos correspondientes para no poner en riesgo la salud de los trabajadores y profesionales. “Hacemos todo siempre bajo las medidas de higiene y de protección de la salud dictadas por quienes saben. Respetando eso y poniendo el bien público por encima de todo”, enfatizó. 

En línea con lo manifestado por Prada se expresó el ingeniero agrónomo Juan José Cereigido, de los establecimientos “La Ponderosa” y “Don Germán”, de Trenque Lauquen. Respecto a las medidas de prevención que se adoptan tranqueras adentro, el especialista afirmó que “a la gente del campo es más difícil concientizarla, porque la actividad sigue”. Cereigido manifiesta que existe cierta contradicción entre la necesidad de seguir haciendo lo mismo de siempre, pero con muchos cuidados. “La cantidad de gente que está trabajando es la misma, porque es insostenible hacerlo con menos gente si querés hacer las cosas bien. La gente “extra” del campo sí está limitada. No entra nadie, salvo que sea estrictamente necesario. Es lo que ocurre con los proveedores y otros actores que a menudo llegan al campo. Está totalmente controlado y no entra nadie que no sea estrictamente necesario”.

Diferencias generacionales que inciden 
Un caso particular, pero muy repetido por cierto en los campos bonaerenses, lo plantea Raúl Vicente, de la Cabaña San Vicente, radicada en el partido de Bolívar. Raúl es un eximio cabañero de porcinos, con varios premios nacionales en sus vitrinas. Tiene 67 años y pertenece, por ello, a una generación ya madura que es dominante en las explotaciones agropecuarias bonaerenses.

Con un realismo no exento de angustia, Raúl relata: “No teníamos previsto esto, es muy complicado. En mi caso tengo 67 años y por eso no puedo salir. Estoy al frente de una cabaña y el único que puede salir es el empleado. El problema más difícil es el banco, cubrir los cheques y cobrar las cuentas para poder depositar o negociar cheques. La cuenta está a mi nombre y el de mi mujer, eso significa un problema que habrá que resolver.

“Estamos trabajando normalmente, pero en un establecimiento como el mío, por ahí se rompe algo y ¿a quién mando? Ahora viene la cosecha y la mayoría aquí en la zona, el 70 por ciento de los productores, tenemos más de 60 años. Viviendo en el campo no hay juventud, no sé cómo nos vamos a arreglar. Estoy de acuerdo con las medidas porque es un tema muy serio, pero es muy difícil vivir así”. 

En la otra punta de este extremo que señala Vicente se encuentra Agustín Juaristi, de Estancia Santa Catalina, también en el partido de Bolívar. Agustín tiene 27 años y a su cargo una explotación agropecuaria moderna y eficiente. “El tema del coronavirus me obligó a hacerme cargo también del campo de mi abuela, porque ella está dentro del grupo de riesgo y debemos cuidarla. Lo hacemos entre todos los nietos”, dice orgullosamente. “Al pertenecer a una generación que estamos en contacto con la tecnología, la pandemia nos modificó el trabajo pero no tanto. Desde el campo hoy tenemos todas las comodidades. Estamos cargando gordo, hacemos cría, recría y engorde (ciclo completo), y a la vez también hacemos agricultura. En este momento que se está cargando hacienda gorda con destino a faena; la verdad es que antes teníamos que ir a la ciudad a hacer una guía y hoy por hoy el DUT que se implementó hace menos de 2 años, es una herramienta fundamental para cualquier productor agropecuario, tanto en circunstancias normales como esta. Puedo hacer los documentos que necesita la hacienda para ser transportada desde una computadora. Esta pandemia ha dificultado mucho las cosas en cuanto a lo que es transporte de la invernada. Porque la mayoría de los productores aun no tiene vacunado el rodeo y entonces se ve imposibilitado de hacer la guía”, aporta.  


Casco de la Estancia Santa Catalina.


“Lo que me preocupa mucho es la cadena de pagos. En lo personal, por una cuestión generacional jamás me tocó vivir una situación así. Estamos tratando de ser muy cautelosos. 

“No veo problemas de abastecimiento en el corto plazo. Pero me genera incertidumbre qué va a suceder en el mediano plazo. En la producción del campo, las decisiones que tomás hoy se ven reflejadas en unos meses o un año”, finalizó, no sin antes informar acerca de dificultades que están surgiendo con el tema del transporte de granos y la escasez de silos bolsa, además del incremento sufrido en los costos.

Detalles del día a día 
Alejandro Romero es de Balcarce, y tiene a su cargo el funcionamiento de la Cabaña Inambú. Aseguró encontrarse “conmovido por la situación” y trabaja sin cesar mientras una preocupación ronda por su cabeza: “el tema económico”, dice. “Nosotros dependemos de exposiciones y remates para poder vender y hoy en día está todo suspendido. Por supuesto que me parece correcto, es lo que hay que hacer porque tenemos que cuidarnos entre todos, pero ojalá todo pase los más pronto posible”, comenta Alejandro quien se lamenta porque el remate previsto para el mes de mayo y la exposición de otoño probablemente tengan que suspenderse. 

En el campo viven tres matrimonios que no salen para nada. Él mismo recoge los pedidos y todos los días va y viene desde Balcarce para aprovisionarlos de mercadería. “Yo les traigo todo, lo importante es que ellos no salgan para nada”, asegura.

José Antonio Latessa es un joven productor agropecuario de Trenque Lauquen, que continúa con lo iniciado por su padre, especialmente la cría de ovinos de la raza Pampinta, de la mano de su cabaña “Mil y Una”. Asegura que este tiempo lo han tomado para nuclearse en familia aprovechando las ventajas que aporta el vivir en el campo. “Aquí tenemos de todo para comer. Tenemos huerta, criamos porcinos, tenemos carne, etc., así que ese no es un problema para nosotros. Las actividades las estamos realizando normalmente, también en familia. Estamos pasando la cuarentena todos juntos acá. Hoy debe entrar un camión con maíz y tomaremos todas las precauciones. Esperemos que todo pase. El campo será quien saque al país adelante”.


Los Latessa, padre e hijo.


Protocolos propios 
Hay explotaciones que han tomado sus propios recaudos y elaborados sus propios protocolos de acción, en línea con lo determinado por las autoridades sanitarias. Es el caso del Establecimiento Agropecuario Los Pamperos, localizado en Corbet, partido de Nueve de Julio. Su titular, José María Pampuro, explicó a www.tranquera.com.ar esa circunstancia y su particular decisión de tomar medidas estrictas para combatir, desde su arista, a la pandemia en curso. 

“Armamos dos protocolos, uno para nuestra gente y otro para las tares de cosecha. La cosecha se inició perfectamente porque teníamos ya todo previsto y todo comprado. Hemos embolsado, ahora estamos parados por la lluvia pero las cosechadoras llegaron perfectamente. En otros campos que alquilo que estamos sacando con camiones y hasta este momento venimos bien. Sé que hay gente que tiene problemas de insumos. En mi caso, lo único que no me han entregado son unas máquinas cargadoras y embolsadoras que compramos en Firmat, Santa Fe, y en esa ciudad no están dejando salir camiones. Por ese motivo no puedo apurar más la cosecha porque estoy embolsando con una sola.“En el campo las personas, todo nuestro personal está cobrando el sábado a la tarde y domingo como si fuera una guardia y nadie puede salir del campo. Los camiones que entra tienen un protocolo. Hemos dado autorización para salir únicamente al encargado y al segundo que van a los ortos campos y a hacer las compras”. (Tranquera)