Osvaldo tiene 80 años y desde hace 64 trabaja en la gomería. “Soy parte del inventario"

La Ciudad

Arenas Neumáticos cumple 88 años

“Me cuesta creer a lo que llegamos”

19|04|20 09:45 hs.

La charla ya se había consumido casi una hora, Osvaldo Arenas había paseado por su vida y contado con detalles quirúrgicos -síntoma de que a los 80 años tiene la memoria de un adolescente- la evolución que tuvo la gomería fundada por su padre Aureliano hace hoy 88 años. Y cuando parecía que ya estaba todo dicho, que había reconocido que todavía él no cree en lo que se ha convertido “Arenas Neumáticos”, con una sonrisa pícara suelta: “Todo esto me parece que se lo debo a un tío materno…”


Y volvió a arrancar el relato de su comienzo, pero con el capítulo que había obviado antes. “En la gomería de mi padre había un tío mío, tal vez él fue el gran responsable de que hoy seamos lo que somos. Porque cuando mi papá no pudo trabajar más por el asma, él nos dijo a mi mamá y a mí que no íbamos a poder seguir, que yo era un inútil. Y se fue de nuestra gomería y puso una a la vuelta, sobre Colón”, recuerda con precisión.

“En la gomería de mi padre había un tío mío, tal vez él fue el gran responsable de que hoy seamos lo que somos. Porque cuando mi papá no pudo trabajar más por el asma, él nos dijo a mi mamá y a mí que no íbamos a poder seguir, que yo era un inútil”


“Para mí fue una provocación y una motivación al mismo tiempo. Yo estaba en cuarto año del Nacional y pensaba terminar quinto año y estudiar abogacía. Pero me dije, ‘le voy a demostrar a este que no soy tan inútil…’”, cuenta. 

El tío provocador se mudó a Monte Hermoso, hasta que las vueltas de la vida lo trajeron otra vez a Tres Arroyos. Más precisamente a la gomería de su sobrino. “Necesitaba unos papeles de cuando fue empleado de mi padre para terminar de arreglar su jubilación. A esa altura ya se había fundido como una vela. Y cuando vino le dije: ‘ya que estamos te quiero mostrar lo bien que me está yendo’, y lo llevé a ver la casa que había comprado enfrente a la gomería y que había transformado en depósito de gomas. ‘Uhhh, qué manera de haber gomas’ me comentó sorprendido. ‘Viste lo que hizo el inútil de tu sobrino’, le dije”.

Aureliano 
La historia de Arenas Neumáticos comenzó el 19 de abril de 1932, cuando Aureliano Arenas inauguró su humilde gomería en la esquina de Deán Funes y Moreno. Luego de algunos años, logró comprar el terreno de la esquina de las avenidas Moreno y Constituyentes y se mudó. Ahí siguió trabajando junto con el famoso tío materno hasta que el asma lo obligó al retiro. Osvaldo, por ese entonces cursando el secundario y con la idea de estudiar Derecho, decidió soltar los libros y seguir con el proyecto paterno. 

“El inicio fue duro. Estuve siete años solo, andaba a los martillazos desarmando gomas. No tenía ni techo la esquina, así que pasé un frío tremendo. Tenía una pileta -todavía la tengo- para probar las cámaras que cuando abría le tenía que romper la escarcha…”, cuenta. 


Cuatro etapas de la gomería. El comienzo en Deán Funes y Moreno (arriba); la primera etapa en la esquina de Moreno y Constituyentes (abajo).



“Yo nací donde hoy está la entrada al taller, porque mis padres vivían ahí. Así que soy parte del inventario de la gomería”, asegura con la mirada vidriosa de la emoción. “Uno quiere el negocio porque lo vivió”, completa. Los 64 años que Osvaldo lleva trabajados, los trabajó en su gomería. Y siguen brotando los recuerdos.

“En esos tiempos había un gomero, Osvaldo Ramos, que estaba en San Lorenzo al 300. Yo acá pulía la goma, le pegaba la banda y me iba en bicicleta hasta allá para que me las cocinara, porque él tenía la máquina para recauchutar. Y mientras esperaba me quedaba mirando siempre una estantería que tenía con 70 u 80 gomas nuevas. Yo me preguntaba, ‘¿algún día podré tener las gomas que tiene éste?’. Mi sueño era tener las gomas de Ramos, que eran menos de 100… Siempre me acuerdo de eso. Y de a poco uno fue trabajando y pudo lograrlo”, cuenta Osvaldo. 

La tercera generación
Los años fueron pasando, Osvaldo se casó y vivió en lo que hoy es el taller de armado de cubiertas. Llegaron los hijos, cuatro varones (Pablo, Sergio, Luciano y Francisco) y una mujer (María Sol, quien fue una gran golfista y hoy está radicada con su marido en Estados Unidos). 

Con el tiempo los cuatro varones se fueron sumando al negocio, como era el anhelo de Osvaldo. La empresa pisaba cada vez más fuerte en la zona y había buenas perspectivas. Hasta que llegó la crisis de 2001. Para los Arenas, la debacle económica les mostró las dos caras de la moneda. “No teníamos trabajo, los empleados estaban barriendo porque no tenían nada para hacer. Y lo peor era que yo tenía a mis cuatro hijos en el negocio. Es decir, yo estaba contento por eso, hasta que la crisis paralizó todo, y me puse como loco, porque ellos ya estaban casados y todos teníamos que vivir de la gomería…”, dice. 


La evolución que tuvo el edificio de Moreno y Constituyentes con el paso de los años hasta la actualidad




La frase tantas veces dicha de que las crisis traen oportunidades, se hizo carne en la familia Arenas. En 1998 habían incorporado a Michelín y con esa base pudieron arrancar la expansión para superar la crisis. “El desastre de 2001 lo que también generó fue una gran depuración, y hubo muchos negocios grandes de distribución de cubiertas que se cayeron. Nosotros quedamos con lo puesto, pero en pie, y nos animamos a ir a ganar esos espacios”, recuerda. 

Así comenzó la conquista de la provincia de Buenos Aires. “Sergio se fue a Tandil a abrir un local, nos fue muy bien, y abrimos también en Junín y Pergamino. Luciano hizo lo mismo en Bahía Blanca y Francisco en Olavarría. Pablo se quedó en Tres Arroyos conmigo, y desde acá manejamos la sucursal que abrimos en General Pico y desde donde atendemos a casi toda La Pampa”. 

A esto hay que sumarle que el Grupo Arenas tiene una planta de reconstrucción de neumáticos en el Parque Industrial de Tandil, que es una de las cuatro que Michelin abrió en el país; y un galpón, la central de cargas que hay en Villa Soldati, en la capital federal, donde Michelín deja la mercadería. 

De no creer 
“¿Qué diría Aureliano si pudiera ver lo que es su gomería hoy? No, imposible, no le parecería cierto. A uno mismo le cuesta creer esto”, revela Osvaldo con los ojos húmedos. “A lo mejor podría haber sido abogado como quería mi mamá, pero además de que esto me encanta, hice una empresa que sirvió para mis hijos”, dice con satisfacción. 

“Yo a veces discuto mucho con la gente que dice que si no estudiaste no sos nada. El título te sirve sólo para vos, te fuiste vos y se fue el título. Yo pude armar una empresa en la que mis hijos crecieron y aprendieron. Ellos tampoco estudiaron, pero hoy cada cual tiene su firma y se fueron ampliando y creciendo”, asegura. 

Y la charla llega al final porque Osvaldo tiene que cruzar a la gomería a atender algunos temas financieros. “Yo sigo trabajando, me cuido por el tema del coronavirus, claro”, cuenta. 

Antes de despedirse aclara que hoy no está preocupado por el parate obligado que ha tenido la economía, su empresa incluida. “Podemos aguantar el chubasco porque estamos bien parados. Igual, esperamos que de a poco todo se vaya reactivando”, dice antes de ponerse el barbijo. 

Queda claro que de inútil Osvaldo no tiene nada.