La estación de trenes en 1977, plena de movimiento

Opinión

el rincón de Andrés Errea

Cuando el progreso llegó sobre rieles

19|04|20 18:57 hs.

A solo dos años de fundada la ciudad, arribó el primer tren a Tres Arroyos el 2 de abril de 1886. Ese día las puertas del progreso se abrieron de par en par para nuestra comarca en general. 


La producción agropecuaria primero y la industria y el comercio después, encontraron en el ferrocarril el medio de transporte más barato en largas distancias, lo que algunos llamaron “el mayorista de los transportes terrestres”, por su gran capacidad de carga. 


En las décadas del 40 y 50, la locomotora construida en Inglaterra por la empresa Vulcain, Fundri y Cía. Podía desarrollar una velocidad de 120 kilómetros


Además de las ventajas enunciadas, el tren pasaba por aquellos lugares donde no había rutas, ni siquiera trazados y por lo tanto, transitaba por sitios inaccesibles para el transporte automotor. 


“El surtidor”, en una imagen tomada en octubre de 1995


Bajo estas condiciones, no sólo se beneficiaban los que debían transportar cargas, sino que además se contaba con un servicio de pasajeros a ciudades como Bahía Blanca, Tandil y por supuesto, Buenos Aires; eso implicaba que varias poblaciones surgieran a lo largo de las vías, prosperaran junto al ferrocarril y se despoblaran cuando se inició su decadencia. 


El Changador, en una jornada de trabajo


La línea que pasaba por nuestra ciudad era el Ferrocarril del Sur, propiedad de empresas inglesas; ésta luego se transformó en el Ferrocarril Nacional General Roca al ser estatizada en 1946. 


Los andenes número 1 y número 2, en fotografías de 1995 y 1996



Finalmente, en la década de 1990, pasa a manos privadas (sólo la vía), convirtiéndose en Ferrosud, únicamente como transporte de cargas, ya que el último tren de pasajeros con destino a Buenos Aires partió el 1º de noviembre de 1989. 


La “Garza”, proveniente de Tandil, en el puente del primer brazo de los Tres Arroyos, en 1975


“Martineta”, la máquina pilota utilizada para trasladar vagones, mover locomotoras y girar las unidades, entre otras funciones


Algunos años después de la llegada del primer tren, se inauguró la Estación del Ferrocarril, transformándose ese barrio en el epicentro del gran movimiento y crecimiento de la ciudad; en sus inmediaciones surgieron algunas de las principales industrias y también se constituyó en la puerta de entrada de las primeras oleadas de inmigrantes. 


Los primeros tiempos. Mateos y carruajes tirados por caballos, con rumbo a la estación


Hoy aquel predio de la calle Ituzaingó alberga al Centro Cultural La Estación y al escenario de la Fiesta Provincial del Trigo. 


La Zorrita, un elemento para la movilidad de los operarios


Las fotografías muestran esa mutación; aunque algunas construcciones desaparecieron, otras quedan como testimonio del pasado de esplendor. 

“Un gran viaje”
Quien escribe estas historias, también vivió los viajes en tren. Cuando éramos chicos (de 5, 7 y 9 años), vivíamos en Vázquez; mi padre Ramón Errea, tenía almacén y despacho de bebidas ¿Por qué la importancia del tren? Porque además de lo dicho en la nota, para nosotros los tres hermanos: Berta, Amelia y Andrés, viajar por este medio era “la gran aventura”. 


Sobre el viejo puente del Río Quequén


Veníamos a Tres Arroyos a la consulta del Dr. Tellman Vogelius, y también con el propósito de comprarnos ropa, zapatos y todo aquello que necesitáramos. De eso se ocupaba mi madre, lógicamente. 



El tren iba y venía diariamente. La emoción y un poco de susto se mezclaban cuando ese gigante llegaba al andén. Viajábamos en el vagón de la “clase turista”, y a veces, en tiempos de sequía, se filtraba un poco de tierra, pero eso importaba poco, para nosotros era “el gran viaje”. 

Pequeño recuerdo para mi familia que viaja en otro tren, el del cielo.