La Ciudad

Hace 75 años: Holanda libre, en la Segunda Guerra

El día en que a Meester Slebos se le llenaron los ojos de lágrimas

06|05|20 00:22 hs.

Por Alejandro Vis

Era grande en todo sentido. Alto, físicamente. Y con una personalidad también que generaba autoridad. Quienes fueron alumnos del Colegio Holandés cuando se encontraba Cornelio “Meester” Slebos, no dejan de recordarlo con afecto. El maestro y director representó para muchos de ellos una verdadera guía. 

Pedro Ouwerkerk compartió un hecho que quedó para siempre en su memoria. Un día absolutamente especial, como pocos. El 5 de mayo de 1945, Holanda recuperó la libertad tras tantos sufrimientos y dolores en la Segunda Guerra Mundial. 

Desde allí había venido a la Argentina Meester Slebos, era su tierra de origen y el lugar en el que residía su familia. Nada menos. El Colegio Holandés funcionaba en un inmueble ubicado en avenida Belgrano al 800, donde se encuentra actualmente la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días. 



Cuando Meester tomó conocimiento de la liberación de Holanda y lo anunció en el Colegio, se lo vio conmovido. “Con lágrimas en los ojos”, recordó Pedro Ouwerkerk, quien era alumno de segundo grado. 

Las voces de los mayores y de todos los chicos se unieron con “Het Wilhelmus”, el Himno Nacional de los Países Bajos, luego hicieron lo propio con el Himno Nacional Argentino y también con canciones de la Iglesia para agradecer a Dios. Todos estaban conmovidos -contó-, a tal punto que las clases se interrumpieron hasta el día siguiente, no se podía seguir en medio de una emoción tan fuerte. 

El ejército nazi había invadido Holanda en mayo de 1940. Hubo destrucción, muerte, enfermedades, ejecuciones, el “invierno del hambre” entre diciembre de 1944 y marzo de 1945. Parte de la población viviendo bajo tierra, en sótanos y refugios. 



Pedro Ouwerkerk mencionó a integrantes de la colectividad neerlandesa en Tres Arroyos que fueron convocados a la Segunda Guerra Mundial y regresaron con vida como Folkert Tiemersma, Jacobo Kraaij, Jacobo Feddes, Bernardo Polenbrander, Simón Waterdrinken. Son los que tiene presentes, puede haber otros. Los holandeses residentes en Argentina debían presentarse en la Embajada y los que tenían familia eran exceptuados del conflicto bélico. 

El 2 de abril de 1946, se concretó la inauguración del Colegio Holandés en la ubicación actual. Allí fueron recibidos varios de los que habían combatido; “tenían el traje militar. Se les dio la bienvenida”, expresó. 

Eran tiempos en que los chicos vivían en instalaciones del Colegio. Tanto en avenida Belgrano al 800 y luego en el “viejo internado” -como se lo llamó décadas más tarde-, situado en el sector donde actualmente está la cancha de fútbol.

Padres que trabajaban en campos más cercanos los retiraban los fines de semana o en muchos otros casos, únicamente en Semana Santa, vacaciones de invierno o verano. No todos tenían aún automóvil y se desplazaban en villalonga o cubrían distancias más largas en colectivo, por caminos de tierra que cuando llovía se volvían intransitables.



Otra época 
¿Cómo no conmoverse ante tal acontecimiento? La posibilidad de que los holandeses recuperen la vida que habían tenido antes del terror de la guerra. Las lágrimas de Meester Slebos expresaron el valor de la libertad y es indudable que aquel día, los himnos sonaron diferente, con la profundidad que proviene del alma. Alumnos que sin terminar de entender en toda su dimensión lo que sucedía, se vieron igualmente movilizados. A tal punto que Pedro Ouwerkerk lo relata con precisión, como si hubiera pasado ayer mismo. 

Meses después terminó la Segunda Guerra y se planteó el desafío de la reconstrucción. 

Han pasado 75 años y la pandemia de coronavirus afecta prácticamente a todo el mundo. Contagios, muertes, aislamiento, crecientes problemas económicos. Si bien su impacto es diferente en cada país, pero altera de manera notoria la vida de los habitantes. Son circunstancias totalmente distintas, pero es valiosa la memoria sobre el sacrificio de generaciones anteriores, que supieron resurgir -con un costo humano altísimo- en medio de la desolación, con la libertad como bien más preciado.  


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Participación activa en la resistencia 

Federico Slebos, uno de hijos de Meester, le dijo ayer a La Voz del Pueblo que “gran parte de la preocupación de mi papá por la guerra era la activa participación de su familia en la resistencia” en Holanda. 


Cornelio Slebos con sus padres, en 1974


Colaboraban “con la protección de vecinos judíos y como centro de distribución de la correspondencia secreta de la resistencia en Haarlem”. Su tía, con tan solo 15 años de edad, “repartía cartas en bicicleta entre los activistas anti nazis”. 

Recordó que “en la planta baja de la casa de mi abuelo, una escalera llevaba al living en primer piso. Debajo de la escalera había una especie de pequeño depósito donde cada uno podía dejar las cartas que serían luego distribuidas, aprovechando la ‘inocencia’ de una adolescente en bicicleta”. 

Los hermanos de Federico son María Elena, Geraldine y Roberto. Son hijos del matrimonio conformado por Meester y Lidia Juana Zijlstra Pluis, el 14 de septiembre de 1950.