Opinión

Por Roberto Barga

La pandemia, la deuda y la justicia

17|05|20 09:16 hs.

Aviso a navegantes, esto de la pandemia va de proteccionismo económico, nacionalismos varios y guerras comerciales largas, tan largas como la duración del Covid-19, que todo indica, habrá que convivir con él por mucho tiempo.


Algunas fotos del álbum mefistoide dicen que EE.UU. acaba esta semana con 36,5 millones de empleos perdidos, que registra la mayor cantidad de aranceles para importar productos de su historia y no sólo eso, que bloqueó también el envío de semiconductores a la fábrica china Huawei. 

Sigamos dando una vuelta por el mundo: Japón, induce a sus capitales a retornar con las inversiones que tienen en China de regreso a la isla, y, pasando por Europa, tres cuartos de lo mismo. Vemos que en Francia el Estado le dice a PSA (Peugeot y Citroen) y a la Renault, que si quieren la ayuda estimada en 5000 millones de euros, tienen que abandonar la deslocalización y regresar con sus fábricas a casa. Es un hecho que Nissan (socia de Renault), se va de España, dejando un tendal de 3000 trabajadores. Hay que recordar que el Estado francés posee, en el caso de Renault, el 15% de su capital accionario, algo similar ocurre con Peugeot y Citroen. 

Mucho más cerca, aquí en la Argentina, conviene parafrasear a Lenin y preguntarse, como lo hiciera el líder bolchevique, ¿Qué hacer? (“¿Qué hacer?” es el libro que escribió Vladimir Ilich Lenin en 1902, donde planteaba las estrategias para la toma del poder). ¿Qué hacer en este contexto mundial y en una economía como la Argentina que venía cuesta abajo en la rodada y a la que el virus no hace más que agudizarle las contradicciones? 

El primer frente a despejar es la negociación con los bonistas y aquí vale preguntase; ¿tiene sentido endurecer el asunto, en la búsqueda de un acuerdo sustentable? ¿Sustentable en comparación con qué parámetros? ¿Cuánto va a caer la economía de Argentina este año? ¿Y el que viene va a crecer? Mientras tanto el ruido en la línea con los tenedores de bonos va en aumento según los días y las versiones interesadas, pero el hecho fáctico es que el dólar “blue” no para de subir y terminó el viernes en 139 pesos, el doble que el oficial.

El dólar paralelo o “blue” es un mercado chico, casi marginal, pero hay que reconocer que en una economía altamente dolarizada y culturalmente dolarizada, genera distorsiones de precios que son temerarias. 

Dicen que al presidente Alberto Fernández, el economista liberal Jefrrey Sachs le aconsejó no preocuparse demasiado por un default de deuda, ya que según Sachs (que ahora descubrió las bondades del humanismo por verbigracia del Papa Francisco), el mundo va a un default generalizado. Pero el sentido común indica que es mejor que primero “defoltee” ese “mundo” y en todo caso que después se sume la Argentina. Eso de experimentar como conejo de indias, mejor lo dejamos para los laboratorios. Y en la misma línea, y viendo lo visto, ¿no será mejor firmar algún tipo de acuerdo más o menos aceptable y frenar las expectativas devaluatorias? Si total, siempre estará la debacle del coronavirus para renegociar otro acuerdo, cuando se caiga el que está en cuestión. Este cronista aclara que la idea de firmar algo se la trasladó un periodista del “palo” kirchnerista a un ministro del ejecutivo nacional. Desconocemos la respuesta. 

El monopolio informativo que impone el Covid-19, naturaliza o esconde noticias que en otro contexto encenderían todas las alarmas. La Encuesta Permanente de Hogares (EPH) que realiza el Indec, dice que Argentina terminó 2019 con 38,3 % de pobres (dándole la razón a la medición de la UCA) y que la dinámica descendente de la actividad impuesta por la cuarentena, lleva esos números al 45% de pobreza. De continuar esta caída vertical del desempeño económico en poco tiempo uno de cada dos habitantes será pobre. 

El presidente almorzó esta semana con sus encuestadores de cabecera. Dicen que se lo vio tranquilo y consciente del potro que hay que domar, aunque la procesión va por dentro. 

La Moncloa impensada 
Desde esta columna reclamamos la necesidad de llegar a acuerdos políticos que permitan dibujar un horizonte de certidumbres, como alguna vez hizo España allá por 1978. Pero la “política” argentina parece tener otras expectativas a la hora de llegar a entendimientos, sobre todo en temas que orbitan en el plano judicial.

Mientras nos entretenemos con el repunte de casos infectados por coronavirus (atención a los contagios en las villas, puede ser una espada de Damocles) y nos martirizamos con la posibilidad de una regresión a una cuarentena dura, también “pasan cosas”, al decir de Mauricio. Esas cosas indican que el juez Rodolfo Canicoba Corral está a punto de ser “indultado” por el Consejo de la Magistratura, y siguiendo el principio filosófico de que nada se pierde sino que se transforma, siempre es útil tener jueces prestos a las “miradas” indulgentes con los asuntos de gobierno. 

Hay más novedades en materia de pactos judiciales. En este caso parece ser que la protesta de la vicepresidenta por el affaire Mahiques (Mahiques es el jefe de los fiscales porteños, por cierto de buena relación con la ministra de Justicia, Marcela Losardo), trajo consecuencias y agua para el molino de Cristina. La Oficina Anticorrupción no será querellante en las causas Hotesur y Los Sauces, que tenían a Fernández de Kirchner y su familia envuelta en temas de lavado de dinero. 

El interrogante a despejar es si todo esto forma parte de un “acuerdo” antiguo, que hay que ir a buscarlo al final de la campaña de las PASO 2019. El resultado apabullante de aquella elección, decidió la suerte de Mauricio Macri y la de Alberto Fernádez. Todo indicaba que la elección definitiva, es decir la de octubre del 19, terminaría en una paliza histórica en favor del Frente de Todos, simplemente por inercia y porque la gente vota a ganador. Pero una campaña anodina, errática y con “errores” infantiles por parte del Frente de Todos, le permitieron a Macri volverse competitivo, impedir que el peronismo sumara un solo voto y achicar las distancias de 16% a 8%. Algún día se sabrá que pasó en esa campaña. De momento sobran especulaciones. 

Un servidor, no cree en la judicialización de la política, pero puestos a pactar sería interesante que la política también pactara cómo saldremos de esta.