Marcelo y Agustín Guerreiro tienen un recorrido muy parecido: a los dos les gustó el oficio de chico

La Ciudad

Los Guerreiro, en el Día de la Industria

“Lo que nos encargan los clientes lo hacemos como si fuera para nosotros”

05|06|20 11:13 hs.

La piedra fundamental la puso Eleuterio Guerreiro en 1967 cuando abrió una herrería en la primera cuadra de la avenida Libertad. Su hijo Marcelo apenas tenía un año por ese entonces. De a poco, a medida que fue creciendo, las visitas al taller de su padre se hicieron más frecuentes y largas, hasta que a los 14 años se largó a trabajar codo a codo con él. 


La herrería se recibió de metalúrgica en 1978, cuando padre e hijo compraron una máquina cilindradora de chapa. “Fue la primera que hubo en Tres Arroyos, así que todos venían a hacer caños a nuestro taller”, recuerda Alberto, que en 1991 quedó sólo por la partida de su padre. 

Diez años después enfrentó otro gran desafío: se mudó del taller de siempre a un gran terreno en Pringles al 1100. “Justo me agarró la crisis”, cuenta Alberto, que ahora mira para atrás y con mucho orgullo observa lo que logró. “Me vine el 1° de julio, había un galponcito, casi no tenía herramientas, y la cilindradora estaba afuera, a la noche la tapaba con una lona”, dice. 

“Acá hay mucho sacrificio, muchas horas de trabajo, muchos sábados y domingos trabajados”, indica repasando la mirada por lo que es hoy Metalúrgica Guerreiro. Dos galpones, una oficinita, valiosas herramientas y planes para seguir evolucionando es lo logrado en casi 19 años. Aunque lo que mayor satisfacción le genera es que lo alcanzado fue gracias al aporte familiar. 

Si bien desde siempre Agustín mostró interés por la fábrica y en cada rato libre le daba una mano, hace tres años volvió de Bahía Blanca donde estaba estudiando ingeniería industrial y se convirtió en una pieza clave de la empresa. Su otro hijo, que continúa la misma carrera, cuando está en Tres Arroyos también mete mano. Mientras que mamá Marta es la encargada de la parte administrativa de la Pyme, que además cuenta con dos empleados.

“Desde siempre el fuerte nuestro es lo relacionado al agro. A las maquinarias y a las industrias relacionadas con el campo. Hacemos reparaciones en general y fabricamos lo que nos pida el cliente. Hacemos acoplados de siembra, tanques de combustible, carros, y también damos el servicio de corte y plegado de chapas para otras metalúrgicas y empresas”, describe Agustín. 


Los acoplados de siembra, uno de los productos fuertes de Metalúrgica Guerreiro. Llevan entregados 70 en poco más de dos años y tiene 7 pedidos para los próximos meses


Apasionado por fabricar y crear, Agustín tiene claro que tarde o temprano la metalúrgica pegará un nuevo salto. “A futuro la idea es instalarnos en el Parque Industrial pero ya como fábrica, para empezar a hacer nuestros productos”, revela. 

Mucho tiene que ver en eso el éxito que viene teniendo el acoplado para siembra y fertilizantes que empezó a construir hace poco más de dos años. En ese lapso ya logró vender 70 y tiene siete más pedidos para entregar de acá a septiembre. “Hemos vendido en varios lugares de la provincia, y hasta ahí llegamos por el boca a boca, y por algunas páginas en las que publicamos”, explica. 

A los Guerreiro los apasiona el oficio, pero también tienen ciertas normas que vienen desde la fundación, principios que Eleuterio le inculcó a Marcelo y él a Agustín. “Nuestra norma desde siempre es que el cliente se vaya contento. Entonces, si hacemos algo mal, porque nadie es perfecto, lo hacemos de nuevo y listo. Y acá lo que nos encargan los clientes lo hacemos como si fuera para nosotros. Siempre digo lo mismo: yo lo hago lo mejor que puedo. Habrá mejores que yo, pero el trabajo que entrego es el que mejor pude haber hecho”, asegura Marcelo. 

“Yo vengo escuchando lo mismo desde que venía de chico, así que lo tengo incorporado también”, aporta Agustín. Y entre los dos cuentan otra regla del taller: “Un cliente no tiene que venir dos veces a buscar algo. Siempre hacemos lo máximo para cumplir los plazos de entrega”.

Y se despiden con un saludo a los clientes y a los colegas, “con quienes tenemos una muy buena relación”. Algo que también les enseñó don Eleuterio.