La Ciudad

Con personas en situación de calle en Buenos Aires

Gino Ceccarelli: “Me propongo no ser indiferente”

07|06|20 02:17 hs.


Estudia Medicina en la Universidad de Buenos Aires. Desde que inició la carrera en 2017, se involucró en una tarea de ayuda y acompañamiento a personas en situación de calle, a través de la pastoral universitaria 

A Gino Ceccarelli la realidad lo interpeló. Su hermano mayor Luis realiza la carrera de Ingeniería en Buenos Aires y cuando lo iba a visitar, se detenía a observar a las personas en situación de calle; “las tres primeras veces que fui a la parada de colectivo y vi en el lugar a la misma persona, me propuse no ser nunca indiferente”, recuerda. 

Terminó los estudios secundarios en el Colegio Jesús Adolescente y en 2017, se radicó en Buenos Aires –vive con su hermano- para iniciar Medicina en la UBA. Se encuentra cursando cuarto año y valora que “está bueno poder irse, tener la oportunidad y estar allá estudiando”. Los efectos de la pandemia de coronavirus, no fueron un impedimento para seguir con su formación; “justo en esta etapa me tocó bastante contenido teórico, no fui el más perjudicado por la interrupción de clases presenciales. Nos podemos manejar muy bien con lo virtual en el proceso de aprendizaje”. 

En Tres Arroyos “realizaba actividades en una de las parroquias –puntualiza-. En Buenos Aires, me contacté con varias personas y terminé incorporándome a la pastoral de la UBA. Intervienen alrededor de 200 personas de distintas partes del país, con diversas formaciones, inquietudes y orígenes”. 

La pastoral está conformada por jóvenes de hasta 30 años y cuenta con “muchos grupos, cada uno con sus carismas. Yo me sumé a uno que es Noche de la Caridad”. 

Una vez por semana, los días lunes, los miembros del mencionado grupo se congregan en la Parroquia San Lucas, ubicada en avenida Santa Fe y Riobamba. Explica que “algunos vamos a preparar los sanguchitos, caldo si hace frío o jugo si hace calor. La Parroquia tiene una casa antigua, muy cómoda y grande, ideal para esta tarea”. Se lleva a cabo una misa y quienes no profesan el culto, asisten con posterioridad; Gino observa que “van por el lado humano, no es nada excluyente participar o no de la misa”. 

 Se organizan las salidas con ocho recorridos, con la participación de aproximadamente diez personas en cada grupo; “cuando llueve somos un poco menos cantidad, si no es época de finales en la universidad el número es superior”, indica. 

Gino comenta que “hacer siempre el mismo rumbo permite realizar un seguimiento”. Las primeras veces le resultó “bastante difícil y distinto. Es mentira que uno la pasa bien haciéndolo, es una de las pocas veces en las que ayudar no está tan bueno. Porque no está nada bueno ver a gente en esa situación”. 

Son personas que “están durmiendo en el piso, si tienen suerte en un colchón o un aislante, cuando llueve se les moja todo y tienen que tirarlo porque no cuentan con un lugar para secarlo. Es bastante compleja la situación, es el cuarto año que lo hago y no estoy acostumbrado. Ellos lo naturalizan, es la vida cotidiana que tienen”. 

 Hay un momento, en este proceso de acompañamiento, que refleja la evolución en la confianza. Gino señala que “la marca a fuego es cuando te acercás a alguien y se acuerda de tu nombre. Ahí ya hay un vínculo”. 

La comida y la bebida que se entregan son “una excusa para conversar, si es posible, relacionarnos. Tal vez, delante de esa persona pasaron en el día 200 o 300 hombres y mujeres, ninguno la miró o lo hicieron con superioridad o soslayo. Hay otros grupos que hasta preparan comida más elaborada y van a un mismo sitio, donde la entregan; es muy bueno lo que hacen, pero nosotros nos enfocamos más en el acompañamiento”. 

En cada recorrido, se visita a unas 20 personas, que su vez tienen su familia. Gino comenta que “a veces sus familiares también están en situación de calle, en otras ocasiones no. Hay quienes son habituales, están siempre, y también aquellos estacionales, por decirlo de una forma, permanecen un tiempo. Cada historia es muy particular”. 

Las reacciones son diferentes y en la pastoral universitaria entienden que es importante “respetar las libertades, lo que quiere la otra persona. No están en la obligación de responderte. Quizás quieren charlar u otros se limitan a decir muchas gracias, después no hablan más nada”. 

Las razones 
Al evaluar las circunstancias de aquellos que no tienen techo, sostiene que “la mayoría terminan ahí porque los abandonó la familia”. También sucede que es la consecuencia de “algún tipo de adicción. Siguen habituándose y perpetuándose en esta adicción, es muy difícil salir, más cuando no tienen ningún familiar que los ayude. Y hay gente que por un juicio termina sin ningún peso, en la calle”. 

Con una anécdota, relata el caso específico de “una familia con la que nos hicimos muy amigos. Los visitamos durante un año en la calle, festejamos los cumpleaños de los chiquitos, de ellos. Pero ocurrió que por disputas legales de la tenencia, los nenes no fueron al colegio por un año y la verdad es que no tienen nada que ver”. 

Describe que lo más difícil es “perder el contacto” con la persona que se estableció un vínculo. Agrega que “por ahí lo viste uno o dos años, de un día para otro recibe una oportunidad o en el peor de los casos fallece. El año pasado se murió un señor por frío, yo no lo conocía, en una de esas heladas fuertes en la capital; después River ofreció su estadio para recibir a los más afectados por las bajas temperaturas. Me dolió muchísimo porque podría haber sido uno de los que yo conocía”.

 Muchas de las personas que conoció en la calle “padecen enfermedades preexistentes y crónicas. Eso dificulta su capacidad de moverse y de instaurarse de nuevo en la sociedad, en la vorágine de una vida cotidiana normal en los parámetros que se manejan”. 

Una oportunidad 

Llegó hace más de cuatro años a Buenos Aires con “la idea de colaborar. Tenía ganas de hacer algo que no había hecho antes. Grupos misioneros hay en todas las ciudades del país, Cáritas también. En cambio, esto es algo propio de Buenos Aires, Rosario, Córdoba, Bahía Blanca, una oportunidad única para gente que le gusta ayudar”. 

Hace referencia a las diferentes instituciones e iniciativas solidarias, sobre lo cual valora que “hay buena onda entre todos. Como autocrítica, puedo decir que no siempre está tan amalgamado, puede suceder que pasan dos el lunes y nadie el martes. Pero hay muchos, el carisma de cada grupo es diferente”. 

 Siente gratitud ante gestos, miradas, palabras. “Nos ha pasado que nos digan a mi o a un compañero, ‘sos la primera persona que para a saludarme o preguntarme como estoy’. Es la indiferencia propia de vivir en una ciudad donde no sabes quién es el que está al lado”. Gino reitera: “Que sepan tu nombre es clave en el vínculo. Significa que vos diste y hubo recepción de ese mensaje, también te dieron. Se perciben esas ganas de compartir”. 

Considera que “si nosotros no vamos no es que no comen, la gran mayoría sí consigue. Pero que alguien te diga es el primer alimento del día, ya vale la pena hacerlo para todos, es la excusa, pero a su vez un bien material para una persona que lo necesita”. 

Con naturalidad 
Las ganas de acompañar y ser parte de esta iniciativa “se fue dando naturalmente –dice, ante una pregunta de este diario-. Es algo que nace de lo más interior de uno y como se manifiesta también varía mucho, no hay una sola forma de ayudar”. 

Cita palabras de un amigo que participa en Noches de la Caridad, con las que se siente identificado. “Dijo algo que me gustó mucho. Es dos cosas en simultáneo, un encuentro y un servicio, me quedó grabado a fuego. Un encuentro para servir y un servicio para encontrar”. Prácticas interrelacionadas, que tienen en común el valor de la amistad. 

 Es hijo de Luis y Cristina. Hermano -como se indicó- del futuro ingeniero Luis. El avanza con Medicina. Sonriendo, en el cierre de la entrevista, reflexiona: “Es la más humana de las ciencias dicen. Esperemos en el día de mañana, en la profesión, nunca ser indiferente a la realidad que al otro le pesa y le duele”. 

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NO ES UNA ELECCION

El grupo con el que realiza la recorrida está integrado por jóvenes de diversos lugares, provenientes “de ciudades de la provincia de Buenos Aires, como Mercedes o Pergamino, y de otras provincias”. 

Gino hace una diferenciación: “Me gusta hablar de gente que está en situación de calle y no que vive en la calle. Estar en la calle es una situación que a uno lo condiciona en un montón de cosas, pero no un estilo de vida, no es que deciden vivir ahí”. Aclara que esto es así “en la mayoría de los casos”, si bien hay excepciones muy puntuales: “Me ha tocado conocer gente que elige estar en ese lugar. Habría que hacerle un test psicológico o algo, esa calidad de vida es totalmente muy difícil de llevarla día a día. Porque es vivir momento a momento. Hasta hay hechos de violencia, peleas por colchones, una frazada; sucede y no tiene que pasar desapercibido a los que los visitamos habitualmente”.  



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