Opinión

EDITORIAL

Planes sí, planes no

26|07|20 00:38 hs.


“…Francamente, no creo en los planes económicos. Creo en los objetivos que nos podemos fijar y trabajar para conseguirlos…”, respondió Alberto Fernández a Benedict Mander, corresponsal del Financial Times en Argentina, en una entrevista realizada en Olivos y publicada el 19 del corriente en el influyente medio inglés. Y las alarmas, como si en nuestro país no sonaran estruendosamente desde hace tiempo, incrementaron en algunos niveles más, su sonido. 

 No es para menos en un país en recesión, con una caída histórica de su PBI, pronosticada, entre otros, por la CEPAL (Comisión Económica para América Latina y el Caribe, dependiente de Naciones Unidas) y con una incertidumbre inédita potenciada por la pandemia y sus efectos. El organismo, con sede en Santiago de Chile, estimó una caída de un10,5 % del Producto Bruto local y una performance de desplome generalizado en todos los países que forman parte de la institución, más alto que el producido en la región pos crisis de 1929. Dicho de otro modo, el más profundo de su historia. 

 Puesto que de los líderes se esperan soluciones, es natural exigirles un sendero atravesado de objetivos, mojones, metas preliminares, que desemboquen en un resultado esperable. Las sociedades son vitales, flexibles, cambiantes, arrebatadas, pero navegan en un proceso de la historia, al cual es posible aproximarse. En el fondo de la vida social, se descubre el mecanismo de su funcionamiento, que nunca es preciso ni tampoco exacto, como tampoco es un completo azar. Por ello es posible establecer programas, con las maleabilidades del caso, que son siempre más que objetivos sueltos. Estos últimos cobran sentido, relevancia, importancia, en el contexto de una finalidad que los contiene y les da forma. Los planes se acercan a la solidez, los objetivos sueltos, a la liviandad, al azar puro. 

 Planes sí. Es la respuesta que se da en la vida individual, donde las personas se imaginan su futuro mediato y buscan, elaborando proyectos, encontrarse de la mejor manera más tarde en el tiempo, conscientes de lo cambiante de la vida y de su ausencia de linealidad. Eso no las priva de pensar “un esto para un aquello”. 

 Planes sí. Vitalmente dan sentido al existir. Social, económica y políticamente hablando, muestran un horizonte. Un camino colectivo para llegar a una sociedad mejor que la de su punto de partida. Fijan etapas y establecen prioridades. Dan previsibilidad en la incertidumbre. 

 Planes sí. Cuando el sustento de los mismos se forja en un diagnóstico objetivo, real, descarnado, del estado de las cosas. El símil con la vida es evidente. Aspirar a la ingeniería sin bases matemáticas sólidas, por ejemplo, es establecer un punto de partida, con altas chances de fracaso. 

 La economía es una ciencia social, no es exacta, pronostica mucho y se equivoca otro tanto, pero no significa que no se encuentren en esa disciplina, profesionales prudentes y competentes que puedan elaborar planes tan consistentes en su formulación como flexibles en su implementación. Con una particularidad, una condición sine qua non: atados a una mirada global del país, que abarque todas las dimensiones de su vida y que los contenga dentro de ella como un factor relevante pero no suficiente. Si eso está ausente, planes no. 

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