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El Campo

Por Rita Robledo

Cinco recomendaciones para el manejo de trigo y cebada

13|08|20 11:53 hs.

La información de los monitoreos de enfermedades de la campaña de cereales de invierno 2019/20, reunida en el marco de la Red de Manejo Integrado de Plagas (Red MIP) de la Asociación Argentina de Protección Profesional de Cultivos Extensivos (AAPPCE), permite establecer algunos aspectos fundamentales para aportar a la profesionalización del cuidado de estos cultivos. A continuación mencionamos cinco de ellos.



El porcentaje de área tratada con fungicidas desde la campaña 2012



Entre los protocolos consensuados entre los integrantes de AAPPCE, el referido a enfermedades en cereales de invierno, se resume del siguiente modo


Elección de variedades 
En los planes de siembra, la elección de variedades de trigo y cebada posee diversos factores a tener en cuenta; entre ellos, productividad. Sin embargo, en relación a la problemática de enfermedades, la genética es un componente de vital trascendencia, pero poco atendido. 

En los datos de la genética sembrada en la campaña pasada, observamos una concentración muy importante de aquellas variedades consideradas susceptibles. Veamos por caso, en trigos de ciclos intermedios a cortos, prevalece la elección de Klein Rayo (19%) y DM Ceibo (44%), mientras que en aquellos de ciclos intermedios a largos, DM Algarrobo (48%) y de Bio Basilio (8%). En el caso de Cebada, abunda la selección de Andreia (80% del total). 

Asistimos, entonces, a un panorama de escasa variabilidad en los materiales sembrados, que marcan un llamado de alerta a tener en cuenta en las estrategias de protección. 

Análisis de semillas 
De la mano de la elección de la genética sembrada, cobra vital importancia la realización de análisis de semillas para detectar la presencia y tipo de patógenos en estas, para luego decidir el uso de los terápicos más adecuados. 

Hemos identificado, en la campaña anterior, que en función de los curasemillas utilizados en algunas zonas, puede haber diferencias sustanciales de los momentos de la decisión de intervención, para el control de las enfermedades foliares. Estas diferencias, entre distintos tratamientos, van de 21 a 32 días de retraso en la decisión de aplicación. 

Es de vital importancia, entonces, prestar atención a los curasemillas; ya que permiten ingresar con los fungicidas en un estado fenológico del cultivo más avanzado. 

Enfermedades recurrentes 
Una pregunta que debemos hacernos siempre: ¿Conozco las enfermedades recurrentes en la región? Como es de conocimiento en el sector, las enfermedades más importantes a lo largo de la última década han sido Roya de la hoja (Puccinia triticina), Roya del tallo (Puccinia graminis), Roya estriada (Puccinia striiformis f. sp. tritici), el complejo de manchas y Fusarium. 

En Argentina -siempre según los datos de las áreas de Red MIP-, desde la campaña 2012 hasta la actualidad, el porcentaje de área tratada con fungicidas ha ido aumentando hasta la campaña 2017, instancia en la que tuvo lugar la epifitia de Roya amarilla (Puccinia striformis), llegando a un pico del 180% del área tratada. Luego, tanto en 2018 como en 2019, esta disminuyó debido a las condiciones ambientales que favorecieron una reducción de las componentes predisponentes para la proliferación de las enfermedades. 

En concreto, en algunos casos, puede haber tendencias similares año a año, pero no todas las campañas son iguales.

Seguimiento y monitoreo profesional 
Si las campañas no son todas iguales, ¿cómo tomar decisiones correctas si no partimos de un buen diagnóstico de la realidad que tenemos frente a frente? Así para conocer bien la situación de las enfermedades lote a lote, requerimos de otro pilar: el seguimiento y monitoreo profesional de los cultivos. 

Identificar, registrar y trazar la evolución de las enfermedades, y en caso de ser necesario realizar una intervención química con estos datos, permite hacerlo en el momento adecuado. Estos son pasos imprescindibles para poder aprovechar y hacer un uso correcto al máximo de los productos utilizados; con un claro retorno en el ahorro de inversión económica, junto a un correlato en el cuidado del medio ambiente. 

Pero “mirar” el lote no es lo mismo que “monitorearlo”. Adoptar y respetar una metodología validada, permite ordenar y sistematizar de forma beneficiosa la recolección de datos en las recorridas a campo. 

Umbrales de daños y acción 
Por último, es primordial conocer los umbrales de daños de cada enfermedad, para poder llegar en tiempo y forma, y así lograr mantener los patógenos por debajo de los niveles que produzcan pérdidas económicas. 

También es importante tener presente qué jerarquía otorgamos a la noción de umbrales de acción. Se recomienda, por lo general, considerar a los mismos como valores de referencia, a adecuar según la realidad de cada lote, de cada zona, de cada asesorado; en paralelo a los distintos factores intervinientes en la toma de decisiones. No hay recetas únicas. 

* Ingeniera agrónoma, gerente Red MIP de AAPPCE