Opinión

Por José Mariano Pérez

Istilart y el Hospital Pirovano (I)

16|08|20 20:52 hs.

La fecha precisa de fundación del Hospital no me ha sido posible establecerla con exactitud, pero aproximadamente tuvo su nacimiento allá por el 1886. 


 En dicho año el “Hospital Tres Arroyos” se estableció en la casa del Sr. Manuel Durán, en calle Alsina entre Reconquista y Brown (donde hoy funciona Alvarado S.A.), siendo lo que en la actualidad llamamos una sala de primeros auxilios. El único médico que allí atendía era el Dr. Adolfo Sánchez de León. 

 Hacia 1897, bajo la intendencia del Sr. Claudio Portela, se compra un inmueble en calle Pedro N. Carrera al 600 cuyo tamaño era de “una manzana de tierra” y el precio abonado fueron 10.000 pesos. Se reformó la construcción existente, adecuándola al funcionamiento del nosocomio. En 1907 se impone el nombre de Ignacio Pirovano. El día 3 de agosto de 1924 cerró sus puertas y se traslada a la actual ubicación.

El 11 junio de 1918 se conforma la comisión administradora del Hospital, habiéndose elegido a Juan Bautista Istilart como presidente, integrándola también los señores Manuel Hurtado, Juan Guillamón, Miguel Guisasola, Manuel Pérez Echegoyen, Bernardino Sueiro, Fermín Mauco, José Bilbao, José Carriquiri, Martín Groppa, Miguel Aizpurúa y Bautista Vassolo. 

 En la primer reunión, Istilart recordó que don Félix Ayastuy había efectuado una donación de 10.000 pesos para la construcción del nuevo edificio e hizo saber que había calculado que ese dinero debía servir como incentivo para comenzar una suscripción pública destinada a reunir los fondos restantes para concretar la obra deseada y a la vez, cada día más necesaria. Istilart manifestó que contribuiría con una suma igual e hizo conocer un proyecto por él elaborado que serviría de guía para la colecta. “Se deben conseguir 5 aportes más de 10.000 pesos cada uno, 10 de 5000, 15 de 3000, 20 de 2000 y varios de 50 pesos, para así alcanzar a la suma de 235.000 pesos. Los pagos podrán hacerse hasta en cinco cuotas iguales, las que deberán ser abonadas en el plazo de tres meses. Los donantes de 10.000 pesos o más, tendrán derecho a dar su nombre a un pabellón, los de 5.000 podrán poner su nombre a una sala y los restantes aportantes figurarán en lápidas que quedarán para la posteridad dentro del establecimiento”. 

 Así Istilart, no solo contribuyó con una muy buena suma de dinero sino que ideó el sistema para conseguir los fondos necesarios. Con el importe aportado por nuestro prócer, le daba derecho a poner su nombre a un pabellón, pero demostrando su humildad y bajo perfil, decidió denominar “Francia” a una sala para hombres. 

 Seis meses después de la primera reunión, se hizo un nuevo encuentro para contabilizar cuánto dinero se había logrado conseguir. El monto ascendía a 143.000 pesos. Debido al “fracaso” de la recaudación, Istilart toma la decisión de ir personalmente a visitar a renombrados vecinos para solicitarles su colaboración. Recorrió la ciudad, varias chacras y campos de la zona y hasta viajó a Tandil y a Dolores, en busca del dinero requerido. Su trabajo rindió sus frutos y en menos de un mes logró juntar 85.000 pesos. El saldo restante lo donó él, en nombre de los empleados de su fábrica.

 En una posterior reunión y habiendo reunido el dinero previsto, se discutió sobre el lugar donde estaría emplazado el edificio. Tres fueron las propuestas más aceptadas, a saber: la esquina de avenida San Martín y Norteamérica (hoy Almafuerte), el solar situado en avenida Belgrano y Quintana y por último el lugar donde finalmente se construyó. Se resolvió por un grupo de lotes, propiedad del municipio, ubicados en la otrora chacra Nº 9, letra E, del ejido urbano. Según diversas fuentes consultadas, no hay uniformidad de criterio en cuanto a la propiedad original del predio. Como dije, algunas expresan que era municipal y otras sostienen que el terreno de 19.400 metros cuadrados fue comprado en parte con fondos de la Comisión Administradora y por una importante donación del vecino Sr. Manuel Iturralde.