Carta de Lectores

Escribe Mario Luis Pola

Nuestros prohombres, un poco más terrenales

31|08|20 12:47 hs.

Señora directora: 


En vuestro diario se publicó una interesante carta de lectores relacionada con uno de los pro- hombres de nuestra patria, en cuya memoria se instituyó el 29 de agosto (día de su nacimiento) el día del abogado. Se trata de Juan Bautista Alberdi, autor de una obra que fue columna vertebral para la sanción de la Constitución Nacional del 53.

Si bien es menester recordar a este gran argentino con todas sus indudables bondades, no es menos cierto que en su trayectoria política no exenta de fragores y pasiones exhibió algunos rasgos que pueden compararse sin dudas a los que acontecen en la actualidad y que hemos dado a llamar “la grieta”, elemento que en muchos casos se le atribuye la génesis del mal que sufrimos los argentinos. 

Tal vez, para demostrar lo dicho anteriormente, es oportuno recordar su histórico enfrentamiento con ese genial y contradictorio personaje de nuestro pasado, Domingo Faustino Sarmiento, el llamado acertadamente por el historiador José Ignacio García Hamilton “El Cuyano Alborotador”. Enfrentamiento que en muchos casos, por la vehemencia con que defendían sus posiciones, se trasladaba al ámbito de los agravios personales (cualquier parecido con el presente dejo al análisis del lector si es una mera coincidencia), más allá de que dichas discusiones tenían sin dudas un alto nivel académico.

La aparición nacional de Justo José de Urquiza, luego de derrotar al Brigadier General Juan Manuel de Rosas fue una de las primeras cuestiones que generaron las primeras disputas: mientras que Alberdi lo defendía fervientemente, para Sarmiento el vencedor del restaurador personificaba sin más a Lucifer en la Tierra. Y este diferendo llevó a las primeras escaramuzas. 

Sarmiento calificó a su adversario como “abogadillo autor de minués y templador de pianos” mientras que Alberdi se enorgullecía de su profesión, enronstrándole al sanjuanino adjetivos que lo mostraban de poco menos que inculto y chabacano. 

Este último, que no tenía como virtud la prudencia en sus declaraciones, continuó calificándole como “charlatán, malcriado, mediocre y oscuro, escuálido, enclenque y raquítico jorobado” (pero solamente eso, diría alguien). 

Más allá de estos “elegantes enfrentamientos” hay que reconocer que nuestro país les debe a ambos, sendos trabajos orientados a una mejor educación, de acuerdo con sus particulares visiones, de las cuales es muy oportuno recordar el curioso pensamiento de Alberdi:

En su trabajo “La República Posible” Alberdi señalaba que no era conveniente educar a todo el mundo si no que era mejor conservar una elite gobernante y sabia y mantener sometida a la mayoría del pueblo hasta que se dieran las condiciones para extender la educación a todos, además de poner en dudas la conveniencia de instalar un sistema republicano.

Por su parte, Sarmiento, por el contrario, consideraba que el progreso económico solamente era posible si la educación se extendía a toda la sociedad., cosa lograda a través de la histórica Ley 1420. 

Ojalá que este modesto escrito sirva para que el lector pueda conocer también aspectos que muestren a nuestros pro hombres un poco más terrenales. 

Mario L. Pola