La Ciudad

Impulsó un protocolo novedoso en Bahía Blanca

La enfermera tresarroyense que ayudó a que los pacientes de Covid-19 no estén solos

05|09|20 21:06 hs.

Por Alejandro Vis

A los 27 años, Victoria Fontana está viviendo una etapa laboral especialmente intensa. Es enfermera y se desempeña desde el 1º de junio de 2017 en el Hospital Municipal de Agudos Dr. Leónidas Lucero de Bahía Blanca, donde realiza la residencia en cuidados críticos. 

Al terminar el Secundario, se radicó en Bahía Blanca para estudiar la Licenciatura en Enfermería en la Universidad Nacional del Sur. Se recibió en el año 2013 de enfermera, a partir de lo cual comenzó a trabajar, y a fines de 2015 de licenciada. 

Una vez que obtuvo la licenciatura, regresó a Tres Arroyos. “Estuve en la guardia del Hospital Pirovano un año, y unos meses en maternidad. Trabajé paralelamente en el Hogar de Ancianos El Atardecer”, señaló. 



En 2017 surgió la oportunidad de realizar la residencia en enfermería en cuidados críticos, en el Hospital Leónidas Lucero. “Rendí un examen, quedé y retorné a Bahía Blanca”, afirmó. 

 En este sentido, agregó que “desde entonces me encuentro en terapia intensiva, pero tuve rotaciones por otros servicios donde hay pacientes críticos también”. 

Al describir los efectos de la pandemia en la mencionada ciudad, Victoria dijo que “ahora se empezó a complicar un poco más, la última semana hubo un crecimiento en la cantidad de ingresos en terapia con pacientes positivos, que estaban internados en la sala o en seguimiento en su casa. Cuando recién empezó esto teníamos muchos pacientes sospechosos, ahora se están viendo los confirmados y confirmados graves”. 

Las actividades del personal de salud se concretan con “un poco más de presión”, debido a que es necesario “estar mucho más alerta a todo lo que estás haciendo y te vas más cansado de las seis horas de trabajo. Habiendo poco personal también se complica”. 

Dentro del hospital hay circulaciones específicas para los empleados que trabajan con pacientes afectados por coronavirus y para quienes integran áreas que atienden otras patologías. “Se ha diseñado así para no cruzarnos”, expresó. 

El equipamiento que debe colocarse cada jornada incluye “camisolín, botas, cofia, barbijo de alta protección, máscara facial”. Subrayó que “una vez que terminamos de trabajar hay que tener mucho cuidado al desvestirnos, es el momento en que podemos llegar a contagiarnos aún más. Al finalizar el turno nos tenemos que bañar para poder irnos a nuestra casa y todo eso implica un tiempo extra. Te vas una hora o una hora y media más tarde, somos varios los que trabajamos en un mismo turno”. 



Más cerca 
Victoria impulsó la iniciativa de realizar un protocolo para que familiares puedan brindar acompañamiento a pacientes con Covid-19 y fue una de sus autoras. El Hospital que integra es el primero en aplicarlo en Bahía Blanca y el único, si bien hay interés en otros centros de salud en ponerlo en práctica. 

Recordó que se trata de “una idea que empezó a analizarse cuando recién comenzaba el aislamiento obligatorio, en marzo. Todos ya estaban trabajando con el protocolo de medicación para los pacientes y como se los iba a atender”.  

En videoconferencias y en notas periodísticas publicadas en las redes sociales, ella observó que “había pacientes en el mundo que fallecían solos, no podían despedirse de su familia. Ahí empecé un poco a insistir en el grupo de terapia de hacer algo, no podíamos permitir que los pacientes fallecieran solos más allá de que tuvieran Covid”. 

Por este motivo, surgió la propuesta de generar un protocolo de acompañamiento. “Comencé a escribirlo teniendo en cuenta las recomendaciones que consideraban en otras partes del mundo, de hacer videollamadas, de dejar pasar al familiar con todo el equipo de protección al menos cuando el paciente se sabe que va a fallecer”, indicó. 

 Compartió la tarea con otras dos colegas, que son la jefa de Enfermería en terapia y su instructora de residencia. Comentó que “ellas lo fueron modificando y fuimos hablando sobre el tema, después se lo presentamos a los jefes de la terapia y al comité de contingencia para que pudiera estar aprobado. Así se generó el protocolo de terapia”. 

En mayo fue incorporado, utilizando las posibilidades que ofrece la tecnología de la comunicación. “Los médicos hacen videollamadas para darle el informe a las familias, les muestran al paciente como si estuvieran en una visita presencial. Cuando el trabajo lo permite, los que formamos parte de Enfermería ingresamos la tablet, protegiéndola obviamente, al área donde están los pacientes. Hacemos videollamadas un poquito más de cerca para que el familiar les hable, más allá de que la persona esté sedada e intubada”. 



No es un método que se limitó únicamente a los pacientes con coronavirus. En este sentido, sostuvo que “en la terapia no Covid también se restringieron las visitas, un poco ahí empezó el protocolo. No dejaban ir a ningún familiar. Decíamos por qué si son pacientes no Covid. Finalmente, aprobaron un familiar por turno de visita, insistimos además en que puedan enviar algún video o un audio para que cuando el paciente está un poco más despierto los pueda ver y escuchar, los sienta más cerca”. 

De esta manera, la experiencia se inició en sectores no Covid y luego se trasladó al área de terapia destinada específicamente a la pandemia. 

Despedida 
En circunstancias en que no hay un tratamiento curativo, sino que se deben buscar paliativos para el alivio del dolor y no sufrimiento, se permite que asista un familiar a despedirse. “Lo hacemos cuando el paciente está en un proceso que va a fallecer. Quien viene hace una videollamada para que el resto de los familiares también puedan despedirse", explicó. 

Victoria hizo referencia a “dos experiencias que tuvimos en el último mes. Una la presencié yo, vino una hija a despedir a su mamá, en total son 13 hijos. La ayudé a ponerse todo el equipo de protección, hicimos la videollamada con alguno de sus hermanos. Fue un momento difícil, uno no sabe muchas veces que decir; me quedé en silencio y la acompañé”.

 Tuvo una conversación posterior, que la ayudó a percibir la importancia que tiene facilitar un encuentro. “A la semana del fallecimiento hablé con la hija nuevamente, para ver cómo estaba. Me comentó que había sido muy importante poder despedirse de su mamá y que perdió un sobrino también por Covid, al cual no pudieron ver. Tuvo las dos situaciones, el no poder despedir a un familiar, le quedó algo pendiente, y sí despedir a su mamá”. 

 La iniciativa tuvo consecuencias positivas en otros sectores del Hospital. Valoró que “un tiempo después que se puso en práctica nuestro protocolo en terapia, se creó un comité de paliativos con médicos, psicólogos, asistente social y enfermeros de clínica, para hacer un trabajo similar en el resto del hospital, con la finalidad de que los pacientes estén acompañados”. 

 Acceso público 
La Argentina tuvo un poco más de tiempo para prepararse ante el coronavirus, en términos comparativos con lo que sucedió en países de Europa, por ejemplo. Victoria recordó que “en España, en pocos días tuvieron muchísimos casos. Nosotros en marzo y abril trabajamos todo esto, había pocos pacientes. Los positivos empezaron a estar internados en terapia desde fines de mayo, junio. Nos dio tiempo para pensar y hacer los protocolos, que además se van modificando”. 

El material que han preparado, los procedimientos que utilizan, “están en la página de Internet del hospital, son públicos, los puede ver quien tenga interés. No son sólo para uso interno de los trabajadores. Ojalá que pronto todos los hospitales empiecen a ponerlo en práctica”.  

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La familia 
Los padres de Victoria son Luis y Claudia. Residen en Tres Arroyos al igual que los abuelos Olga, Luis y María, tíos, primos y otros familiares. Tiene un hermano, David. “Está en Buenos Aires, con mi cuñada Fernanda”, contó y agregó con alegría: “Tuvieron una bebé en mayo, en plena pandemia. Se llama Emma y no la conocimos todavía”. 

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“Es todo muy movilizante” 



El aprendizaje sobre la manera de tratar el dolor, el sufrimiento y de “humanizar aún más los cuidados” 

Victoria Fontana dijo, al describir la experiencia cotidiana en la pandemia, que “es todo muy movilizante. Además, encontrarme sola en Bahía Blanca, no estar con mi familia, hace que piense mucho más en esto, en el acompañamiento familiar”. 

En diciembre, enero y febrero pasados realizó una rotación por cuidados paliativos en el Hospital General de Agudos Dr. Enrique Tornú, de la Ciudad de Buenos Aires. “Vine más sensibilizada. Crecí muchísimo, también en la humanización tanto de la terapia como en todos los otros servicios”, indicó. 

En el Hospital Tornú “tienen un servicio de cuidados paliativos con pocas camas, pero además reciben a pacientes ambulatorios. Aprendí mucho acerca de tratar el dolor, el sufrimiento, acompañar a ese paciente, la familia, como ayudarlo, comunicarme. Fue una rotación muy importante”. 

Regresó a Bahía Blanca “con la idea de hacer un poco más, si bien nuestra terapia es humanizada. Intentamos que sea de puertas abiertas y flexible en el sistema de visitas, si las circunstancias así lo requieren”. La pandemia impuso restricciones, pero Victoria pudo contribuir en un protocolo valioso para los pacientes y sus familias. 

 El caso Solange 
En agosto, Solange Musse falleció en Alta Gracia, Córdoba, por un cáncer de mama y su padre no pudo despedirla, pese a que manejó más de mil kilómetros desde su lugar de residencia en la localidad de Plottier, Neuquén. Las medidas sanitarias establecidas debido al Covid-19 no hicieron posible que la visite.

 “Lo que pasó en este caso resonó en todos lados. Por eso es tan necesario humanizar aún más los cuidados, con respeto, generar condiciones para la despedida y el acompañamiento. De lo contrario, queda un vacío, quizás un duelo patológico más adelante”, planteó Victoria. 

A modo de conclusión, reiteró que “el objetivo de lo que estamos haciendo es que el paciente sea acompañado y que la familia pueda despedirse”.