Omar López Cabañas –en bata- junto a Gay Montangero, en uno de los centros instalados en Claromecó

La Ciudad

Otra parte de la historia

Antes de escuchar al enemigo

06|09|20 10:02 hs.

Un radioaficionado amigo de ‘Lito’ Omar Angel López Cabañas, contó a La Voz del Pueblo detalles previos a la experiencia de 76 días llevada a cabo en el faro junto a dos colegas y amigos, durante la guerra de Malvinas. Rodolfo ‘Fito’ Egulián también amplió sobre lo divulgado por amigos claromequenses y familiares durante abril de 2019, en una primera entrega de una historia hasta entonces sólo conocida por un pequeño entorno 

Por Fernando Catalano

Omar Angel López Cabañas era un verdadero apasionado de su actividad como radioaficionado. Pero ese entusiasmo siempre fue acompañado por una notable capacidad que supo complementarla con una fuerte dosis de patriotismo durante los 76 días en los que permaneció atento -junto a dos amigos- rastreando en toda frecuencia posible al enemigo inglés, desde el faro de Claromecó. 

Sólo alguien tan apasionado como él -como radioaficionado- pudo conservar los detalles de una historia que los tresarroyenses pudimos comenzar a conocer a partir del testimonio de amigos claromequenses y familiares, durante abril de 2019. 

Las notas publicadas por LA VOZ DEL PUEBLO en abril de 2019:

Desde la ciudad de Centenario, provincia de Neuquén, Rodolfo ‘Fito’ Egulián compartió con La Voz del Pueblo los detalles de aquellos días que también supo conservar a lo largo de los años, y que pudo conocer tiempo después de la guerra. Sólo que a partir de su testimonio conoceremos que Lito, había entrado ‘en juego’ antes que se desate el conflicto del Atlántico Sur. 

Viaje de bodas
Mientras disfrutaba de su viaje de bodas por Egipto, asomó el germen que años después terminaría por convertirse en la antena tipo pirámide, con la que escuchó e interfirió a los británicos. 

Fue en las pirámides donde nació aquella historia, y a partir de una experiencia que tuvo por invitación del guía de esa misma excursión. 

“De pie, les hizo sacar cualquiera de los dos brazos en forma horizontal, izquierdo o derecho. Es ahí donde notó un efluvio de energía tremendo en los dedos, y esa experiencia quedó dando vueltas en su cabeza”, contó Fito recordando sus charlas con Lito quien por entonces no se explicaba cómo otros colegas que pudieron haber pasado por allí no hubieran reparado en ese detalle. 

Una vez de regreso en Tres Arroyos comenzó a experimentar en alta frecuencia. “Las altas frecuencias hacen que el modelo de antena que vos construyas -y quieras experimentar- sea manejable en cuanto al tamaño. Es decir, el tamaño físico es inversamente proporcional a la frecuencia, a mayor frecuencia el tamaño es más chico. Esa fue la razón”, explicó Egulián quien avanza en cada detalle de su narración con información técnica. 

“Me comentó que durante siete años consecutivos estuvo probando, ensayando, haciendo un montón de cálculos y cuentas” hasta que un buen día logró dar con las ecuaciones matemáticas que permitieran relacionar la frecuencia con el dimensionamiento de la antena. “Yo de genio no tengo nada, los genios fueron los egipcios, yo sólo me tropecé con una experiencia de este tipo de la que hasta yo me sorprendí”, dijo citando a López Cabañas. 

El resultado de la antena en la práctica fue que tuvo “un rendimiento tremendo, con bajo nivel de ruido y por sobre todas las cosas, con omnidireccionalidad”. 

Explicó que ello significó que no era direccional la antena como una de televisión. “Podía captar a través de 360 grados, y aparte un nivel de ruido muy bajo, eso es la frutilla del postre para cualquier radioaficionado”, comentó. 


Pedro Bergdolt realizaba las escuchas desde el puesto instalado en el faro, donde se emplazó la famosa antena en la parte más alta


Luego se optimizaría aún más su rendimiento al ser instalada en el faro de Claromecó. “En una estructura autosoportada para cubrir una zona limpia de interferencias electromagnéticas, y sumado a ello el espejo de mar apuntando hacia Malvinas. Era una autopista para las ondas electromagnéticas”, reseñó detalladamente. 

Entrando en juego 
Días previos a que se declare la guerra entre ambas naciones, Omar López Cabañas pudo escuchar que un radioaficionado mencionó la presencia de fuerzas militares argentinas en Malvinas. “Como te imaginarás lo sorprendió de tal manera que no lo podía creer. Así que llamó a un amigo que tenía en la base de Puerto Belgrano, pero lo atendió el hijo”. 

Según Fito, Lito obtuvo ese dato porque conocía a la propietaria de la frecuencia. Era la esposa del jefe del correo de Malvinas. Ahí fue como el tresarroyense se enteró de la presencia militar en las islas del Atlántico Sur. “En el transcurso de ese mismo día suena el teléfono, el fijo que tenía en Tres Arroyos, y quien lo llamaba era el padre de este chico, que calculo que debió haber sido un militar de grado de la marina. ‘Mirá lo que vos escuchaste es cierto, se ve que los muchachos ya llegaron’”, dijo Egulián trayendo a la memoria el diálogo que le contó Lito del tema.

“¿Pero vos sabés lo que estás diciendo? ¡Esto va derecho a un conflicto!”, fue la respuesta del radioaficionado tresarroyense a su interlocutor en Puerto Belgrano. 



Días después volvieron a llamarlo, pero en esta oportunidad fue para que asesore en la compra de equipos. “Los militares tenían un problema grande con equipos obsoletos, entonces querían que las tres fuerzas tuvieran equipamiento suficiente y necesario como para poder coordinar y comunicarse como corresponde. Es ahí donde -más o menos- entra en juego Lito con éste tema”, apuntó.  

Subiendo al faro 
La guerra contra el imperio británico era un hecho, y se aproximaba. “Lito diseñó la antena para la frecuencia que estimó que los buques ingleses tenían, y le dio un croquis a Carlos Bancur que era el antenista que él tenía, entre los dos subieron al faro y montaron la antena. 

De inmediato llamó a sus dos íntimos amigos -los tres tenían los mismos equipos de última generación- y a la madrugada siguiente estaban en Av. Costanera 444. Ahí montaron todo el teatro de operaciones de comunicaciones”, precisó.


Algunas imágenes tomadas en abril de 1982, muestran el centro de operaciones armado en Claromecó por los radioaficionados


A Lito lo acompañaron Gay Montangero, un escribano de Dolores experto en telegrafía. Tenía un oído refinado y estaba preparado para ese tipo de transmisión. El restante fue Pedro Dolbergt, de Labardén. “Pedro estaba en el faro con uno de los transceptores, y Gay Montangero y Lito en Costanera”, contó.   

El comienzo 
No todo se concentraba en el faro. El equipo también estuvo compuesto por otro integrante en Puerto Belgrano. Se montó una antena de cuadro con la que hicieron goniometría, para ubicar una estación emisora a través de dos estaciones receptoras. 

“Por eso es que ellos sabían el movimiento de los buques y empezaron a detectar de qué buque se trataba. Si bien no tenían los nombres, sabían que el Invencible era el cabecera del positivo ya sea por el nivel de señal, por la potencia de los transmisores y las frecuencias que manejaban”, describió Fito.


Omar López Cabañas –en bata- junto a Gay Montangero, en uno de los centros de comunicaciones instalados en Claromecó



Recordó el radioaficionado neuquino que pudo tener en sus manos los cuadernos Arte en los cuales Lito dejaba registradas las escuchas. “Vieras el nivel de pulcritud en peinar frecuencia por frecuencia, kilociclo por kilociclo. Como decía Lito, no había tiempo más que para café y cigarrillo porque estaban las 24 horas del día permanentemente haciendo escuchas”, dijo. 

Los tres radioaficionados tenían una línea telefónica desde la central de Entel hasta la casa de Lito, sobre avenida Costanera, y la vinculación entre Costanera y faro se hacía a través de un equipo de VHF. “En tiempo real se comunicaban y se transmitían las frecuencias que querían escuchar”, describió.   

Interceptando 
Según contó Fito, López Cabañas quería saber cómo los ingleses bombardeaban o atacaban con viento o lluvia, estaba convencido que recibían algún tipo de ayuda. “No era casualidad, así que en un momento determinado detectan una AM de Rio Gallegos con una característica especial; había un pequeño bip que se establecía cada tanto”, explicó. 


Gay Montagnero (segundo desde la izquierda) y Pedro Bergdolf (primero desde la derecha), junto a tres oficiales de la Armada


Se trataba de los beacons -un sistema de balizas- que utilizaban los ingleses. Ante la duda que fueran utilizadas para alertar desde Río Gallegos a la flota inglesa por el despegue de aviones, o como para orientar con un posible ataque a las bases aéreas, “empezaron a interferir las comunicaciones con un amplificador lineal con un equipo de dos KW. Establecían la frecuencia y le metían portadora, o sea una señal continua, hasta que evidentemente determinaron que dejaran de usar esa frecuencia. Ese era el tema”, precisó.  

Radiogoniometría
Utilizando el trabajo articulado con Puerto Belgrano, Lito también logró advertir otro método con el cual el enemigo filtraba información. “En un momento escuchó la BBC de Londres con un nivel de señal que no le cerraba. Eran señales muy intensas. Orientó la antena nuevamente, ubicó el ángulo y llamó a Puerto Belgrano. Momentos después le pasaron el ángulo de recepción, trazó la recta y sorpresivamente la BBC de Londres estaba en la isla Ascensión. Casi se cae de espaldas”, relató.


Lito pudo descubrirlo. Las fuerzas armadas británicas utilizaban una triangulación en la Isla Ascensión, para guiar a sus buques hacías las Islas


Lito le contó que en las transmisiones se escuchaban las campanadas del Big Ben, dando la hora británica. Pero entre campanada y campanada, notaron que había un ruido característico que los militares lo llamaban ‘el grillo’. “Evidentemente eso era un tren de información, lo que se denomina ‘packet radio’. Es decir, enviaban información cifrada vía radio frecuencia. El tema era que los ingleses utilizaban una velocidad tan alta que acá no teníamos tecnología para recepcionar y decodificar esas señales”, dijo. 

Y la respuesta ante esos recursos no fue otra que “la interferencia, o borrarlos del mapa porque no había otra manera de poder bloquearlo”, dijo Fito al valorar la eficacia de Lito y su compañero en la base de Puerto Belgrano para hacer radiogoniometría.   

“Manchas como gotas” 
En uno de esos cuadernos Arte, en los que escribía a diario Lito, hubo una hoja que a Fito le llamó la atención. “Recuerdo que había manchas como gotas y tintas borroneadas”. ‘¿Sabés lo que es eso?’, le preguntó. Y respondió al instante que eran sus lágrimas “cuando nos enteramos del hundimiento del Crucero General Belgrano”.

Desde Neuquén -por teléfono y décadas después- Fito aún se estremece al recordar tan sólo cómo Lito se lo confió. “Son cosas que me quedaron grabadas como el audio de un piloto inglés que sorprendido por un ataque de la fuerza aeronaval argentina gritaba -en su jerga- que ‘están lloviendo perros y gatos’. Tras escuchar eso sobrevino una explosión y silencio”, recordó. 

Dos trajeados 
Finalizado el conflicto un día apareció un vehículo con dos personas de traje, de la embajada de Suiza, preguntando si era el señor López Cabañas. Ese punto de encuentro marcó el inicio de una relación impensada. “Venimos de la embajada de Suiza, pero en realidad el gobierno inglés está interesado en la antena que usted diseñó”, fue la forma en que se presentaron sin que el radioficionado tresarroyense pueda explicarse cómo se habían enterado que era él. Y más aún, que el enemigo lo busque pidiéndole ayuda. 

Alojados en un hotel de Tres Arroyos lo invitaron a viajar con un acompañante a Inglaterra, invitado por Plessey, una fábrica de radares inglesa y de componentes electrónicos. Tuvo una entrevista en la fábrica sobre temas técnicos de la antena y le pidieron -si fuera posible- acceder a diseñarla para la frecuencia que ellos necesitaban. 

Si resultaba exitosa le comprarían el invento. Asesorado por su amigo Federico ‘Fico’ Vogelius - exitoso empresario, abogado, periodista y editor nacido en Tres Arroyos- mantuvo un entendimiento con los anfitriones. “Me contó que la patente no la vendió, pero que acordaron la construcción de una determinada cantidad de antenas. Y por eso pactaron un determinado valor económico”, explicó rememorando sus conversaciones con Lito.  


El 4 de agosto de 1982 la Armada Argentina agradeció a los tres radioaficionados “el esfuerzo realizado” durante el conflicto bélico



Alguna bronca
Lito tuvo sus amarguras también en este proceso. Contó Fito que promediando el conflicto las fuerzas armadas de nuestro país mandaron un Hércules a Florida, Estados Unidos. 

En la fábrica de equipos electrónicos, Rockwell, que proveía a todas las fuerzas del ejército norteamericano, se debía comprar un receptor de última generación de sintonía automática. Lo trajeron, lo instalaron en el faro, pero no anduvo. “Resulta ser que -por ley interna- ni bien se recibía un equipo nuevo tenía que pasar por una inspección técnica de esa fuerza. Alguien lo toqueteó y lo desajusto. Fueron 70 mil dólares en esa época. Lo grave es que no sirvió para nada; se amargaba cada vez que se acordaba”, agregó en el cierre de un pormenorizado racconto de sus charlas y encuentros con Lito. 

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Viaje al Puerto de la Noche
Sobre finales del mes de julio de este año en el programa ‘Viaje al puerto de la noche’ que conduce el periodista, Sergio Sarachu por AM 550 y 24/7 Noticias, una sección entera fue dedicada a la experiencia de los radioaficionados que -desde el faro de Claromecó- escucharon e interfirieron al enemigo durante la guerra de Malvinas.


De Berazategui. Rubén Russo, docente, fotógrafo y productor de Fotos con Historia


La sección de la que participa el fotógrafo de Berazategui, Rubén Russo (www.rubenrusso.com.ar), contó con la participación del radioaficionado, y oyente, Rodolfo Egulián, quien vive en la ciudad de Centenario, en la provincia de Neuquén.


Rodolfo ‘Fito’ Egulián, radioaficionado de Centenario, Neuquén


Fotos con Historia se llama el segmento del que participa Russo, y fue el espacio donde se conoció a Fito, que como oyente rápidamente intentó contactar al fotógrafo que se especializa en el conocimiento de los faros de la argentina. Por Egulián, Russo tomó contacto por primera vez con la historia de Lito López Cabañas. 



Sergio Sarachu realizó un programa especial con lo relatado en las notas publicadas por La Voz del Pueblo. Para acceder a ese programa, cliquear sobre el link


Buscando más información en la web logró dar con la serie de notas de Escuchando al enemigo, publicadas en abril de 2019; y el producto de la información reunida se compartió en un programa especial que emitió el medio neuquino.

Tanto Russo como Egulián, compartieron la historia con la finalidad de reconocer el compromiso y entrega de los civiles que se comprometieron con la causa Malvinas.