El desempleo creció casi tres puntos en tres meses

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Madrid, Buenos Aires, dólar, tetas y política

27|09|20 08:57 hs.

Por Roberto Barga

Es evidente que el abordaje sanitario y político de la crisis de la Covid-19, no tiene un manual de estilo. La señalamos en femenino, porque la RAE así lo admite y de paso nos ponemos a tono con un mundo que, cada día que pasa, lleva la impronta de la femineidad. Regresando al manual de estilo, es interesante observar el rifirafe que sostienen el gobierno central de España y las autoridades de la Comunidad de Madrid. 

El presidente de Gobierno es Pedro Sánchez, del Partido Socialista y la presidenta de Madrid (gobernadora), es Isabel Díaz Ayuso, del conservador Partido Popular. Desde que comenzó la pandemia se han tirado con de todo, como dice el relator Walter Nelson, y, lo que menos hubo, fue colaboración mutua, salvo en los meses de marzo y abril, cuando prevalecía el estado de confinamiento. 

Hoy las cosas están que arden en la península Ibérica (450.000 casos desde julio a esta parte) y particularmente complicadas en Madrid capital y sus ciudades aledañas. La respuesta que dio Díaz Ayuso al agravamiento de los contagios fue confinar las barriadas populares del sur de la capital española. Barriadas como Usera, Villaverde o Carabanchel, que son ocupadas por inmigrantes, obreros o empleados de servicios. Barrios de departamentos pequeños de 60 metros, habitados por 5 o más ocupantes y, como ya sabemos, esta es la situación idílica para que el virus, pueda expandirse: hacinamiento y encierro. Al sayo de perseguidora de pobres, no se lo saca nadie. 

Nota al pie: un servidor acompañó a José Manuel de la Sota a un cierre de campaña del Partido Socialista en el barrio de Villaverde y el “gallego” se sorprendía de lo bien que estaba el barrio y de lo prolijo de los monobloks obreros. Y sí, por mucha crisis mundial que haya, es mucho más que un PBI lo que nos separa de los países centrales. Por cierto, se cumplieron dos años de la muerte de De la Sota y qué falta nos haría un político de Estado como él. Hecho el merecido homenaje, volvamos al contencioso español. La medida de confinamiento al cinturón sur de Madrid, no parece que surtirá mucho efecto para detener al virus, ya que las personas con permiso para desplazarse por toda la ciudad, llevarán el maldito bicho de un lado a otro. 

El gobierno central insiste en que hay que cerrar Madrid por completo y la Comunidad de Madrid se resiste en redondo. Además denuncia una campaña de acoso y derribo, que trasunta, según Díaz Ayuso, un pedido de moción de censura (suerte de juicio político), para echarla del cargo y poner un socialista. Suena difícil, pero no imposible. 

Allí por el mes de mayo pasado, cuando las cacerolas sonaban en los barrios acomodados de Madrid, Díaz Ayuso (una suerte de María Eugenia Vidal a la española), amenazaba con la caída del Gobierno y decía que iba a tronar el escarmiento como consecuencia de las 30.000 muertes que causó la pandemia. 

Hoy se dio vuelta la taba y la acorralada es ella.

Cerramos el capítulo español con un proverbio callejero castizo: todo parece irse “a tomar por culo” por esos lares. 

En esto de comparar, aquí las cosas fueron distintas. Todo fue unidad de criterios entre la administración central y el gobierno de la CABA. Podríamos decir, que había nacido un romance entre Alberto Fernández y Horacio Rodríguez Larreta y, a ambos lados de la grieta los sectores duros cuestionaron las condescendencias que se prodigaban el presidente y el jefe de Gobierno. Hubo confinamientos especiales en villas como la 31 o la 1-11-14 o en el Gran Buenos Aires, en Villa Itatí. 

Sin embargo los contagios no paran de subir y desgraciadamente las muertes tampoco. Más allá que el área AMBA muestre cierto amesetamiento, el mismo se ve a partir de unos números que dan vértigo. Hubo portón verde de Olivos, reuniones de equipos de trabajo y retratos de familia. Pero nada, la Covid-19 sigue su marcha triunfal, ya no hay fotos comunes y la disputa política ganó terreno, coparticipación mediante. Es que este virus es muy cabrón, y salvo Alemania y los países del Asía tecnológico, ninguno pudo dar la talla. 

Dólar, tetas y política 
Las malas lenguas insisten con la versión que indica que Cristina Fernández, en cena privada con Alberto, arremetió contra el presidente del Banco Central por el manejo de la crisis cambiaria que azota a la Argentina desde hace diez días. Parece mentira tanta impericia para manejar un tema delicado y sensible como el dólar. Desde el vamos la cuestión es engorrosa por donde se la mire. Hay tal cantidad de cotizaciones del billete verde, que entenderlo se vuelve un galimatías. Y para más inri, para cortar con la compra de dólares ahorro (los 200 permitidos a cotización oficial), se impuso una cantidad de normativas, que resulta más fácil aprender chino cantonés, que comprender las disposiciones del Central. No sabemos si rodará la cabeza de Miguel Pesce o de Kulfas o de Marco del Pont, pero ese trípode fernandista de Alberto tiene tarjeta entre amarilla y roja para la ex presidenta. 

En las últimas horas parecen calmarse las aguas cambiarias, fruto de un acelerón de las negociaciones con el FMI y de cierto restablecimiento en la venta de dólares ahorro, tras liberar el Anses sus bases de datos. Veremos a ver. 

Con la que está cayendo, no deja de sorprender la capacidad de no disociar que tienen algunos. El ya famoso y por estas horas ex diputado Juan Emilio Ameri, parece que pudo conjugar sin problemas placer lúdico y sesiones virtuales, al prenderse del pecho de su pareja con fruición adolescente. Él hecho en sí es una chorrada, sin más entidad que la falta de decoro, pero tiene recorrido por su composición morbosa y sobre todo por el contexto. Todos los días se conocen noticias nefastas a consecuencia de la pandemia. Esta semana el INDEC informó que el desempleo llegó al 13,1%, es decir que trepó casi 3 puntos en tres meses. Una enormidad. En este clima de desasosiego general, lo del diputado succionador es maná del cielo para la antipolítica. Un peligroso clima de desesperanza se va instalando en la Argentina. Días pasados un grupo de vecinos cercanos a la toma de Guernica, en el distrito de Presidente Perón, vociferaban su enojo con “los políticos que no hacen nada”. 

Un señor reclamaba contra Lázaro Báez y sus 1500 casas y pedía que las repartiera entre los desdentados tomadores. Tal vez nos vayamos convenciendo de que el problema es la “política”, sin comprender que lo que hace falta es buena política. Probamos hace poco con supuestos tecnócratas y bien no nos fue. Hay que mejorar la puntería y no confundir lo anecdótico con lo importante.    


Roberto Barga