Una imagen clásica de la ruta 228, el Ruso en la puerta de su gomería

La Ciudad

El Ruso Erik Mortensen

“Mi gomería no cierra nunca”

27|09|20 00:15 hs.

El Ruso no se queja del Covid, tampoco de la crisis económica que lo afecta como a todo laburante, pero sí se lamenta de que desde hace varios años ciertas máximas y valores que le inculcaron sus padres y con las que él crió a sus cuatro hijos dejaron de ser moneda corriente.


“Perseverancia, trabajo y familia” enumera como pilares fundamentales de su formación, y cuenta con satisfacción que buenas dosis de eso los ve en sus hijos. El Ruso es Erik Mortensen, el dueño desde 1998 de la gomería que está en Olivero - Duggan al 200, y que, asegura, abrió todos los días desde que inició la actividad.

“Hemos abierto siempre. Por ahí en Navidad o el primero de año, abrimos más tarde. Pero abrir, abrimos”, dice. No lo cuenta como un fenómeno raro, más bien todo lo contrario, para él es normal. De lunes a lunes, de 8 a 22, la gomería está disponible para quién lo necesite.

“Acá fue siempre así. Cuando mis hijos eran más chicos, me daban una mano, y me cubrían cuando me iba de vacaciones. Siempre tuve ayuda de algún empleado también”, explica.

Cascallares
Erik nació el 25 de enero de 1958 y se crió en un campo de la zona de Cascallares en el que trabajaban sus padres y que estaba pegado al Colegio Argentino Danés.

En ese establecimiento hizo la primaria y un año de secundaria, estudios que siempre estuvieron matizados por el trabajo en la chacra. “La vida del campo era así, siempre había trabajo para hacer. Y todos hacíamos de todo”, recuerda. Vivió en el campo hasta los 21 años, cuando la familia se mudó a la zona de quintas y junto a su padre se dedicó a producir verduras y hortalizas. 

El emprendimiento duró algunos años, hasta que el Ruso entendió que era tiempo de independizarse y se decidió a aprovechar la oportunidad de alquilar una gomería que se había puesto a la venta. “Tenía poco y nada de experiencia, lo que había aprendido en el campo cuando había que cambiar o desarmar una goma. Pero me pareció buena la oportunidad de agarrar un negocio que estaba en marcha, y tenía muchas ganas de trabajar, y así empecé”, comenta.

La gomería estaba en avenida Libertad al 300, era conocida como “la gomería del brasilero”. Durante tres años, lapso que duró el contrato de alquiler, pasó a ser “la del Ruso”, pero -al igual que la actual- nunca tuvo un nombre. “Ahí estuve tres años, que fue lo que duraba el contrato. Y después ya me vine para acá, a la ruta 228. Eso fue en 1988, hace rato ya, una vida entera te diría”.




La familia
Erik suma 36 años de casado con Carolina. Tuvieron y criaron a Erik (h), Cristian, Ayelén y Alan. Su casa está pegada a la gomería, de modo que sus hijos lo vieron trabajar todos los días. El Ruso no se lamenta que los varones no hayan seguido sus pasos en el oficio, más bien todo lo contrario.

Se enorgullece en haber logrado que sus hijos adoptaran la perseverancia y la cultura del trabajo que le inculcaron a él, y que con el ejemplo logró transmitirles a ellos. “Siempre les dije que tenían que ser perseverantes y mantenerse activos, haciendo algo, que esa iba a ser la base de sus futuros. Y son todos muy parecidos, son de hacer demasiado. Creo que es porque es lo que vieron en casa”, dice.

Y agrega: “A mis hijos les pude transmitir valores importantes, y ellos han puesto su parte y seguramente sean mejor que yo”. El Ruso agradece que jamás le faltó trabajo. “Nunca me pasó de haber abierto y que no haya venido nadie en todo el día”, cuenta.

Con la misma sinceridad que reconoce que no le gusta madrugar, reconoce que el oficio de gomero no le ha resultado algo demasiado atractivo. Sin embargo, siempre lo ejerció como si le encantara… 

"Esto siempre lo hice con ganas, con entusiasmo. Nunca atendí a alguien a desgano. Porque creo que siempre hay que agradecer tener trabajo. Por momentos se puede hacer una diferencia económica, por momentos no. Pero las ganas no pueden faltar nunca”.

Las manos curtidas y llenas de cicatrices son prueba de que el paso de los años de trabajo no son gratis. “¿Hasta cuándo pienso trabajar? No sé. Cada vez hago un poco menos, evito lo más pesado… Veremos. Por el momento sigo activo y siempre a la par de mi empleado. Eso me hace bien”, dice mientras se prepara para desarmar una cubierta. 


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Valores
La Cooperativa de Cascallares adhiere a la nota de Erik Mortensen ya que pregona los valores que han sido sus pilares durante sus 90 años de existencia: trabajo, compromiso, honestidad y sacrificio. 

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