Guillermo Duvancel, en la Sociedad Francesa

Sociales

Prosiguiendo con los recorridos de las colectividades

Francia, la tercera muestra virtual de las colectividades (video)

04|10|20 10:14 hs.

Los recorridos turísticos virtuales de las diferentes comunidades establecidas en nuestra ciudad, pergeñados por parte de la Comisión de las Colectividades Extranjeras, siguen en marcha en su tercera semana. Se trata de un trabajo en conjunto entre esta Comisión, la Dirección Municipal de Turismo y el Museo Municipal José A. Mulazzi, en este caso, el tercer circuito de la serie de diez que están dedicados cada uno a una colectividad en particular. 


Se comenzó con la colectividad danesa, luego fue el turno de la española y ahora lo es de la francesa; una comunidad de fuerte presencia en la ciudad con personajes más que icónicos, desde los momentos mismos de su fundación. 

Juan B. Istilart, Próspero Puchulu, Sadi Carnot o Hipólito Bouchard son algunos de los representantes de la colectividad gala llegada o reflejada en lugares de nuestra ciudad. El recorrido de este circuito de la Colectividad Francesa abarca los lugares más significativos de la misma como los edificios de la Sociedad Francesa y el Panteón ubicado en el Cementerio Municipal, la calle Juan B. Istilart, el Hotel Puchulu, la calle Sadi Carnot y la Plaza Francia. 


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Guillermo Duvancel, tesorero de la Sociedad Francesa y secretario de la Comisión de Colectividades Extranjeras estuvo en la redacción del diario La Voz del Pueblo contando aspectos de la vida, a través del tiempo, de la comunidad gala en Tres Arroyos.

“La verdad que es un muy buen trabajo que hasta ahora van desarrollando tanto Marisa Fernández como Ezequiel Lanza, ellos se han ocupado muy bien. Nosotros teníamos registrado que el primer francés que vino a Tres Arroyos fue Próspero Puchulu, entre 1886 y 1888, y construyó el Hotel América en Sarmiento e Istilart. Cuatro o cinco años después llega el tren a Tres Arroyos y queda lejos de la estación donde se hacen otros hoteles en derredor de ésta. Entonces como su hotel había quedado en el centro y alejado de aquello, redobla la apuesta, lo agranda haciendo más habitaciones, un salón para fiestas y un frontón para jugar a la pelota a paleta. Tiempo después, cuando ese lugar se empieza a vender, el Club de Pelota compra el llamado Frontón de Puchulu que queda formando parte del club. Ezequiel Lanza fue a Club de Pelota y tomó fotos de una parte del piso de afuera que era de este frontón”. 

La Sociedad Francesa 
Esta familia de los Puchulu primeramente se afincó en Tandil y en Dolores para luego llegar a Tres Arroyos. A éstos, años más tarde se les une Juan Bautista Istilart quien desembarca en nuestra zona por iniciativa de Félix Mayolas, que lo trae para construir su molino harinero. Istilart, junto a Puchulu y otros franceses más que estaban ya afincados deciden conformar una asociación como lo habían hecho españoles o italianos y en 1894 fundan la Sociedad Francesa. 



Esto surge como una unión voluntaria de los colonos que habían llegado a Tres Arroyos, de escasos recursos la mayoría. Ellos necesitaban de un auxilio o ayuda mutua como se denominaba (o de socorro) empezando a hacerlo para asistir en cuanto a medicina, farmacia, hospitalaria de las cosas que había en ese momento en nuestra ciudad. 

 “La Sociedad Francesa en ese tiempo era una filial de la de Socorros Mutuos del Río de La Plata, de Buenos Aires. Algo que tiempo más tarde decidieron separarse generando la nueva Sociedad (llamada Sociedad Filantrópica Francesa de Socorros Mutuos) con un estatuto y reglamento que contiene de todo. En esa época eran unos 400 socios además de numerosos adherentes quienes empezaron a pensar en tener edificio propio. Ellos pretendían que el mismo tuviera dos locales comerciales adelante y dos departamentos atrás, los que con sus alquileres le permitiese mantenerlo económicamente, generándole recursos. Como esto no les bastó hicieron un piso arriba que también alquilaban. Pero la Sociedad Francesa en nuestra ciudad nació básicamente como mutual, al igual que las creadas por españoles e italianos en esa época” cuenta Duvancel. 

El edificio de la primera cuadra de la calle 1810 se construyó en menos de un año, finalizándose en 1926. 



Juan B. Istilart 
Refiriéndose al personaje quizás más emblemático de los franceses en nuestra ciudad y por qué no decirlo el más representativo a través de los tiempos por su pujanza: don Juan Bautista Istilart, Guillermo Duvancel señala: “el caso de éste personaje era algo increíble. Para ser los tiempos que corrían el empuje que tenía Istilart fue tremendo, aparte de haber sido un visionario, imaginate que estuvo en la mayoría de las obras fundacionales de La Previsión, la Chacra Barrow, el Banco Comercial, la Biblioteca Sarmiento, la Cámara Económica, el Hospital Pirovano… Son tantas las cosas en las que ha participado que es muy largo de detallar”, agregando que “por lejos es el personaje más emblemático que hemos tenido en nuestra comunidad. Y si no hubiera muerto no sé qué hubiese ocurrido, porque falleció muy joven, en pleno auge de su vida tanto económica como creativa”. 



A este personaje y debido a toda su participación social y comercial tan amplia los franceses lo simplifican con “su calle. Porque ahí donde empieza la calle Istilart, en la vereda del ex Banco Comercial, hay una placa recordatoria muy importante y también otro de los recuerdos es en la calle Sadi Carnot”. 

El Panteón Francés 
Otra de las cosas que merecen destacarse en esta comunidad fue el Panteón Francés (1904-1908), por cómo se hizo en el cementerio municipal, que contiene 108 nichos, y una construcción más que progresista para esos tiempos. 




En esto hay una anécdota curiosa y es que cuando Istilart fallece “no va al Panteón Francés sino que lo inhuman en un sector de sepulturas de tierra. Viste que antes el cementerio era un reflejo de la ciudad, los ricos iban adelante, en las bóvedas y los pobres atrás, en la tierra. Y él muere muy rico y va a una sepultura que la Sociedad Francesa la mantiene pero no sabemos la causa por la que fue enterrado allí; si fue un pedido de él o alguna otra cosa”. 

Recuerda Duvancel que “nuestro prócer es Istilart por su participación ciudadana en todas las instituciones de esa época. Pero también está Sadi Carnot (Marie François) que fuera presidente de la Tercera República Francesa curiosamente asesinado el mismo año de la fundación de la Sociedad, unos meses antes. O Hipólito Bouchard, un militar y corsario francés que peleó a las órdenes de Guillermo Brown en lo que después fuera la incipiente Armada Argentina”. 



Edificio emblema 
Esto de generar los recursos para mantener los edificios y para la propia Sociedad Francesa fue pensado en el año 1926 lo que marca la visión que tenían los inmigrantes en esos tiempos. Esto es algo que le ha permitido a la actual Sociedad Francesa mantener y poseer estas instalaciones ubicadas en su céntrico edificio de la primera cuadra de calle 1810 (además del Panteón en el cementerio local). Un edificio que se construyó en sólo siete meses por la empresa Cutica Hermanos, una de las más prestigiosas de la ciudad en esos tiempos. 



El edificio se financió en parte a través de los recursos que juntaron entre 1924 y 1926 generados por la Fiesta de la Independencia (14 de julio) sumados a otros eventos que le permitieron llegar a casi el 50% del costo del edificio. La parte faltante se gestionó a través de un descubierto en el Banco Comercial (garantizada por toda la comisión directiva de la Sociedad) a medida que se iba construyendo. Simultáneamente logran un crédito hipotecario a 30 años con pagos semestrales, que resuelven cancelarlo en el 1956, lo cual está reflejado en las actas de la asamblea de ese año. 

“Nosotros tenemos en la Sociedad Francesa un pergamino grande en el que se detalla qué aporte hizo cada uno de los socios en la construcción” señala en el final Duvancel. 

Hoy la función primordial de la Sociedad Francesa es cultural habiendo quedado como la única parte mutual de la misma el Panteón.