Sociales

El rincón de Andrés Errea

Dos plazas con sus logias

04|10|20 00:13 hs.

Las plazas de una ciudad son algo más que un paseo público o que un “pulmón” en medio de una edificación abarrotada que impide la libre circulación del aire puro (aunque éste no sea el caso de Tres Arroyos). Estos espacios, especialmente las plazas principales, son siempre mudos testigos de los acontecimientos histórico-políticos de una comarca y de la Nación entera. Nacen con el grupo poblacional y se transforman, no siempre con acierto, al ritmo de desarrollo de la planta urbana. 


Como ya se ha dicho, por ser Tres Arroyos una ciudad diseñada, su plano original incluía una plaza central (la Plaza San Martín), abarcando dos manzanas en el centro geográfico de la misma y las cuatro restantes correspondientes a cada uno de los cuadrantes, es decir, las plazas España, Italia, Francia y Carlos Pellegrini. 

La Plaza San Martín 
Si bien el espacio estaba destinado a ella en el momento de la fundación de la ciudad, los nombres fueron llegando cinco años después, a partir de la reunión del concejo Deliberante, un 16 de enero de 1889, para homenajear “a los grandes servicios prestados a Tres Arroyos por varios ciudadanos”. Se dispuso entonces, imponer sus nombres a calles y a la plaza. La que nos ocupa se llamó, en un primer momento, Máximo Paz, en reconocimiento al ex gobernador de la provincia de Buenos Aires, denominación que se cambió en 1893 por “General José de San Martín”, para concluir llamándose simplemente, Plaza San Martín. 



En la imagen aérea que muestra su plano original, se aprecia un hermoso diseño de sus canteros, a los que, en cada estación se agregaban plantas con flores que los pobladores observaban pero no dañaban. Eran tiempos en los que se respetaba no sólo los lugares públicos en sí, sino también el trabajo de quienes los tenían a su cargo. 



En sus comienzos este paseo, tuvo en el centro, un modesto busto de San Martín (del que no poseo ningún registro fotográfico), el que fue reemplazado en poco tiempo, por una réplica de la Pirámide de Mayo de la plaza homónima de Buenos Aires. La estatua de la Libertad que coronaba el monumento, es la actualmente se encuentra emplazada en la intersección de las avenidas Moreno, Libertad y Constituyentes. Allí permaneció hasta los primeros años de la década del ’20, en que fue reemplazada por la magnífica logia de mármol de Carrara con bajorrelieves en sus laterales y una iluminación acorde con semejante joya arquitectónica. Según el testimonio de nuestros mayores, todos los domingos la plaza se poblaba de gente que iba a escuchar música ejecutada por una banda.



Completaban el cuadro de este paseo público, dos hileras de árboles en la periferia del mismo, más arbustos y una columna de iluminación con cinco globos blancos y bancos de madera de diseño antiguo. 

Poco más de dos décadas estuvo la Logia ocupando ese sitio, ya que fue dinamitada en el año 1945 con el propósito de emplazar en su lugar la estatua ecuestre del Gral. San Martín, con motivo del primer centenario de su fallecimiento, en lo que se llamó “Año del Libertador” (1950). La escultura es obra del artista francés Daumas y el pedestal fue diseñado por el profesor Antonio Orfanó, artista local de vasta trayectoria. La obra fue inaugurada recién en 1952 en presencia de integrantes del Cuerpo de Granaderos a Caballo. A partir de esa modificación, la plaza contó con dos pasajes que salían a la avenida Moreno y a los pasajes Cieza y Dameno, que rodean al Palacio Municipal. 



Otras transformaciones y agregados volvieron a cambiar la fisonomía de este paisaje urbano; dos murales obra de Quinquela Martín y de Soldi, los monumentos a la Madre, a Eva Perón, a la Amistad, el monolito con placas y los bustos de Dardo Rocha y de Sarmiento que, como no podía ser de otra manera, se localiza frente a una escuela. Una fuente reemplazó a otra, que a su vez ocupaba el lugar de un amplio cantero. Las luminarias deben ir por el cuarto cambio. Los caminos interiores, ya no existen, pero los que han visto las fotos de la Logia no dejan de pensar que, el monumento al Padre de la Patria, igual pudo estar situado en otro sector de la plaza sin por ello minimizar la epopeya de la que fue protagonista. Además debemos acotar que éste ha sido objeto del vandalismo del que probablemente no se hubiera salvado aquélla. A pesar de todo, la plaza sigue siendo hermosa, pero se perdió otra reliquia. 



La Plaza España 
En el predio Nº46 del plano de la ciudad, surgió la plaza que, primitivamente se llamó Julio Costa y que el 15 de octubre de 1908 se transformó en Plaza España, en homenaje a la Madre Patria. Su entrega a la Municipalidad, se concretó el 12 de octubre de 1927. 



A diferencia de la plaza principal tiene, como las demás del diseño original, sólo una manzana. Desde su inicio contó con elementos decorativos que la destacaron: altos macetones, una nutrida arboleda y además, una logia. Si bien ésta era mucho más modesta con respecto a la de la Plaza San Martín, poseía detalles acordes con el espacio en que estaba emplazada. Una escalinata de mármol blanco, barandas de hierro forjado unidas por delgadas columnas que remataban en globos blancos y unos canteros con flores que la rodeaban en su totalidad. Entre las décadas del ’50 y del ’60 esta logia fue demolida y en su lugar se colocó el mástil donde se izaría la bandera nacional. 



En este espacio se han operado algunos cambios, aunque no tantos como en la plaza principal. Los macetones se conservan, se han adosado algunos elementos identificatorios como la fuente con mosaicos alusivos a la hispanidad, una imagen de la Virgen del Pilar y un monumento a los caídos en Malvinas. Al ser una plaza barrial, admite la existencia de juegos y hasta de una calesita, que completa el paseo. 

Hace pocos años se hicieron algunas modificaciones, sobre todo en lo referente a su arbolado y luminarias, respetando la impronta que dejaron los españoles en nuestra ciudad.