Patri, como le dicen todos, en la puerta del Hospital en donde pasó buena parte de su vida profesion

La Ciudad

Patricia Barrientos, jefa de Enfermería del Pirovano

“Estoy enamorada de la enfermería”

04|10|20 09:45 hs.

Por Juan Berretta


“No me arrepiento de este amor” es el título de una de las canciones más emblemáticas de la recordada cantante Gilda. Y también podría ser el título de la vida de Patricia Barrientos. 

“Estoy enamorada de la enfermería”, dirá la licenciada que desde 2017 es la jefa del Departamento de Enfermería del Hospital Pirovano cuando la charla con La Voz del Pueblo ya haya superado los 25 minutos y ella haya recorrido de forma anárquica su vida. O su trayectoria profesional. En realidad son lo mismo. La vida de Patri es la enfermería.

“Empecé de jovencita. No sé por qué me anoté en la carrera. Sí sé que no fue por vocación, porque no sabía ni lo que era ser ‘auxiliar de enfermería’. Y cuando empecé a trabajar me enamoré de la carrera. Si tuviera que elegir, volvería a elegir lo mismo: enfermería”, asegurará emocionada, con las lágrimas apunto de correr sus mejillas. 

"Yo le quité mucho tiempo a mi familia… Por mi profesión le quité tiempo a todo… Pero para mí esto es lo más. No me arrepiento de nada. Jamás. Lo volvería hacer”, sentenciará casi quebrada, pero lúcida, y orgullosa por todo lo ofrecido. Y por todo lo conseguido, claro. 

Cascallares 
Nacida y criada en Cascallares, la escuela primaria y la etapa inicial de la secundaria le tocó hacerlas en San Mayol. A esa localidad se mudó su familia cuando ella era muy chica porque el padre de sus hermanos mayores, que era policía, fue trasladado al destacamento mayolero.

A los 15 años le tocó volver a su querida Cascallares y un año después, casi sin querer, decidió empezar el curso de auxiliar de enfermería. “Estudié en 1979 acá en el Hospital, era la segunda carrera que se abría”, recuerda. “Era muy chica, tenía 16 años, no sabía ni de qué se trataba. Me anoté para probar, fue algo que surgió, como que ‘vi luz y entré’”, revela con una sonrisa. “Y me enganché. Me enamoré de la carrera. Fue lo que hice toda mi vida”, dice con pasión. 

Su primera etapa de estudiante fue tan sacrificada como el resto de su carrera. “A los 16 años tenía que venir todos los días a Tres Arroyos en el Pampa, el micro que me tomaba a las 6.10 en la ruta, en la entrada de Cascallares. Mi mamá me acompañaba, íbamos en bicicleta. El colectivo entraba a la terminal de Tres Arroyos y después de unos 15 minutos arrancaba hacia Mar del Plata, entonces yo me bajaba cuando pasaba por la puerta del Hospital”, cuenta. Para volver se las arreglaba como podía. 

Luego de un año de estudio, en el mes de diciembre se recibió de auxiliar y en enero aceptó la vacante que le ofrecieron en el Hospital. Empezó a trabajar con 17 años y nunca más paró. 

La rutina del Pampa la hizo durante algunos años más. El primer capítulo en el Pirovano duró 13 años. “Estuve trabajando como enfermera de planta, pasé por todos los servicios y en todos los turnos. Empecé en el Hospital viejo, en el que teníamos 50 camas, donde había sala de hombres, de mujeres y de niños, y en tiempos en el que había un solo médico de guardia. Entonces la enfermera salía a los accidentes porque el médico no se podía ir”, explica. 

Eran tiempos además en los que tenía que ir a trabajar con su hijo porque no podía dejarlo. Se separó al poco tiempo de que nació Lucas, así que lo tuvo que criar sola. Y en esos años los sueldos eran flacos y no podía pagarle a alguien que lo cuidara. “Entonces me lo traía al Hospital conmigo, no tenía alternativa”. 


Patricia va a cumplir 41 años de enfermera el próximo 28 de enero


Cascallares II 
Cuando Lucas ya había crecido y estaba terminado la primaria surgió una vacante en la Unidad Sanitaria de Cascallares. Y Patri no lo dudó. “Decidí volver a mi pueblo, donde tenía a toda mi familia. Durante 18 años tuve a cargo la salita”. 

De ese período en la unidad sanitaria, Patricia habla con mucho afecto y agradecimiento del doctor Néstor Parapuño. “Fue un compañero excelente”, asegura. 

Claro que en ese período Patricia no se quedó quieta. En primer término cursó de noche los cuatro años que le faltaban del secundario en el Colegio Nacional. Ya con el título en la mano, hizo la carrera de enfermería profesional dictada para la Universidad de Quilmes que se dio en el CRESTA. “Fueron tres años, y tenía que venir a Tres Arroyos todos los días. Lucas ya era grande con lo cual ya tenía más independencia”, dice.

Al finalizar la profesionalización se abrió la licenciatura y ahí fue a anotarse Patri. Y cuando se recibió de licenciada logró una beca para un posgrado social y comunitario. “Entonces seguí siempre viajando todos los días para estudiar. Además, por la beca, tenía que trabajar en los CAPs de los barrios”.

En 2012 concursó para el cargo de supervisora en el Hospital y quedó segunda. Eso hizo que luego empezaran a convocarla para hacer suplencias y así comenzó a meterse en el mundo de la supervisión. Un año antes empezó a dar algunas materias en la Escuela de Enfermería -algo que continua haciendo hoy-. Y además, nunca dejó de nutrirse. 

“Siempre me fui capacitando. Hice un posgrado en gestión de Atención Primaria para la Salud, otro de gestión de los recursos de enfermería, y capacitaciones de todo tipo. Tengo una obsesión por aprender. Mi casa está llena de libros. Es como que necesito saber más y más. Ahora estoy un poco más apaciguada porque el Hospital te pasa por arriba”, cuenta haciendo referencia a la responsabilidad que implica estar a cargo de la jefatura de la Enfermería del Pirovano, con el agregado de que transitamos una pandemia. 

A cargo 
En 2017 Patri ganó el concurso y fue designada al frente del Departamento de Enfermería del Hospital en reemplazo de Mabel Elías. Desde ese momento tiene a cargo alrededor de 170 personas, los CAPs de los barrios y las unidades sanitarias de las localidades. 

Si bien cada paso adelante que fue dando en su profesión fueron importantes y muy bien sustentados, Patri necesita hacer una aclaración sobre su gestión como jefa. “Para llegar a todo esto una necesita de un acompañamiento y de la solidaridad de sus compañeros. Mabel Elías ha sido fundamental, estudiamos la carrera de auxiliares juntas, y aparte de ser compañeras, colegas, es mi hermana de la vida”, revela. 

“Juan Carlos Caruso, que fue mi docente, fue un gran referente. Y José Luis Liébana fue un gran compañero. Ellos tres fueron mis pilares cuando entré en la gestión”, agrega. 

Con 40 años en la profesión y después de haber pasado por todos los rincones del oficio, en marzo explotó la pandemia y Patri se encontró ante el desafío más grande de su carrera. “Lo primero que tuve fue miedo. Fue difícil al comienzo porque no sabíamos a qué nos enfrentábamos. Había que vestirse con toda la protección posible, y era difícil trabajar así. Pero nos fuimos adaptando”, cuenta. 

“Hoy la gente que trabaja está segura, porque nos hemos capacitado, y hemos aprendido. Tres Arroyos creo que no dimensiona el nivel que tiene en lo que es enfermería”, asegura. 

Aunque advierte: “Sí hay un cansancio muy grande en todo el personal. Se vive en una situación de estrés permanente. Y trabajar con los elementos de protección, y sobre todo con el barbijo, hace que el día sea más complicado”. 

A Patri le quedan dos años para jubilarse y es un tema que la preocupa. “Desde los 17 años que soy enfermera. No sé hacer otra cosa, no me gusta hacer otra cosa, no tengo un hobby. Mi hobby es agarrar un libro de enfermería”, cuenta. 

“No me imagino no venir más al Hospital, no tener más responsabilidades. Mi vida es esto. Le dediqué toda la vida a la enfermería”, dice con orgullo. 

Está claro que Patri no se arrepiente de este amor. 

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“Que mi hijo sea enfermero es de lo más hermoso que me pasó” 
Patricia avanza y retrocede en el relato de su vida haciendo fuerza para recordar sus vivencias con el mayor detalle posible. Todo gira alrededor de la enfermería hasta que llega la pregunta sobre si tiene hijos… “Tengo un hijo, Lucas… Una de las cosas más hermosas que me dieron la vida y la enfermería es que mi hijo haya estudiado la carrera y sea enfermero. Es de lo más hermoso que me pasó”, cuenta con la mirada húmeda por la emoción. 


Lucas y Patricia en el Hospital, con sus uniformes de enfermeros. “Para mí es lo más que él haya elegido estudiar enfermería”, asegura emocionada


“Yo siempre le decía a Lucas: ‘Tendrías que estudiar enfermería que es hermoso’. Siempre traté de inculcarle mi profesión. Hasta que cuando se abrió la carrera, vino y me dijo: ‘bueno, me voy a anotar’. Yo no lo podía creer. Para mí es lo más que él sea enfermero”, asegura. 

Lucas trabaja en el Hospital Pirovano desde hace seis años y desde hace tres tiene a su mamá como jefa. No sólo eso. También la tuvo como docente en el Cresta cuando cursó la carrera. “Soy bastante objetiva y tanto ahora que está a mi cargo o cuando lo tuve de alumno, separé las cosas, lo afectivo de lo profesional. Tengo esa capacidad y así poder evaluarlo como corresponde”, explica. 

Y con la mirada y la sonrisa deja en claro que lo considera un buen enfermero. “Creo que le transmití el amor por la carrera, porque siempre me vio con los libros de enfermería de acá para allá”, dice.

Gracias a la enfermería y al Hospital, también conoció a su segundo marido, con quien está desde hace 36 años: Mauricio Leguizamón. “El se encargaba de la parte de mantenimiento eléctrico junto con el ingeniero Antonio Ricci".