Para Virginia, Dalton es lo más importante en su vida. Por él y por ella, dejará el canto de lado

Sociales

Virginia Tucuna Ríos

La importancia de ser mamá

04|10|20 12:36 hs.

Toda mujer tiene en su vida momentos en los que toma decisiones, y el caso de Virginia Tucuna Ríos no es la excepción. Al punto tal que, como ella misma lo sostiene, este cambio le permite volver a ser “Tucuna Ríos; Tucuna por parte de mi padre y Ríos por mamá pero este último apellido es con el que la mayoría de la gente me conoce y adopté por el folclore”.


Su vida siempre ha estado cruzada por decisiones, hasta venirse a nuestra ciudad con su madre y el pequeño Dalton buscando un mejor futuro. Peleándola desde abajo, con mucho amor propio y tesón, hasta un día decir -por ahora- “basta” con algo que en estos años ha sido su principal afuera: el canto. Lo había puesto en sus redes sociales y obviamente fuimos a visitarla a su casa. 

Allí, junto a su pareja Luciano y mientras Dalton pasaba un momento de distención en su pieza atendió a La Voz del Pueblo, surgiendo el ¿por qué parás con el canto? Virginia es muy clara contándolo; “la cuestión es que con la falta de mamá -que falleció hace poco tiempo- es como que se me complica un poco el hecho de prestarle atención a mi hijo, que tiene 10 años. Entonces me doy cuenta de que pide por mí para cosas mundanas como jugar con él, hacer una tarea, comer, salir a andar en bicicleta. Todas esas actividades llevan un tiempo y yo tengo mi trabajo en el Registro del Automotor, de ocho horas, entonces me queda sólo un rato por la tarde para estar con él”. 

Son motivos más que valederos, porque se sabe que para cualquier mujer que es madre, este tipo de cuestiones, amén de ser quien trae el sustento a casa, son más que importantes. Son muchas las veces en las que cualquiera de ellas dejan todo de lado o aún muchas postergan hasta sueños con tal de ver mejor, más saludables o simplemente acompañar el transitar de la vida a sus hijos.


Por ahora la guitarra “ahí va a quedar guardada, aunque si pinta en alguna fiesta familiar o como todos los domingos, en la Iglesia”, Virginia va a seguir despuntando el vicio del canto (H. Arbasetti)


Reflexiva
Virginia Tucuna Ríos es como cualquier mamá y recuerda con palabras simples cómo tomó la decisión. “A mí me hizo un click la semana anterior a la Autopeña -del sábado 19 de septiembre- que estábamos ensayando acá en la habitación grande con todos los músicos. Para preparar un show -en mi caso particular- me gusta hacerlo brindando lo mejor, que no haya fallas y si existen que sean técnicamente aceptables. Por eso me gusta ir con paso firme, los temas bien ensayados, con arreglos propios porque esa es mi costumbre -ya sea de percusión, de guitarra, algún punteo, una voz distinta-, todo lleva su tiempo”. 

Ese domingo, 12 de septiembre, estaban ensayando hacía más de una hora y media: “Eran más o menos las diez de la noche. De repente se asoma Dalton y me llama; entonces paro con el ensayo de los chicos y le pregunto ¿qué pasa hijo?... ‘Mamá, tengo hambre…’” y acá los ojos de Virginia, que de por sí son grandes, se abren aún más acentuando su relato. 

“Entonces dije: yo estoy ensayando para un show que lo único que me reditúa es hacerlo para la gente que me sigue, porque por suerte no vivo de esto. Casi nunca me llevo algo pues si cobro es para pagarles a mis músicos… Ahí me di cuenta de que no podía estar haciendo esto; en otro momento ya Dalton hubiese comido, porque mamá le hubiese hecho la cena y estarían mirando una serie o una película y yo ensayando allá en el galpón con los músicos, tranquila. Preparando un show como Dios manda”. 

La reflexión es más que valedera y la forma en la que lo expresa Virginia aún supera lo opinable porque la circunstancia lo marca. Hoy por hoy su vida ha cambiado totalmente, ya que la desaparición física de su mamá, Cristina, fue un golpe muy duro del que de a poco va saliendo. Pero en sus ojos y pensamiento todavía está presente aunque su fuerza de voluntad la impulsa a seguir adelante y lo demuestra con gran entereza. 

Parar a tiempo
Este cambio en su vida no es algo más y ella lo aclara: “Necesitaba parar, por mi hijo y por mí también. Porque yo tampoco me quiero perder verlo como crece. Obviamente en tres, cuatro años, que él va a ser adolescente va a cambiar la mano y si la gente no me olvidó, retomaré… ¿me entendés? Si puedo, volver a las tablas y si me aceptan, vuelvo… pero hoy él me necesita tanto como yo a él. No es que olvido al folclore pero necesito esto… para dedicarme algo más a la familia, salir algún fin de semana, qué sé yo, cosas del vivir”. 


Virginia Tucuna Ríos con su tradicional sombrero, la guitarra y el cerezo del patio en una foto del “hasta pronto” (H. Arbasetti)


Los fines de semana, ahora con pandemia no tanto, para el artista no existen si realmente quiere seguir el camino de lo que le gusta, si es el canto. Virginia cuenta que “nunca podía disfrutar un sábado y domingo con Dalton. Siempre los fines de semana o había una presentación, ensayar o algo pero estaba mamá por suerte. En la peña estaba mamá también, entonces yo subía al escenario tranquila porque mi hijo quedaba con ella. En esta última presentación mi Lucho fue el que lo cuidó, se quedaron juntos en el auto así que pude subir tranquila a cantar”, cuenta Virginia, mientras mira con amor a su pareja. 

“Es difícil, porque no se puede elegir entre dos amores… es distinto. Amo cantar, nunca fui a aprender canto y me dio un don el de arriba, que por eso lo hago. No sé si canto bien o mal pero cuando lo hago le llego a la persona y eso calculo que a veces es más que cantar bien técnicamente” señalando lo que para ella esto significa. 


Para Virginia, Dalton es lo más importante en su vida, más aún ahora que, tras haberle dicho a él que dejaba de cantar, la felicidad se refleja en el rostro de ambos (H. Arbasetti)


Es un punto de quiebre que todas las personas alguna vez en la vida deben tomar y seguramente a Virginia le indicó que había que parar. 

Ya vendrán, en pocos años nuevos encuentros, otros escenarios y distintos desafíos, pero seguro que a ésos, como a las decisiones, Virginia Tucuna Ríos no les tiene miedo. 

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Decisiones sin dudar
El caso de las madres es más que particular porque al hombre le llevan más que nueve meses de distancia en la crianza de un hijo… lo traen adentro, viene en su ADN. Esto fue lo que la decidió definitivamente a parar “un tiempo”, pero no es una decisión que a Virginia le pese. 

Pero sumarle el hecho de haber sufrido una pérdida tan grande, como le pasó a Virginia es aún más que difícil. Porque Cristina, su madre, era más que eso, fue durante años su compañera de vida, su ladera en todo lo que emprendiese. La que la apoyó cuando en 2011 decidió venirse para esta ciudad con Dalton, que apenas tenía 9 meses. 

Ellas vivían en el porteño barrio de San Telmo y cuando “quedé embarazada, el padre de mi hijo no lo quiso reconocer y yo salí para adelante. Le dije a mi mamá que no lo quería criar ahí, en un ambiente un poco tóxico. Le propuse irnos a vivir a Uruguay y ella me contestó que era mucho el cambio, entonces le dije lo de Tres Arroyos…”. 

Aquí encontró su lugar en el mundo, una familia del corazón, unas tías y unas primas, hablaron con ellas, vendieron su departamento de San Telmo, “señamos una casa acá y nos vinimos. Así que cantaba boleros con pistas por 150 pesos para comprar leche y pañales para mi bebé en una casa de empanadas en el Paseo Español y nos ayudaba la jubilación de mamá. Hasta que conseguí trabajo fijo, porque yo había renunciado a uno en capital”. 

Una de las cosas que le son más difíciles en el día a día es justamente esto, la falta de su madre, “porque no tengo con quien hablarlo”. Amén de tener una pareja que la apoya, igualmente Virginia siente que es un cambio radical pero también hermoso, “no la voy a dejar de recordar a mamá pero es un cambio que por ahí egoístamente era necesario”. 

El último show 
En cuanto a las sensaciones de esa noche del sábado 19 de septiembre en su despedida del escenario en Villa del parque Virginia las recuerda principalmente “por el frío. Pensé que no me iba a salir la voz, los chicos estaban congelados, no podían casi tocar pero le pusimos todo, cantamos nueve temas y al sexto me empecé a despedir y era otro y otro… hasta que el último fue un chamamé justo el Día del Chamamé. Al principio fue como que no podía arrancar porque empecé con ‘Fábula de amor’, el tema que le gustaba a mamá, se me quebró un poco la voz pero arranqué… fue muy emotiva la presentación. Yo la buscaba hasta que en un momento miré para arriba y dije ahí está y arranqué a cantar. Me enchufo a 220 cuando me subo a las tablas y canto para todos, para los que me compraron la entrada personalmente a mí, se las llevé a su casa y me siguen”. 


La Autopeña de Villa del Parque fue su última noche de escenario: “Por el frío, pensé que no me iba a salir la voz, los chicos estaban congelados no podían casi tocar, pero le pusimos todo” cuenta, recordando el pasado 19 de septiembre


Y acá su voz se quiebra un poco porque seguro que aunque se sienta feliz con la decisión, ese momento del escenario no lo va a olvidar por mucho tiempo y la va a acompañar noche a noche. 

El día después para ella fue maravilloso “porque me encontré en familia, contenida, amada. Vuelvo a repetirte, son distintos amores, el público me da un amor que me llena el alma pero mi familia me da todo. Y lamentablemente no puedo conjugar las dos cosas, por eso es que hago de lado una de las cosas para no resignar la otra parte…”.