Obesidad: no es falta de voluntad; la ciencia cambió las reglas
Las nuevas drogas revolucionaron el tratamiento de la obesidad. La doctora María Victoria Salinas explica qué beneficios ofrecen, cuáles son sus riesgos y por qué tratarla es mucho más que bajar de peso
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La doctora María Victoria Salinas realizó -en un diálogo con La Voz del Pueblo- un análisis sobre la obesidad, las nuevas drogas, las precauciones que es necesario tener, el valor de los hábitos y otros aspectos centrales.
Es médica especialista en Clínica Médica, egresada de la Universidad de Buenos Aires (UBA). Cuenta con un Curso Superior de Posgrado en Diabetes y Metabolismo de la Universidad Católica Argentina (UCA) y formación de posgrado en Obesidad por la Fundación Favaloro.
Desarrolla su actividad profesional en el campo de la clínica médica, con especial interés en diabetes, obesidad y enfermedades metabólicas. Su enfoque se basa en una mirada integral del paciente y en la incorporación de la evidencia científica y los avances actuales en prevención y tratamiento.
-¿Qué es la obesidad y por qué se considera una enfermedad?
-La obesidad es una enfermedad crónica y multifactorial, en la que intervienen factores genéticos, biológicos, ambientales, psicológicos y sociales. No es simplemente una cuestión de voluntad.
Aumenta el riesgo de diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares y otras complicaciones, con un importante impacto en la morbimortalidad mundial.
No todas las obesidades son iguales ni requieren el mismo tratamiento.
-¿Qué cambió con las nuevas drogas? ¿Estamos ante una revolución médica?
-Medicamentos como la semaglutida y la tirzepatida actúan sobre mecanismos biológicos que regulan el apetito, la saciedad y el metabolismo. Imitan la acción de hormonas intestinales, con efectos más prolongados que permiten su aplicación semanal.
En el cerebro aumentan la saciedad y ayudan a regular el apetito; en el estómago retrasan el vaciamiento gástrico y, en el páncreas, favorecen la liberación de insulina cuando la glucosa está elevada.
Así, ayudan a reducir el peso y la grasa corporal. Además, algunos demostraron beneficios cardiovasculares en poblaciones específicas.
La revolución es pasar de mirar solamente los kilos perdidos a buscar una mejor salud y prevenir complicaciones.
-¿Cuánto peso se puede perder con estos medicamentos?
-Depende del fármaco, la dosis, el tiempo de tratamiento y cada persona. Los resultados pueden ser importantes, pero son variables.
No debemos mirar solamente la balanza: también importa reducir grasa, preservar músculo, mejorar las enfermedades asociadas y la calidad de vida.
El objetivo es estar saludables, no solo pesar menos.
-¿A quienes se los podemos indicar y qué precauciones hay que tener?
-Estos medicamentos pueden indicarse en personas con obesidad o sobrepeso asociado a problemas de salud y, según el fármaco, también para tratar la diabetes tipo 2.
Como todo medicamento, pueden producir efectos adversos. Los más frecuentes son náuseas, vómitos, diarrea, constipación y dolor abdominal, especialmente al iniciar el tratamiento o aumentar la dosis. También pueden presentarse otros efectos adversos menos frecuentes.
Además, existen contraindicaciones específicas. Por eso, es fundamental consultar a un médico que evalúe cada caso, indique el tratamiento adecuado y realice un seguimiento.
-¿Se pierde músculo al bajar mucho de peso?
-Durante el descenso de peso puede perderse tanto grasa como masa muscular. Por eso, es clave cuidar la composición corporal.
Una alimentación adecuada, suficientes proteínas y ejercicio de fuerza ayudan a preservar el músculo. No alcanza con bajar kilos: también debemos cuidar la fuerza y la funcionalidad.
-¿Qué pasa al suspender las inyecciones? ¿Se puede mantener el peso perdido?
-Mantener los resultados es posible, aunque puede recuperarse parte del peso. La perdida de peso no necesariamente revierte la memoria inflamatoria y los mecanismos biológicos que intervienen en la obesidad de cada paciente.
Por eso, es importante evaluar individualmente, junto con el médico tratante, el tiempo y la duración del tratamiento, su continuidad o una eventual suspensión, según la evolución y las características de cada persona.
Los hábitos de alimentación saludable y la actividad física, combinando ejercicio aeróbico y entrenamiento de fuerza muscular, deben trabajarse desde el inicio. Son pilares para alcanzar resultados sostenibles y favorecer el éxito del tratamiento.
-¿Por qué siguen siendo fundamentales los cambios de hábitos si tenemos medicamentos tan eficaces?
-Porque la medicación no reemplaza una alimentación adecuada, la actividad física, el descanso ni el abordaje emocional y conductual cuando se necesita.
Estos pilares son centrales para todas las personas con obesidad, con o sin fármacos. El tratamiento debe ser integral, individualizado y sostenible.
-¿Qué les dirías a quienes juzgan a alguien por bajar de peso con una inyección?
-Que necesitamos más empatía y menos prejuicios. Frases como “bajaste con la inyección” o “cuidado con el efecto rebote” minimizan una enfermedad compleja.
Usar un medicamento correctamente indicado no es hacer trampa ni elegir el camino fácil, es acceder a una herramienta terapéutica que requiere criterios claros y seguimiento profesional.
-¿Qué pensás del uso y abuso de estas drogas cada vez más populares?
-Me preocupa el uso indiscriminado y la banalización de estos tratamientos. No son inocuos ni sirven para todos. Utilizarlos sin evaluación médica, buscar resultados rápidos por motivos exclusivamente estéticos o modificar las dosis por cuenta propia puede generar riesgos.
Pero tampoco debemos demonizarlos: bien indicados, pueden cambiar la salud de una persona. La clave es ofrecer el tratamiento a quien lo necesite y realizar un seguimiento médico.
Un mensaje final
-No todas las obesidades son iguales ni existe una única solución. Tratarla es mucho más que bajar de peso: es mejorar la salud y la calidad de vida.
Los hábitos son fundamentales para todos; la medicación debe elegirse de manera individualizada y con seguimiento médico.
Como sociedad, necesitamos más empatía y menos prejuicios: la obesidad no es falta de voluntad.
En mi consultorio recibo pacientes con obesidad y realizo, en primer lugar, una evaluación clínica integral para establecer un diagnóstico y conocer las características y necesidades de cada persona.
A partir de esa evaluación, determino cuál es la estrategia terapéutica más adecuada y si es necesario incorporar tratamiento farmacológico. Cuando está indicado, selecciono la opción más conveniente para cada paciente y establezco un seguimiento médico personalizado, acompañando su evolución y ajustando el tratamiento según sus necesidades.
Esta nota no cuenta con financiación de ningún laboratorio farmacéutico.
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