Oliver: “Hoy no tenemos buena madera para trabajar”
El histórico carpintero repasó sus 40 años de trayectoria, cómo se fue adaptando a los cambios en la profesión, las claves para ser un referente en la ciudad y el legado que deja en manos de su sobrino
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Mario Oliver anunció que deja el oficio de carpintero después de cuatro décadas trabajando con la madera, primero como un hobby, luego de empleado y hace 25 años en su propio taller, donde actualmente lo ayuda Franco Pedone, su sobrino.
Todo comenzó a sus 12 años cuando visitaba las carpinterías y “me daban unas maderitas, yo hacía maceteros y algunos juguetes de madera. Me acuerdo que iba a una carpintería que estaba sobre la calle Sebastián Costa y Alvarado. Después entré de cadete en la florería Los Claveles, donde estuve 15 años. Cuando dejé ese trabajo me puse de carpintero, porque me gusta la carpintería”.
Los primeros pasos en el rubro los dio “trabajando en una carpintería en calle Gomila, me enseñaron a encolar puertas placas y diferentes tareas. En esa época los trabajos eran desde un portón hasta los muebles, todo en madera, de buena calidad. Hacíamos trabajamos muy buenos, las aberturas que arrancaban por los marcos. Antes se usaban marcos todos medio punto, y las hojas, vidrios repartidos. Era carpintería de mucho trabajo, la carpintería que era carpintería”.
La situación del oficio de carpintero fue cambiando con el paso del tiempo debido a la escasez de buena madera en nuestro país. Oliver recordó que antes “la gente te llevaba lo que querían ellos y nosotros se lo hacíamos. Los muebles, tanto de cedro, de roble, de petiribí, guatambú, de lo que sea. Había mucha madera en aquella época por eso se podía hacer buenos trabajos, tenías buenas máquinas y salían los mejores trabajos”.
La baja en el nivel del producto final se fue dando porque “hoy lamentablemente no tenemos buena madera, son todas maderas secadas en horno. Cuando vos la sacás de los hornos, esa madera que viene de afuera, le toma el aire natural y se empieza a ajear toda. No se consigue, ya no tenemos madera. Es la consecuencia directa de los desmontes que se han hecho en la Argentina, por eso no hay nada. Quizás entra alguna madera de cedro de Brasil o alguna de lenga de Chile, también el cedro paraguayo es bueno, no sé qué cantidad tendrán disponible, pero antes había. Se usaba mucho y se traían los rollos enteros del tronco del árbol”.
Eran otras épocas, marcadas por la abundancia de buen material, por eso Oliver destacó que “nosotros trabajábamos más con roble y cedro porque es una madera muy buena. Había un cedro brasilero que era una manteca para trabajar, entonces te permitía avanzar y dejar el producto impecable”.
La carpintería propia
Su primer taller lo instaló en Colón 1100 tras tomar la decisión de “largarme sólo, un día empecé de cero. Ahí era la carpintería Román, yo la alquilé y estuve muchos años, hasta mudarme acá (Rivadavia 1199) donde compramos la esquina hace 25 años. Ya son 40 años de carpintero”, sacó la cuenta quien además mantiene su pasión por los fierros, ya que es actual presidente del Motoclub e integrante de la subcomisión del Museo del Automóvil del Club Quilmes.
El trato con la gente es clave para sostener un buen nivel de ventas, y en ese sentido señaló que “la clientela, yo te puedo asegurar que actualmente conservo clientes de 40 años atrás, nosotros le hemos hecho todo: las aberturas completas, muebles completos, puerta del frente, portón, todas esas cosas. Gente que todavía viene. Claro que si vos ves las casas, es gente que realmente se preocupó porque vos la madera la tenés que mantener. No es que la madera la hacés, queda divino y la dejás. Porque la madera te queda sola ahí y te la castiga toda el sol todo el mediodía, y a la puerta del frente la castiga toda la tarde, porque le da el sol al revés”.
Para esas situaciones que requieren un trabajo especial, la carpintería de Oliver ofrece asesoramiento. “El mantenimiento lo puede ofrecer el pintor en ciertos casos, de todas maneras nosotros le aconsejamos al cliente que cada dos años, mínimo, mantener con buen material como barniz, cetol, así el sol no raja la madera. Otros factores que la deterioran son el agua, que hace que se empiecen a pudrir las esquinas abajo”, apuntó.
Los problemas económicos que atraviesan las familias en el país generan que se opte por arreglar, en lugar de comprar algo nuevo. Esa dinámica la vive Oliver en su taller ya que “hay mucha gente que lamentablemente no puede hacer cosas nuevas. Entonces me traen para arreglar el portón, para arreglar la puerta frente, para arreglar una ventana que se le ha desarmado la espiga. Y son todos clientes nuevos, hay gente que no conozco directamente, pero me traen trabajo, ya sea del barrio, que me encontró por recomendación. En las peores épocas que hubo en Tres Arroyos y en la Argentina, a mí no me faltó trabajo nunca”, sostuvo.
Pese a los problemas de salud que atravesó, actualmente se “encuentra de 10, el 24 de marzo se cumplen 4 años. Me tuvieron que operar por problemas con la vena aorta, una operación de 14 horas. Además me trajo muchas complicaciones para mi trabajo, falté 2 años a la carpintería y me reemplazó Franco, mi sobrino. Lo tengo de chiquito a él acá, trabaja muy bien, iba a barrerme el taller y agarraba una maderita, hacía alguna cosa, ya le gustaba todo esto. Hace casi 20 años que trabaja conmigo”.
Tener una persona de confianza le permitió a Mario tomar la decisión de poner punto final a su carrera como carpintero. Ya más tranquilo, enfocado en su otra pasión, el automovilismo, analizó que “él (su sobrino) es quien hace todos los trabajos más pesados. Hoy trabajar el mueble tiene mucha competencia, el material que se usa es de melamina, de placas, fibrofácil, aglomerado, enchapado. Los materiales están carísimos, por eso también se encarece la mano de obra. Para mí, que me dediqué mucho a la carpintería de obra, se vuelve difícil trabajar como en otras épocas. El que sabe de carpintería va a entender de lo que hablo”, aseguró.
En su mirada sostiene que trabajar de carpintero ahora “es más fácil que antes. Yo tengo buena máquina, traes la placa entera, de 3,60 m por 1,80 m, la ponés en la máquina, cortás a la medida de la mesada esa, 2 de estas, 2 de la otra, cortás, formillás, pegás y buenas noches. Antes había que cortar la madera que venía cruda, pulirla, cepillarla. Cepillarla quiere decir la tenés que pasar por una máquina que te la endereza primero, después la otra que la cepilla, una más que la lija, y otra que le pasa la moldura”, dijo al enumerar el proceso de años atrás.

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