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“Lunes. No son ni las 19 y en Jonte hay un montón de locales que ya cerraron”, me dice Cacho en un mensaje. Camina el barrio de mañana y de tardecita. El movimiento se demuestra andando y el comercio vendiendo. Si no vendés cerrás temprano.
De China viene de todo excepto consumidores. El acto de comprar productos no se puede importar. Pero la clave del momento no es el derrumbe global del consumo, que no es tal, sino el esquema económico sesgado en el que vivimos. Hay sectores que vuelan, como el energético y el financiero, y otros que llevan dos años sin repuntar como la venta minorista.
La clave para entender la economía hoy es tratar de percibir dónde se mueve la guita y dónde se está creando valor. Lo obvio: ponerse a fabricar algo con trabajo argentino para competir con el importado parece ser una quimera. La economía abierta es un problema. Pero a eso se suma la pérdida de poder adquisitivo de grandes mayorías. Poner un almacén en un barrio popular no es un gran negocio hoy (esos negocios siempre funcionan y hacen diferencia en las épocas de inflación, en todos los segmentos, donde te abastecés a precio viejo y siempre vendés a precio nuevo). Pero poner un negocio de repuestos o accesorios de autos chinos, de marcas como BAIC (Beijing Automotive Industry Holding Co.) o BYD (Build Your Dreams), sí parece ser una oportunidad con la avalancha importadora.
Una economía que presenta números increíbles de crecimiento y de derrumbe al mismo tiempo. Para lo que se llama convivencia social, los sectores perdedores de este momento son los que más trabajo producen. De ahí que los conurbanos se vuelven tierras complejas para el empleo y la seguridad: Gran Buenos Aires, Gran Rosario y los alrededores de Córdoba. El darwinismo de la hora manda y hay que reconvertirse, que es la muletilla para decirte que vas a quedarte en la calle. Porque hoy literalmente te vas a la calle, como contaron los despedidos de Whirlpool, mientras les llegaban las notificaciones, se bajaban “aplicaciones de movilidad”.
El trabajo intensivo muere con cada importado que ingresa al país. Toda una cadena de valor se destruye: cierra la fábrica, hay menos movilidad, el barrio que vivía un poco de ese lugar productivo pierde ingresos que no entran por otro lado. Cuadras y cuadras de locales cerrados y abandonados. Lo peor: no hay lugar para todos. Más allá del modelo productivo, más importados y menos producción local, la oferta de servicios de paquetes, personas y comidas se satura rápidamente.
Pero no es solo la invasión de bienes baratos y novedosos lo que hace que la economía se ralentice. El tipo de cambio vuelve a ser un lugar para poner el foco. El dólar barato repele al turismo y lo lleva a otras latitudes. Los números son elocuentes, por no decir alarmantes: arribaron unos 4.288.700 turistas (-16.1%) y se fueron unos 10.427.300 turistas (+49.9%). El esquema es destructivo por donde se lo vea. El dólar regalado es una kryptonita que funde todo lo que toca.
Por eso se habla todo el tiempo de reconversión, pero no hay dónde reconvertirse si seguimos siendo un país con salario bajo, pero caro, valga la paradoja. Sumado a todo esto, la inversión extranjera directa tiene un flujo negativo en Argentina. Las multi se van, las compra una empresa local. Nada salvo los proyectos del RIGI invierten, ¿por qué? Porque el RIGI no tiene cepo. Te aseguran el movimiento de capitales. El resto de la economía tiene restricciones marcadas. De ahí que el precio del dólar nunca sea el que tiene que ser. Nadie sabe, siempre se estima.
¿Y China? Bueno, es la gran protagonista de esta etapa, aunque los flashes están apuntando a otro lado. Muchos pusieron el grito en el cielo con el acercamiento a Estados Unidos, mostraban encuestas de que Argentina rechazaba a los norteamericanos, pero por debajo lo que estaba matando a la industria local era la importación desmedida y sin sentido si uno quiere vivir en este país. De hecho un estudio de Empiria muestra que la complementariedad con el país del norte es mayor que con el gigante de Asia. Los importadores no van a ferias o de shopping por Estados Unidos, las ferias están en China. Para muestra se puede ver lo que está pasando lejos de las grandes urbes argentinas.
En el interior brotan los negocios con importados y la competencia para los comercios locales. Para poner un sólo caso, en la ciudad del sudeste bonaerense, Tres Arroyos, avanza una inversión de 800 mil dólares para abrir una sucursal de “Bazar XT”, un gigante chino del rubro. Pero es curioso lo que sucede y recuerda un poco lo que pasó desde la campaña presidencial Massa versus Milei: comunidad organizada (asociaciones) versus sociedad (el pueblo mileísta). Los comerciantes entraron en alerta, la Cámara de comerciantes se hace escuchar sobre lo que implica para todos los que tienen locales la competencia de un jugador más grande y los riesgos para muchas familias. Pero en las redes sociales, como Facebook, que sí, vive y tiene muchos más usuarios activos que X, el discurso de “ahora tienen que competir”, “Es buena la competencia”, “Pongan buenos precios”, se siente con fuerza. Algo similar también pasa en Gónzalez Chaves sobre la instalación de tres supermercados.
La perspectiva del consumidor sobre la del trabajador. Además, sabemos que los industriales son los primeros que van a importar barato y poner el precio que quieran. Ahí está el ejemplo de Essen. Te vende el mismo, pero no lo produce acá. Brasil nos lleva por lo menos dos décadas de ventaja. Mientras acá se importan los autos chinos, en Brasil se van a localizar las empresas para producirlos. Pero no solo es la industria, en agro y ganadería no paran de ganar mercados. Así, según un informe del Cippec de este año, Brasil pasó de igualar a triplicar la producción de Argentina. Por cada tonelada producida en Argentina, Brasil obtiene tres.
Como el viejo chiste del hombre que va al médico y cada parte del cuerpo que se tocaba con un dedo le dolía, lo que en realidad tenía mal era el dedo. No es China, no es Estados Unidos, somos nosotros. Desde la industria hasta el agro (el agro, donde somos pioneros mundiales, innovadores de verdad) algo le sucede al país.
El país atraviesa una gravísima crisis de dirigentes políticos que no han sabido orientar y confluir con todos los sectores de intereses argentinos. Te das cuenta que no podés relacionarte con los países con la lógica del consumidor, de aquel argentino que va a Europa y se compra todo barato en Primark o H&M. Ya no existen vacas atadas, lo que existe es crear talento o caer en la miseria como Nación. Con universidades prestigiosas públicas y privadas, por qué el Estado no invierte y hace de Argentina un semillero nacional e internacional de talento digital, de energía, de innovación. Se puede. Muchos quieren venir a Argentina. ¿Por qué no construir una política sin banderas políticas? ¿Por qué? Si no podemos contestar esa pregunta es porque todavía nos falta mucho.
(*) El autor es tresarroyense. El artículo fue publicado en la revista digital Panamá

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