Otra genialidad de Colapinto
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Por Jorge López de Ipiña
La Fórmula 1 siempre fue una de mis debilidades, algo mágico de lo que me convertí en un fiel y eterno seguidor; y la razón de ello tuvo nombre y apellido: Carlos Alberto Reutemann.
Tras el retiro del Lole, allá por 1982, con el paso de los años y las fugaces presencias de Larrauri, Fontana, Tuero o Mazzacane, a la pasión que me genera “la máxima” le estaba faltando esa emoción de tener a un compatriota en pista. Pero como nada es eterno, y casi como por arte de magia, apareció en escena el sorprendente Franco Colapinto.
Los amantes del deporte, fanáticos del automovilismo o admiradores de la F1 “revivimos”, y ya dejó el sentir personal para pasar a compartirlo con millones de argentinos. Encontramos la mejor razón o excusa para sentarnos frente a la tele, activar el celu o cualquier cosa que nos permita estar prendidos a cada entrenamiento, clasificación o carrera.
Con la celeste y blanca en el pecho, empezamos a vibrar como en otras épocas, como cuando Reutemann nos permitía ser parte de un mundo distinto, del cual muchas veces pensábamos que era para otros. Aunque este Colapinto no deja de sorprendernos día a día, tanto dentro como fuera de la pista; primero no destrozando a su Williams, después terminando las carreras o sumando puntos, logro que parecía una quimera por ser un novato y por el potencial de su máquina, a la cual dicho sea de paso, le está sacando mejor rédito que su experimentado compañero Albon.
Y ayer, este pequeño/gigante jovencito nacido en Pilar, volvió a tocar mi fibra más sensible, se adueñó de mi corazón y hasta me robó alguna lágrima cuando anunció que cambiaría la decoración de su casco para homenajear al Lole. No es un hecho más, para aquellos que acariciamos las 6 décadas de vida, el casco de un piloto de F1 es como su sello, su huella, su documento. En los años ‘70 y ‘80 el piloto mantenía su casco original, no cambiaba su diseño carrera tras carrera. Yo recuerdo diferenciar o reconocer a los pilotos por sus cascos; hacíamos juegos con mis amigos adivinando las grillas de tantos y tantos años que eran representadas con ese elemento de seguridad. Y quizás por ello es que hemos desarrollado una manera distinta de ver las competencias por TV, en aquellas teles chicas, y en blanco y negro, destacábamos al piloto por “el casco”; era el “rostro” del piloto.
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Se adueñó de mi corazón y hasta me robó alguna lágrima cuando anunció que cambiaría la decoración de su casco para homenajear al Lole
Este homenaje que Colapinto le hará al Lole será en los GP de México (que comienza hoy con los entrenamientos) y en el del próximo fin de semana a desarrollarse en Brasil, tierra en la que Reutemann ganó en 3 oportunidades: 2 con Ferrari (una de ella por “paliza” y bajo la lluvia con la visera levantada en las últimas vueltas porque no podía ver nada) y otra con, vaya casualidad, con un Williams y que tanta polémica generó cuando no dejó ser superado por el australiano Alan Jones, piloto Nº 1 del equipo, el último de Reutemann y paradójicamente el primero de Franco.
Entiendo que la F1 siempre fue de la mano con las cuestiones económicas y financieras; el Lole eligió el blanco, azul y amarillo por ser los colores del ACA, entidad que lo respaldó en su incursión europea. Hoy, Colapinto aprovechará ese amarillo para lucir su fuerte esponsor como es Mercado Libre. Pero esa es otra historia, la que hoy nos conmueve es este tremendo y conmovedor homenaje para el cual Colapinto recibió la autorización de Cora y Mariana, las hijas del Lole; esto también marca que este piloto que ha sorprendido al mundo motor, no se olvida y valora el pasado, porque si Argentina es un país con fuerte historia en la F1, mucho tiene que ver el santafesino, obviamente teniendo siempre en cuenta que Juan Manuel Fangio fue el gran abanderado.
Si hasta hace unas horas era hincha de Colapinto por lo que venía mostrando en las carreras de larga duración, F3 o F2, hoy paso a ser uno de sus más fervientes fanáticos, porque con su decisión de lucir el casco del Lole este chico no sólo me hizo estallar de alegría, me demostró que su creatividad para sorprendernos es inagotable y que sus valores y habilidades pueden llevarlo a abrazarse con la gloria.
