Quiero Venezuela - Bien, pero Ucrania es mía - Trato hecho
“MAQUIAVELINAS”
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Por Marcelo Mouhapé Furné
“Siguiendo la cronología de los hechos posteriores, surge el acuerdo oculto entre quienes definen el destino del mundo”.
La intervención militar de Estados Unidos para sacar al dictador Maduro del poder se acordó el 15 de agosto de 2025 en Alaska. Lo que ahí pactaron los presidentes Trump y Putin está sintetizado en el título.
Con el compromiso del ruso de soltar la mano al líder chavista, cinco días después de esa cumbre, -el 20 de agosto-, Trump ordenó a la Armada enviar tres buques a situarse frente a las costas de Venezuela. Hasta el 29 de ese mes llegaron otros siete barcos de guerra y un submarino nuclear. El 2 de septiembre la flota estadounidense destruyó la primera narcolancha venezolana.
La extracción de Maduro no fue tan quirúrgica como Trump aseguró. Entre los fallecidos hay civiles (vecinos de los lugares atacados). En la guardia pretoriana del ahora ex jefe de Venezuela murieron 32 soldados cubanos. Lo que muestra que Maduro sospechaba que su ejército lo traicionaría. ¿La orden para entregarlo se dio desde Moscú?
Lo bueno de esto es que permitió comenzar a liberar presos políticos y establecer un sistema por el cual algo de lo producido por su petróleo (administrado por EE.UU) llegará a la población venezolana. Antes se lo quedaba todo Maduro y sus secuaces.
Lo malo es que la transición no es la que debe ser: “el descabezamiento total del chavismo y (como se hizo en Japón en 1945 tras la guerra) una ocupación militar estadounidense que permita al presidente electo, -González Urrutia-, asumir y ejercer el cargo para que la democracia vuelva a ser la forma de gobierno en Venezuela, reconstruyendo un país devastado por 26 años de dictadura”.
El presidente de EE.UU prefirió utilizar como títeres gubernamentales a los segundos del “madurismo”. Por ahora (ojalá cambie esa decisión), Trump sacó a María Corina Machado del escenario. Lo hizo porque ella recibió el premio Nobel de la Paz que Donald entiende que merecía ser suyo. ¿Se acuerdan cuando el “picado” terminaba al enojarse el dueño de la pelota y se la llevaba? Con esta infantilidad se maneja uno de los dos tipos con el poder de destruir la civilización. El otro es el presidente ruso, Vladimir Putin.
Es erróneo pensar que la reedición de la “Doctrina del Garrote” empezó con Trump en Venezuela. La metodología aplicada por el presidente Teddy Roosevelt a inicios del siglo pasado ya no es exclusividad “yankee”. Su nueva etapa comenzó hace casi cuatro años en Europa cuando Rusia invadió a Ucrania. Y puede extenderse al continente asiático, legitimando un ataque de China a Taiwán. Si lo hicieron Putin y Trump, también lo puede hacer Xi Jimping.
Por supuesto que para disimular, entre Rusia y EE.UU habrá “confrontaciones públicas”. Como la declaración de repudio del gobierno ruso a la acción militar estadounidense en Venezuela (Putin condenando atacar a otro país…) o su “liviana queja protocolar” tras la captura de dos petroleros de bandera rusa. Y en su verborragia diaria, cada tanto Trump critica a su par ruso.
La historia se repite. Hace cien años Mussolini fue el modelo en el que Hitler se basó para tomar el poder en Alemania y buscar conquistar el mundo. Eso terminó con 70 millones de muertos, gran parte de Europa destruida y dos ciudades japonesas incineradas por bombas atómicas. Trump se moldeó de autócrata al referenciarse en Putin, -a quien le debe una cuando a través de hackers ayudó a que ganara su primera elección en 2016 (Proyecto Lakhta)-. Trump y Putin son socios. Y, quizás, hasta sean amigos.
En 1494, con el Tratado de Tordesillas España y Portugal se dividieron las tierras descubiertas y a descubrir fuera de Europa. Hoy, sentados en el poder absoluto que les otorga las 20 mil armas nucleares que poseen entre ambos, Putin y Trump hacen lo mismo con lo conquistado o a conquistar. Ellos no tienen ideología; se mueven por intereses. El relato ideológico lo hacen quienes ven en Putin y Trump referentes de culto por conducir supuestos sistemas gregarios idílicos, cuando en realidad ambos modelos carecen de todo ideal humanista.
Los ciclos se reiteran en los hechos, pero también puede que en sus consecuencias. Esta acción de los administradores del “Nuevo Orden” podría llevarnos a un final como el de la Segunda Guerra Mundial pero multiplicado en una magnitud imposible de estimar, porque el arsenal atómico en juego puede destruir toda la vida en nuestro planeta cien veces.
Que la intervención militar de EE.UU haya sido la única forma para sacar del poder a un criminal (y al desconocer el resultado de la elección que perdió, también un presidente ilegítimo) como Maduro, muestra el fracaso de la institucionalidad global. No hay manera de detener este proceso expansionista (hasta ahora) bilateral. Los muchos que quieren frenarlo no tienen con qué y el único que puede intentarlo no lo hará. China, -rival comercial de EE.UU-, se acomodará a la coyuntura para continuar maximizando ganancias en lo suyo (fundamentalmente lo comercial y tecnológico) sobre todo si se queda con Taiwán.
La que sí está complicada es Europa. Mojarle la oreja a Rusia al querer sumar al fronterizo Ucrania a la OTAN le dio a Putin el pretexto que necesitaba para invadir el territorio ucraniano. Europa se envalentonó montándose en el aparato militar de EE.UU como integrante de la OTAN. Biden lo avaló, pero Trump no (por obvias razones).
La Unión Europea lo único fuerte que tiene es su moneda. Su dirigencia es “light”. Eso quedó expuesto con la postura humillante que tuvieron ante la suba de aranceles que aplicó Trump. Que un bloque de tantos países, -varios de ellos ricos-, muestre tanta debilidad, es llamativo. Y aunque se está armando, en lo militar sigue dependiendo de EE.UU en la OTAN. El hecho de que Trump reniegue de eso por su cercanía con Putin pone a Europa en una situación muy peligrosa. Es por esto, que días atrás la Unión Europea tuvo que hacer lo que se resistió durante 25 años: “acordar con el Mercosur”. A regañadientes lo firmarán el 17 de este mes, porque se la ven venir. En un futuro cercano es muy probable que los europeos tengan necesidad de productos sudamericanos en forma urgente.
Si no se ha dado ya, imagino que la nueva conversación entre los presidentes de Estados Unidos y Rusia sería algo así:
Trump: “Vladimir, ahora necesito que le sueltes la mano al régimen cubano. A cambio te doy lo que todavía tiene Ucrania en el Donbás”.
Putin: “Hagámoslo…Amigo americano, no te van a vender Groenlandia. La tendrás que tomar por la fuerza”.
Trump: “Lo sé. La oferta es una pantalla que me da tiempo para terminar de preparar la invasión. Al respecto, preciso que distraigas a los europeos aumentando los ataques en Ucrania…Con esto ganamos ambos, porque el tomar la isla llevará a la disolución de la OTAN y con eso vos tendrás el camino despejado para ir por Europa”.
Putin: “Correcto. De tu Groenlandia necesitaré libre circulación para mis barcos por las nuevas vías marítimas que el deshielo por el cambio climático abre. A cambio me olvidaré de lo que tengo en Colombia cuando vayas por ese país”.
Trump: “Trato hecho. Adiós Zar.
Putin: “Hasta cuando me llames por tu futura expansión a México y Canadá, camarada Donald”.

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